Israel despliega su paraguas a los drusos en la caldeada transición de Siria
A pesar del foco internacional en Gaza, Israel ha incrementado la tensión en otro de sus frentes históricos: Siria. Este martes, el primer ministro Benjamín Netanyahu ordenó ataques inmediatos contra las fuerzas del nuevo Gobierno sirio liderado por el presidente interino Ahmed al Sharaa, tras el avance de tropas gubernamentales hacia Sweida, una región predominantemente drusa ubicada al suroeste del Estado sirio, cerca de la frontera con los Altos del Golán.
Netanyahu justificó la acción al alegar una violación al acuerdo de desmilitarización vigente en la zona sur de Siria, y sostuvo que la presencia de tropas sirias y armamento pesado representa una amenaza directa a la seguridad de Israel. Además, destacó que el Estado israelí tiene el deber de proteger a la comunidad drusa, una minoría religiosa con la que Israel mantiene lazos históricos y que también está presente en su propio territorio.
El mensaje fue claro: cualquier movimiento sirio que implique reforzamiento militar cerca de las fronteras israelíes será respondido con contundencia.
La situación en Sweida ha escalado con rapidez. El conflicto comenzó como un enfrentamiento entre milicias drusas locales y clanes beduinos suníes, pero pronto se convirtió en una crisis de seguridad más amplia tras la intervención de fuerzas del gobierno sirio, que intentaban restablecer el orden.
Según cifras del Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, los enfrentamientos han dejado al menos 203 muertos, incluidos civiles, menores y miembros de las fuerzas de seguridad. En muchos casos, los choques se han producido en zonas urbanas densamente pobladas, lo que ha intensificado la violencia y el desplazamieno masivo de personas.
La comunidad drusa, históricamente marginada y a menudo enfrentada con distintos regímenes sirios, ha desarrollado sus propias milicias desde el inicio de la guerra civil en 2011. Con la caída de Bachar el Asad y el ascenso de Al Sharaa, la desconfianza hacia el nuevo Gobierno no ha desaparecido, y los últimos incidentes han revivido viejas tensiones.
Netanyahu y el “efecto dominó” sirio
Para Netanyahu, la intervención en Sweida tiene una dimensión más amplia que la mera protección a una minoría aliada. Israel observa con recelo cualquier consolidación militar en Siria que no esté bajo su control o supervisión, especialmente si existe la posibilidad de que actores como Irán o grupos islamistas aprovechen el vacío de poder en algunas regiones o las nuevas alianzas en Damasco.
La caída de Asad dejó un sistema frágil en manos de un Gobierno aún sin legitimidad interna, enfrentado a minorías que no reconocen su autoridad y con una sociedad profundamente fragmentada tras más de una década de guerra civil. Cualquier movimiento hacia el sur, incluso con fines de seguridad interna, es visto como un riesgo latente.
En este contexto, la política de Netanyahu busca prevenir un “efecto dominó” que podría reactivar viejos frentes y abrir la puerta a amenazas externas, especialmente en una región donde las fronteras son porosas y los alineamientos cambian con rapidez.
Trump, entre el respaldo diplomático y el control del daño
Desde Washington, el presidente Donald Trump se encuentra en una postura complicada. Por un lado, ha respaldado diplomáticamente al nuevo Gobierno de Sharaa, incluso ha decretado el levantamiento de las sanciones contra Siria y ha favorecido su legitimación internacional. Por otro, su Administración ha pedido a Israel que reduzca la intensidad de sus ataques, temiendo que una escalada prolongada termine debilitando al socio en Damasco que EE UU ha intentado normalizar.
De hecho, el portal Axios informó que funcionarios estadounidenses han solicitado directamente a Israel detener los bombardeos, aunque Tel Aviv no ha confirmado públicamente si accedió a dicha petición.
En paralelo, el enviado especial de EE UU para Siria, Tom Barrack, aseguró que Washington está en contacto con todas las partes “para evitar una escalada mayor y trabajar por una reintegración pacífica del sur sirio”. No obstante, la situación sobre el terreno sigue deteriorándose, y el margen de influencia de EE UU parece limitado ante el avance unilateral de Israel y la desconfianza mutua entre las comunidades sirias.
La cuestión drusa y la retórica estratégica
El discurso israelí se ha centrado en la defensa de la comunidad drusa como una prioridad moral y estratégica. “Hay una hermandad natural con nuestros ciudadanos drusos”, afirmó el Gobierno de Netanyahu, en referencia a los drusos que viven en el norte de Israel y en los Altos del Golán. Este vínculo ha servido como argumento para justificar intervenciones militares más allá de sus fronteras, pero también responde a una lógica de equilibrio interno: reforzar su alianza con las minorías en Israel, en un momento de creciente tensión política interna.
Por su parte, el Gobierno sirio ha acusado a Israel de violar la soberanía nacional y de usar a las minorías como pretexto para dividir al país. En un comunicado, la Presidencia siria advirtió que se emprenderán acciones legales contra quienes hayan cometido abusos dentro de sus Fuerzas Armadas y llamó a todas las partes a respetar la unidad del Estado sirio.
Los últimos acontecimientos en Siria podrían marcar el inicio de una nueva fase de guerra indirecta en la región. Mientras Israel refuerza su doctrina de disuasión frente al nuevo liderazgo sirio, el Gobierno de Sharaa enfrenta una compleja tarea de reconstrucción institucional en un país todavía marcado por el trauma bélico, el sectarismo y la fragilidad económica.
El tablero regional vuelve a mostrar signos de fractura. La coexistencia de treguas parciales en Gaza, escaladas puntuales en Siria y tensiones latentes con Irán, perfila un Oriente Próximo donde la paz parece ser solo un breve interludio entre una confrontación y la siguiente. @mundiario


