Trump enciende las alarmas en Dinamarca con la baza de un enviado especial para Groenlandia
Donald Trump ha vuelto a colocar a Groenlandia en el centro del debate geopolítico internacional. El presidente estadounidense anunció el nombramiento del actual gobernador de Luisiana, Jeff Landry, como enviado especial para Groenlandia, una decisión que, más allá de su carácter formal, tiene un fuerte contenido político y simbólico.
No se trata de una iniciativa aislada, sino de una maniobra coherente con la insistencia de Trump, desde su primer mandato, en que la isla debería pasar a formar parte de Estados Unidos.
El anuncio ha provocado una reacción inmediata de Dinamarca, potencia soberana sobre Groenlandia, y del propio Gobierno groenlandés, que han exigido “respeto” a la integridad territorial y han rechazado cualquier insinuación de anexión.
La figura del enviado especial no conlleva, en principio, competencias ejecutivas ni capacidad de negociación formal de soberanía. Sin embargo, en la práctica, suele utilizarse para marcar prioridad política, abrir canales directos de interlocución y coordinar estrategias diplomáticas, económicas y de seguridad.
Trump justificó el nombramiento afirmando que Landry “comprende lo esencial que es Groenlandia para nuestra seguridad nacional” y que promoverá los intereses de Estados Unidos “para la seguridad y la supervivencia de nuestros aliados, y del mundo”. El propio Landry fue más allá al agradecer el cargo en X como un “honor” y declararse dispuesto, de forma explícita, a “hacer que Groenlandia forme parte de Estados Unidos”.
Ese lenguaje es precisamente el que ha disparado las alarmas en Dinamarca, que considera que el gesto trasciende la diplomacia y entra en el terreno de la presión política directa.
La reacción de Dinamarca: líneas rojas claras
El ministro de Exteriores danés, Lars Løkke Rasmussen, calificó el nombramiento y las declaraciones asociadas como “totalmente inaceptables” y anunció la convocatoria del embajador estadounidense en Copenhague para exigir explicaciones. Para el Gobierno danés, el problema no es solo el interés estratégico de Estados Unidos en Groenlandia —conocido desde hace años—, sino el tono y la forma.
En una declaración conjunta, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, y el primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, fueron tajantes: “Las fronteras nacionales y la soberanía de los Estados están ancladas en el derecho internacional. No se puede anexionar otro país. Ni siquiera con un argumento de seguridad internacional”.
El mensaje busca cerrar cualquier ambigüedad: Groenlandia no está en venta y no puede ser objeto de decisiones unilaterales por parte de una potencia aliada, aunque sea dentro de la OTAN.
Groenlandia es un territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca y cuenta con amplias competencias de autogobierno. La mayoría de su población —unos 57.000 habitantes— aspira a una independencia gradual, pero rechaza mayoritariamente convertirse en parte de Estados Unidos, según encuestas recientes.
El primer ministro groenlandés insistió en que el nombramiento “no cambia nada” y subrayó: “Nosotros mismos determinaremos nuestro futuro. Groenlandia pertenece a los groenlandeses”. Esta posición refleja una preocupación creciente en Nuuk: que el pulso entre Washington y Copenhague acabe reduciendo el margen de decisión real de la isla.
"The future of Greenland lies in the hands of the Greenlanders."
— DW Politics (@dw_politics) December 22, 2025
This was the reaction from Germany's foreign ministry, following a post on X from the new US special envoy for Greenland, Jeff Landry. He said it was an honor to serve "to make Greenland a part of the US." pic.twitter.com/3efHzXDBpq
Por qué Groenlandia es clave para EE UU
El interés estadounidense en Groenlandia no es nuevo ni responde únicamente a Trump, aunque él lo haya expresado de forma más explícita. La isla tiene un valor estratégico excepcional ya que está situada entre América del Norte y Europa, en la ruta más corta de posibles trayectorias de misiles entre Rusia y Estados Unidos.
También alberga una base militar estadounidense clave para los sistemas de alerta temprana; posee importantes reservas de tierras raras y minerales críticos, esenciales para la industria tecnológica y la transición energética; y se encuentra en el centro del Ártico, una región donde el deshielo está abriendo nuevas rutas marítimas y una creciente competencia entre Estados Unidos, Rusia y China.
Desde su regreso a la Casa Blanca, Trump ha llegado a afirmar que Estados Unidos “necesita” Groenlandia para su seguridad y no ha descartado el uso de la fuerza, una retórica que rompe con décadas de consenso diplomático entre aliados.
El episodio coloca a Dinamarca en una posición delicada: es miembro tanto de la Unión Europea como de la OTAN, y Estados Unidos es su principal aliado en materia de defensa. Sin embargo, la insistencia de Trump y el nombramiento de un enviado con un discurso abiertamente anexionista tensan esa relación.
Desde Bruselas, la Comisión Europea ha respaldado explícitamente la soberanía danesa, subrayando que “la integridad territorial del Reino de Dinamarca es esencial para la Unión Europea”. El mensaje apunta a que cualquier intento de presión sobre Groenlandia tendría también una dimensión europea.
El nombramiento de Jeff Landry normaliza el debate sobre la posibilidad de que Estados Unidos amplíe unilateralmente su control sobre Groenlandia. Para Dinamarca y el propio Gobierno groenlandés, ese es el verdadero riesgo: que la reiteración de estos gestos acabe erosionando el marco jurídico y político que protege su soberanía. @mundiario


