¿Trump y Petro entierran el hacha de guerra? Una reunión distendida tras meses de choques

A pesar de las amenazas, sanciones y descalificaciones, los presidentes de EE UU y Colombia han optado por bajar el tono. Su primer cara a cara en Washington, discreto y sin protocolo, marca un giro pragmático en una relación bilateral que parecía al borde de la ruptura.
Gustavo Petro, mandatario de Colombia y Donald Trump, presidente de EE UU. / Presidencia de Colombia
Gustavo Petro, mandatario de Colombia y Donald Trump, presidente de EE UU. / Presidencia de Colombia

La política internacional está llena de gestos, silencios y cambios de tono que, a veces, dicen más que los comunicados oficiales. La reunión entre Donald Trump y Gustavo Petro en la Casa Blanca entra en esa categoría. Después de más de un año de descalificaciones públicas, amenazas, sanciones y una escalada verbal que contaminó la relación entre Estados Unidos y Colombia, ambos mandatarios se sentaron durante más de dos horas a puerta cerrada y salieron con un mensaje implícito pero potente: cooperación.

No hubo alfombra roja ni declaraciones grandilocuentes. Tampoco era una visita de Estado. Petro entró por una puerta secundaria, sin honores militares, en un formato similar al reservado recientemente para otros líderes con los que Washington mantiene relaciones delicadas. Sin embargo, precisamente esa sobriedad es una de las claves del encuentro: menos espectáculo y más cálculo político.

El cara a cara en la Casa Blanca se produjo tras meses especialmente tensos. Desde el regreso de Trump al poder, la relación con Petro se deterioró rápidamente. Las diferencias sobre la lucha contra el narcotráfico, la política hacia Venezuela y las protestas de Petro en Estados Unidos contra Benjamín Netanyahu derivaron en un choque frontal. Washington respondió a las descalificaciones con sanciones personales contra el presidente colombiano, su entorno y su familia, y suspendió cerca de 750 millones de dólares en ayuda, acusando a Bogotá de no frenar la producción de cocaína.

El tono alcanzó niveles inusuales incluso para los estándares de Trump. El Departamento del Tesoro llegó a afirmar que bajo el mandato de Petro la cocaína colombiana había alcanzado “niveles récord” y estaba “envenenando a los estadounidenses”. Petro, por su parte, acusó a la Administración estadounidense de basarse en “información falsa” y de promover una política antidrogas fracasada.

En ese contexto, la reunión en Washington no era solo un encuentro diplomático: era un intento de evitar que la crisis se volviera estructural.

El encuentro se desarrolló sin prensa y sin intervenciones públicas. Las imágenes difundidas muestran a ambos líderes sonrientes, un contraste evidente con los cruces de acusaciones de meses anteriores. Petro incluso compartió una dedicatoria de Trump —“Amo a Colombia”— y un ejemplar del libro El arte del acuerdo, un detalle simbólico en una relación marcada precisamente por la falta de acuerdos.

Narcotráfico, seguridad y energía: los ejes del diálogo

En la mesa estuvieron pesos pesados de ambos gobiernos. El vicepresidente J. D. Vance y el secretario de Estado Marco Rubio acompañaron a Trump; la canciller Rosa Villavicencio y el ministro de Defensa Pedro Sánchez hicieron lo propio con Petro. El clima, según ambas delegaciones, fue “distendido”.

Petro fue el más explícito tras la cita. En una entrevista posterior a Caracol aseguró que la reunión “superó sus expectativas” y la calificó con un “9 sobre 10”. Trump, optó por el silencio inmediato, aunque la Casa Blanca confirmó que el presidente “estaba de buen humor” y predispuesto al diálogo.

El tema central fue la lucha contra el narcotráfico, una prioridad absoluta para la Administración Trump. Petro llevó mapas, vídeos e informes de inteligencia para demostrar que Colombia mantiene su compromiso en la erradicación y persecución de las redes criminales. Defendió que el negocio ilícito se está desplazando hacia el sur, hacia Ecuador y otras zonas, precisamente por la presión en territorio colombiano.

Aquí afloran las diferencias de enfoque. Estados Unidos insiste en la erradicación forzosa y el control de la oferta; Petro sostiene que se debe reducir la demanda y ofrecer alternativas económicas a los campesinos. No obstante, el Gobierno colombiano ya ha cedido en puntos sensibles para su base política: reanudó extradiciones, fumigaciones con glifosato y bombardeos contra grupos armados.

La conversación también abordó la situación en Venezuela y Ecuador, aunque de forma superficial. Petro pidió a Trump que medie en su tensión diplomática con el presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, y advirtió sobre la expansión regional del narcotráfico. En paralelo, planteó una cooperación más intensa para perseguir los capitales internacionales de las mafias, un terreno donde Estados Unidos tiene una capacidad decisiva.

Otro eje inesperado fue la transición energética. Petro defendió el potencial de las energías limpias en La Guajira y su impacto regional, incluso como herramienta para estabilizar zonas fronterizas y reducir economías ilegales. Trump, pese a su historial escéptico en materia climática, escuchó las propuestas sin confrontación abierta.

Geopolítica regional y cálculo mutuo

La reunión se produce en un momento de reconfiguración profunda en América Latina. Washington endurece su postura bajo una versión renovada de la Doctrina Monroe, mientras aumenta la presión sobre Cuba y redefine su estrategia tras la caída de Nicolás Maduro. Colombia, tradicional aliado de Estados Unidos, no es ajena a esa presión.

Para Trump, distender la relación con Bogotá tiene un valor estratégico: Colombia sigue siendo clave en seguridad, migración y lucha contra el narcotráfico. Para Petro, que se acerca al final de su mandato, el deshielo ofrece oxígeno político y la posibilidad de aliviar sanciones que han lastrado su gestión internacional.

El encuentro no resuelve las profundas diferencias ideológicas entre Trump y Petro. Tampoco elimina la desconfianza acumulada. Pero sí marca un punto de inflexión: ambos parecen haber entendido que la confrontación permanente tenía más costes que beneficios. @mundiario

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