Starmer camina sobre el hielo delgado del Brexit: acercamiento a la UE sin cruzar la línea roja

El primer ministro del Reino Unido defiende una relación más estrecha con Bruselas en nombre del “interés nacional”, pero descarta la unión aduanera para evitar una nueva guerra política interna.
Keir Starmer, primer ministro del Reino Unido. / @Keir_Starmer
Keir Starmer, primer ministro del Reino Unido. / @Keir_Starmer

El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, ha vuelto a colocar el Brexit en el centro del debate político con una fórmula cuidadosamente calibrada: más acercamiento a la Unión Europea, pero sin unión aduanera.

En su primera entrevista del año, Starmer defendió una mayor alineación con el mercado único como una opción pragmática para impulsar la economía británica, al tiempo que descartó reabrir uno de los capítulos más sensibles del divorcio europeo. El mensaje refleja una estrategia de equilibrio en un terreno resbaladizo, donde cualquier paso en falso puede reavivar tensiones dentro y fuera del Parlamento.

El planteamiento del líder laborista parte de una premisa clara: el contexto ha cambiado desde los años más intensos del Brexit. Starmer recordó que el Reino Unido ha cerrado acuerdos comerciales con Estados Unidos y la India, presentados como logros de soberanía económica, y argumentó que una unión aduanera con la UE limitaría esa capacidad negociadora.

En su visión, la alineación sectorial con el mercado único ofrece beneficios económicos sin renunciar formalmente a la autonomía comercial, una distinción clave en su discurso.

Este enfoque, sin embargo, no está exento de contradicciones internas. Varios miembros destacados de su Gobierno y del movimiento laborista, como el ministro de Sanidad Wes Streeting, el titular de Justicia David Lammy o el secretario general del TUC, Paul Nowak, han señalado que una nueva unión aduanera podría aportar ventajas económicas sustanciales. Starmer respondió a esas presiones subrayando que no se trata de “rebuscar en los restos del Brexit”, sino de avanzar caso por caso, sector por sector, en función del interés nacional.

El Gobierno ya ha dado pasos en esa dirección. El acuerdo sobre alimentos y agricultura anunciado en mayo implica una alineación regulatoria con Bruselas para facilitar el acceso al mercado europeo y será implementado este año. También siguen abiertas las negociaciones sobre Erasmus, el programa de movilidad juvenil que permitiría a jóvenes británicos y europeos trabajar y viajar durante periodos limitados.

Starmer se esforzó en aclarar que estas iniciativas no suponen un retorno a la libertad de movimiento, una de las líneas rojas del Brexit.

Las reacciones no se hicieron esperar. Desde la oposición conservadora, la exministra Priti Patel acusó a Starmer de una “traición al Brexit”, mientras que Reform UK, liderado por Nigel Farage, calificó el acercamiento como una ruptura de la confianza con los votantes laboristas y advirtió contra una mayor cooperación en mercados energéticos o políticas climáticas europeas.

Estas críticas ilustran por qué el primer ministro evita términos como “unión aduanera”, conscientes del potencial movilizador de ese concepto en el electorado euroescéptico.

El propio Starmer reconoció el riesgo político al advertir que recrear el caos de las batallas internas del Brexit podría abrir la puerta a un gobierno liderado por Farage. En ese sentido, su estrategia busca no solo redefinir la relación con la UE, sino también proteger la estabilidad de su Ejecutivo y el posicionamiento del Partido Laborista ante las próximas elecciones, que el primer ministro anticipa como un choque frontal entre su proyecto y una derecha radicalizada.

A la presión por la derecha se suma la que llega desde el centro. Los Demócratas reclaman ir más lejos y forzar una votación parlamentaria para iniciar conversaciones formales sobre una unión aduanera.

Para ellos, la actual política del Gobierno es demasiado tímida frente a los costes económicos del Brexit, que —sostienen— siguen pesando sobre empresas y hogares. Starmer, en cambio, insiste en que cualquier avance debe ser una decisión soberana, negociada con cautela y sin comprometer los acuerdos ya firmados fuera de Europa.

En conjunto, la posición del primer ministro revela una gestión defensiva del legado del Brexit. Starmer busca capitalizar los beneficios de una mayor integración económica con la UE sin ofrecer a sus adversarios un blanco fácil. Al optar por la alineación con el mercado único y descartar la unión aduanera, el Gobierno intenta apagar el fuego de la revuelta interna y externa sin romper el hielo político que aún rodea al Brexit. @mundiario

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