Ucrania ante el acuerdo de minerales con EE UU: ¿ha logrado proteger su soberanía económica?

Kiev finalmente ha firmado un tratado con Washington para la explotación conjunta de los recursos ucranianos, un pacto largamente negociado que, contrariamente a las expectativas iniciales, parece haber favorecido en cierta medida sus intereses.
Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania. / @ZelenskyyUa.
Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania. / @ZelenskyyUa.

La firma del acuerdo para la explotación conjunta de minerales entre Ucrania y EE UU, tras meses de tensiones diplomáticas y versiones preliminares poco favorables, fue recibida en Ucrania con una mezcla de alivio y cautela. Aunque aún debe ser ratificado por el Parlamento ucraniano y complementado con un segundo documento técnico, el texto final representa, según los expertos locales, una mejora sustancial respecto a las exigencias iniciales del equipo del presidente Donald Trump.

Desde el inicio de las conversaciones, el Gobierno de Volodímir Zelenski enfrentó presiones significativas por parte de Washington. Versiones previas del acuerdo incluían cláusulas que implicaban el uso de los recursos naturales ucranianos como retribución directa por la ayuda militar recibida, algo que Zelenski rechazó tajantemente. “No firmaré un acuerdo que deban pagar 10 generaciones de ucranianos”, dijo entonces.

Finalmente, el texto firmado no establece ninguna obligación de repago por la asistencia pasada de EE UU, lo cual representa una victoria para Kiev. Además, se afirma explícitamente que Ucrania mantendrá “el control total sobre sus recursos naturales, su infraestructura y su subsuelo”. No se establece exclusividad en las futuras alianzas económicas, ni se sujeta al país a la jurisdicción legal estadounidense.

"Es una importante victoria política y diplomática para Ucrania y EE UU. Esto le da a Trump un impulso político interno, y espero que se traduzca en una actitud más positiva hacia Ucrania", escribió en X Tymofiy Mylovanov, exministro de Economía ucraniano. "Ucrania se mantuvo firme. A pesar de la enorme presión, se desistió de todas las exigencias excesivas de la otra parte. El acuerdo final parece justo y también abre la puerta a nueva ayuda militar estadounidense".

Soberanía con condiciones: una apertura limitada y vigilada

Aunque el acuerdo concede a empresas estadounidenses acceso preferente a los procesos de licitación en nuevos proyectos, este acceso estará limitado a condiciones de mercado justas. En otras palabras, Ucrania no se compromete a vender sus recursos ni a canalizar todas las inversiones únicamente a través del fondo conjunto con EE UU. Las decisiones clave sobre qué se explota, dónde y bajo qué términos seguirán estando bajo control ucraniano.

Se trata, en esencia, de una apertura acotada: una manera de atraer capital y tecnología extranjera sin ceder el control soberano sobre los recursos estratégicos. Las autoridades ucranianas han insistido en que los beneficios no se derivarán de activos existentes del Estado, sino únicamente de nuevas inversiones, y que durante los primeros diez años no se extraerán utilidades del fondo, que será reinvertido íntegramente.

El origen del acuerdo no fue estadounidense, sino ucraniano. La idea partió del entorno de Zelenski como parte de un “plan de victoria” ideado antes de las elecciones de EE UU en 2024. La lógica era clara: anticipando un eventual desinterés de una Administración Trump hacia los argumentos morales y estratégicos de la defensa ucraniana, se buscó ofrecer una propuesta basada en intereses económicos concretos.

El movimiento fue arriesgado. La primera propuesta de EE UU, entregada por el secretario del Tesoro Scott Bessent, fue percibida como desequilibrada, redactada de forma improvisada y altamente lesiva para Ucrania. Sin embargo, tras una serie de intercambios —incluido un tenso encuentro en la Casa Blanca entre Zelenski, Trump y el vicepresidente J.D. Vance—, el texto fue revisado en múltiples ocasiones hasta alcanzar una versión más equitativa.

La contratación de un bufete legal estadounidense por parte del Ministerio de Justicia ucraniano muestra la seriedad con la que Kiev se tomó las negociaciones. El objetivo fue claro: evitar repetir errores del pasado y blindar jurídicamente la soberanía del país.

¿Una oportunidad real o una promesa incierta?

El acuerdo, que incluye hasta 55 minerales estratégicos como litio, uranio, titanio y elementos de tierras raras, se presenta como una posible palanca para el desarrollo económico futuro de Ucrania. Sin embargo, su impacto inmediato será limitado mientras persista el conflicto con Rusia. Además, alrededor del 40 % de los recursos metálicos del país están actualmente en zonas ocupadas por fuerzas rusas, lo que restringe la capacidad operativa del Estado ucraniano.

Aun así, la posibilidad de canalizar nuevas inversiones a través del fondo —que será gestionado conjuntamente por ambos países— podría sentar las bases para una reconstrucción económica gradual. La contribución ucraniana al fondo será del 50 % de los beneficios futuros por la explotación de recursos estatales, mientras que EE UU aportará fondos, equipamiento y asistencia militar.

En un entorno de alta dependencia militar y financiera del exterior, Ucrania ha logrado firmar un acuerdo que, si bien establece compromisos, en principio no compromete su soberanía económica. Kiev ha actuado con pragmatismo: ha ofrecido acceso al capital extranjero, pero aseguró el control sobre sus activos ni hipotecar su futuro.

En el fondo, el pacto refleja el intento ucraniano de construir una relación estratégica con EE.UU. sobre bases económicas, ante la pérdida de certidumbre política que supone la nueva administración Trump. Queda por ver si este optimismo se traducirá en beneficios reales. Por ahora, al menos, Ucrania ha evitado lo peor y ha conseguido preservar lo esencial. @mundiario

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