Trump presiona a Europa por la guerra de Irán y avala retirar bases de España y el resto de la OTAN

Donald Trump rodeado a pastores evangélicos. / RR SS.
El presidente de EE UU ha intensificado la presión sobre sus aliados europeos en plena guerra de Irán al respaldar la posibilidad de retirar tropas de bases como Rota y Morón si no colaboran en la seguridad del estrecho de Ormuz.

El presidente de EE UU, Donald Trump, ha intensificado la presión sobre sus aliados europeos en plena guerra de Irán al respaldar la posibilidad de retirar tropas de países como España que no colaboren en la seguridad del estrecho de Ormuz. Sus declaraciones, en las que cuestiona el compromiso de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), evidencian una brecha creciente entre Washington y Europa sobre el alcance y los costes del conflicto.

Las palabras de Trump no dejan margen para la ambigüedad. Al afirmar que quienes piden retirar bases militares de países como España “tienen razón”, el presidente estadounidense ejerce la presión geoestratégica que va más allá del debate coyuntural sobre la guerra en Irán.

La cuestión no es únicamente militar condicionar la presencia estadounidense en Europa al grado de implicación de cada aliado en un conflicto que divide a la comunidad internacional. En este contexto, instalaciones clave como Rota o Morón pasan de ser símbolos de cooperación a instrumentos de negociación.

El estrecho de Ormuz se ha convertido en el epicentro de esta tensión. Por él transita una parte esencial del suministro energético global, lo que explica la insistencia de Washington en garantizar su seguridad. Sin embargo, la respuesta europea ha sido desigual. Mientras algunos países han optado por una implicación limitada o indirecta, otros como España se han negado a participar activamente en operaciones militares. Esta disparidad es la que Trump utiliza para cuestionar la cohesión de la OTAN, a la que acusa de no estar cumpliendo con sus responsabilidades estratégicas.

España en el foco: entre la prudencia política y la presión estadounidense

El Gobierno de Pedro Sánchez se ha mantenido firme en su rechazo a implicarse directamente en la guerra, alineándose con una postura de contención resumida en el “no a la guerra”. La participación española se ha limitado a despliegues defensivos en el Mediterráneo a través de la fragata Cristóbal Colón, evitando el uso de bases para operaciones ofensivas.

Esta posición, sin embargo, ha generado fricciones con Washington. Trump ha llegado a calificar a España como un “aliado terrible” y ha insinuado posibles represalias, tanto militares como comerciales. La presión no es nueva, pero se intensifica en un momento en el que EE UU busca implicación directa de sus socios.

Las declaraciones de Trump también responden a dinámicas internas. Figuras como el senador republicano Lindsey Graham han pedido explícitamente reconsiderar la presencia militar en países que no respalden las operaciones en Oriente Próximo. Este enfoque conecta con el discurso de firmeza que el presidente ha adoptado respecto al régimen de los ayatolás. Lejos de plantear un alto el fuego, Trump defiende la continuidad de la ofensiva, asegurando que EE UU está “arrasando” al régimen iraní y que no tiene sentido negociar en estas condiciones.

Europa dividida: del alineamiento británico a la cautela continental

La divergencia de posturas dentro de Europa vuelve a aflorar a la tercera semana del comienzo de la guerra. El Reino Unido ha optado por permitir el uso de sus bases para operaciones estadounidenses, un bandazo después de que el primer ministro laborista Keir Starmer se hubiera mostrado reticente a facilitar sus instalaciones. Esta decisión refuerza la alianza bilateral con Washington, pero también aumenta los riesgos de escalada.

En cambio, otros países mantienen una postura más matizada como Francia y Alemania, priorizando la estabilidad regional y evitando una implicación directa en un conflicto que amenaza con desbordar Oriente Próximo, afectar al resto de Asia y a Europa. Esta divergencia complica la posibilidad de una respuesta europea coordinada y refuerza la narrativa de división que impulsa la Casa Blanca.

La posibilidad de retirar bases de países como España no es solo una medida táctica, sino un mensaje estratégico: la cooperación ya no se da por sentada. En este nuevo contexto, Europa se enfrenta a una disyuntiva compleja entre mantener su autonomía política o reforzar su alineamiento con Washington. @mundiario