La UE aplaude los avances en Ucrania, pero advierte: la seguridad europea depende de la paz

António Costa, presidente del Consejo Europeo y Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea en la cumbre UE-Unión Africana. / Consejo Europeo

Los Veintisiete celebran el progreso de las negociaciones entre Washington y Kiev, pero advierten que ningún acuerdo será viable si compromete la soberanía ucraniana, altera fronteras por la fuerza o limita su capacidad defensiva.

Las reuniones del fin de semana entre EE UU, Ucrania y representantes europeos en Ginebra (Suiza) han permitido avances significativos sobre el polémico plan estadounidense para poner fin a la guerra iniciada por Rusia en 2022. La flexibilización mostrada por Washington respecto a los puntos más controvertidos del documento de 28 puntos —como las limitaciones al tamaño del Ejército ucraniano o la imposición de concesiones territoriales— ha sido recibida en Bruselas como un paso en la dirección correcta.

Sin embargo, la UE mantiene firme su postura: ninguna negociación puede validar cambios de fronteras por la fuerza, ni imponer a Ucrania restricciones militares o vetos sobre su política exterior. Esas líneas rojas, expresadas con claridad por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, marcan el terreno diplomático en el que Europa está dispuesta a moverse.

Los líderes europeos llegaron a la cumbre con la Unión Africana en Luanda (Angola) con una mezcla de alivio y preocupación. El alivio por la evolución en Ginebra; la preocupación por el rumbo de la diplomacia estadounidense, influida por la voluntad de la Casa Blanca de acelerar un acuerdo antes del jueves, fecha límite puesta por Donald Trump.

La filtración del borrador inicial, percibido como excesivamente alineado con la narrativa rusa, encendió todas las alarmas en Bruselas. Algunas cláusulas —como la renuncia ucraniana a su aspiración de entrar en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) o la entrega de más territorios ocupados— fueron consideradas inaceptables. Una fuente europea llegó a describir las reuniones previas en Kiev como “nauseabundas”.

Europa teme que un acuerdo precipitado, visto como una victoria táctica para Moscú, deje al continente aún más expuesto en el futuro inmediato.

La arquitectura de seguridad europea, en juego

La insistencia europea en mantener sus principios no responde únicamente a la solidaridad con Kiev, sino a un cálculo estratégico: lo que se negocia en Ginebra condicionará la seguridad de la UE durante décadas.

El canciller alemán Friedrich Merz subrayó que Europa ya sufre ataques híbridos constantes —a infraestructuras críticas, sistemas energéticos y redes digitales— que demuestran que Rusia sigue siendo una amenaza activa. Por eso, varios líderes reiteraron que un “mal acuerdo” podría abrir la puerta a nuevas agresiones y a un escenario de inestabilidad crónica en Europa del Este.

El presidente español, Pedro Sánchez, recordó que cualquier paz duradera debe garantizar la libre capacidad de decisión de Ucrania, sin imponerle limitaciones que condicionen su futuro geopolítico. “Lo importante es que el acuerdo que se pueda alcanzar sea un acuerdo que garantice esa paz justa y duradera. Que Ucrania en todos aquellos aspectos que estén vinculados con su libertad, con su independencia y con su política nacional y exterior, decida Ucrania de manera compartida también lógicamente con el resto de aliados porque estamos hablando de la arquitectura de seguridad europea”, sentenció el jefe del Gobierno.

La alternativa europea: una paz más realista para Kiev

Frente al borrador estadounidense, Reino Unido, Francia y Alemania impulsaron una contrapropuesta que protege mejor los intereses ucranianos. Entre sus puntos principales están mantener abierta la aspiración de Ucrania a unirse a la OTAN, aunque se dejaría constancia el desacuerdo de un nutrido grupo de aliados a esa hipotética adhesión, y negar concesiones territoriales predeterminadas a Rusia, es decir, dejar por escrito que las fronteras pueden modificarse por la fuerza.

La contraoferta europea propone establecer un límite de 800.000 militares en las tropas ucranianas en “tiempos de paz”, en lugar de las restricciones más severas del texto de Washington. Además, permitiría la participación plena de la UE en decisiones sobre sanciones y activos rusos congelados, pero también recoge exigencias rusas como la celebración de elecciones en 100 días para relevar al presidente Volodímir Zelenski, y las combina con garantías para Kiev, como el ofrecimiento de un paraguas de seguridad estadounidense equivalente al Artículo 5 de defensa colectiva de la OTAN.

La visión europea parte de una premisa: cualquier acuerdo debe reforzar —y no debilitar— la resistencia de Kiev frente a futuras agresiones. El presidente de Francia, Emmanuel Macron fue explícito al advertir que Rusia “volverá” si Ucrania queda militarmente indefensa.

Presión cruzada: Zelenski, Trump y el equilibrio imposible

Mientras se reajustan las propuestas, el presidente Zelenski afronta sus propias tensiones internas: un escándalo de corrupción que golpea a su gabinete y la creciente presión militar rusa en varios puntos del frente.

Trump, por su parte, aumentó la presión pública cuestionando la “falta de gratitud” de Ucrania, aunque bajó el tono al matizar que su ultimátum de Acción de Gracias no es definitivo. Aun así, su insistencia en llegar a un acuerdo rápido preocupa en Europa, donde se teme que la prisa reduzca las garantías de seguridad del continente.

El secretario de Estado Marco Rubio reconoció que la última palabra la tendrán Trump y Zelenski, y confesó sentirse “muy optimista” apuntando a que se podría llegar a un acuerdo “en un plazo muy razonable”. Sin embargo, dejó claro que “obviamente, los rusos tienen voz y voto aquí” y “tendrán que aceptar esto”.

Una UE unida, pero consciente de los riesgos

Pese a las diferencias sobre el cómo, los Veintisiete mantienen unidad sobre lo esencial, que Ucrania debe decidir su destino, sus fronteras no pueden alterarse por la fuerza y Europa debe ocupar un papel central en el proceso de paz. En una declaración conjunta desde Luanda, Von der Leyen y Costa lo resumieron con claridad: “se trata de la seguridad de todo nuestro continente, ahora y en el futuro”. Europa teme que un acuerdo mal diseñado deje una puerta abierta a futuras expansiones rusas, comprometiendo su propia estabilidad.

Mientras continúan las conversaciones, los líderes europeos insisten en que una solución duradera es la única salida aceptable. “la paz no puede ser una tregua temporal, debe ser una solución duradera”, advirtió Costa, recordando que sólo un acuerdo sólido puede evitar que el conflicto se reactive bajo nuevas condiciones favorables a Moscú.

Las próximas semanas serán decisivas. Si Washington y Kiev cierran un acuerdo que respete las líneas rojas europeas, Ginebra podría marcar un punto de inflexión hacia una estabilidad más amplia. Si no, la UE advierte que el precio lo pagará toda Europa.

En este tablero delicado, la paz no es solo un objetivo estratégico: es la garantía última de la seguridad europea. @mundiario