Enfrentado a Erdogan, Netanyahu reconoce el genocidio armenio por parte del Imperio Otomano

Benjamín Netanyahu y Recep Tayyip Erdogan. / Mundiario
El primer ministro de Israel rompe con la tradición diplomática de su país en un gesto que refleja el deterioro de las relaciones con Ankara y reabre un debate histórico sensible en la política internacional.

Ojalá sucediera en otras circunstancias. El reconocimiento del genocidio armenio por parte del primer ministro Benjamín Netanyahu marca un giro relevante en la política exterior de Israel y, a la vez, una señal de cómo la geopolítica actual puede reconfigurar posturas históricas.

Durante décadas, el Gobierno israelí había evitado calificar formalmente como genocidio las matanzas perpetradas por el Imperio Otomano entre 1915 y 1917 contra armenios, asirios y griegos pónticos, con un saldo estimado de 1.5 millones de víctimas. La declaración del primer ministro, realizada en un popular pódcast conservador en Estados Unidos, coincide con la creciente rivalidad geopolítica con Turquía, gobernada por Recep Tayyip Erdogan.

La entrevista se produjo en el programa del empresario Patrick Bet-David, donde el presentador contrastó el reconocimiento universal del Holocausto con la falta de una postura clara respecto al genocidio armenio. Al ser interpelado directamente sobre si Israel reconocía esos crímenes, Netanyahu respondió de manera inequívoca: “Sí”. El líder israelí se convirte así en el primer jefe de Gobierno de Israel en reconocer oficialmente lo que Ankara niega con vehemencia.

Históricamente, la relación estratégica con Turquía —un socio comercial y militar clave en el Mediterráneo oriental— había frenado cualquier paso en esa dirección. Ni siquiera en momentos de máxima tensión bilateral, como tras la flotilla de Gaza en 2010 o en los años de mayor distanciamiento diplomático, Israel había roto ese tabú. El reconocimiento llega, sin embargo, en un contexto donde las relaciones atraviesan un deterioro profundo, acentuado desde el inicio de la guerra en Gaza el 7 de octubre de 2023 y agravado por los bombardeos israelíes en Siria, donde Ankara respalda al nuevo Gobierno en Damasco e Israel busca crear una zona de amortiguamiento.

La reacción turca no se hizo esperar. El Ministerio de Exteriores de Ankara acusó a Netanyahu de instrumentalizar tragedias históricas con fines políticos. En su comunicado, Turquía afirmó que el primer ministro israelí pretende “encubrir la matanza en Gaza” al calificar de genocidio los sucesos de 1915.

El Gobierno de Erdogan, que ha endurecido su retórica contra Israel en los últimos meses, fue más allá: denunció que Netanyahu, a quien señala como responsable de un “genocidio contra el pueblo palestino”, utiliza la memoria de las víctimas armenias para desviar la atención internacional de las acusaciones de presuntos crímenes de guerra que enfrenta ante el Tribunal Penal Internacional.

El trasfondo histórico en el que se cimenta este choque diplomá. El genocidio armenio ha sido reconocido oficialmente por apenas 34 países, entre ellos Estados Unidos, Francia, Alemania, Rusia y Canadá. Uruguay fue el pionero en 1965, y más recientemente, en 2021, lo hizo Washington bajo la presidencia de Joe Biden.

Sin embargo, la mayoría de los Estados han evitado el término para no comprometer sus lazos con Turquía, miembro de la OTAN y potencia regional con un peso geoestratégico considerable en Oriente Próximo. En el mundo árabe, solo Siria y el Líbano han dado el paso. Israel, hasta ahora, se mantenía entre los que preferían la ambigüedad.

En la comunidad armenia, la declaración de Netanyahu fue recibida con escepticismo. Aram Hamparian, director del Comité Nacional Armenio de América, sostuvo que las palabras del primer ministro serían “creíbles” únicamente si fueran acompañadas de medidas concretas, como un replanteamiento de la estrecha alianza militar con Azerbaiyán o una presión diplomática real sobre Ankara para reconocer su responsabilidad histórica. De lo contrario, advierte, la declaración corre el riesgo de quedar en un gesto instrumental, marcado por la coyuntura.

El propio Erdogan ha intensificado en los últimos meses sus ataques verbales contra el Gobierno de Israel, comparándolo en varias ocasiones con la Alemania nazi y acusando a Netanyahu de ser “el Hitler de hoy”. La reciprocidad discursiva alimenta un clima de confrontación en el que las palabras sobre tragedias del pasado se convierten en armas del presente. En este escenario, el reconocimiento israelí del genocidio armenio aparece menos como un acto aislado de memoria histórica que como un movimiento en el tablero geopolítico.

El paso dado por Netanyahu revela la estrecha intersección entre historia, diplomacia y conflicto. Lo que durante décadas fue evitado por Israel para no dañar sus vínculos con Turquía ha terminado emergiendo ahora en medio de una pugna bilateral abierta. El genocidio armenio, un hecho reconocido por gran parte de la historiografía, se convierte así en un nuevo elemento en la disputa entre Tel Aviv y Ankara, que trasciende el pasado y se proyecta directamente sobre las tensiones del presente. @mundiario