EE UU comienza a perder la paciencia con Rusia: se agota el tiempo para una tregua en Ucrania
EE UU ha admitido que es cuestión de tiempo para que Rusia deje entrever si la posibilidad de alcanzar un alto el fuego en Ucrania se agota. En una cumbre celebrada en Bruselas entre los ministros de Exteriores de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el secretario de Estado, Marco Rubio, ha asegurado que será cuestión de “semanas, no meses” saber si Moscú acepta o rechaza la tregua ya respaldada por Kiev. De no haber avances, el presidente Donald Trump “reevaluará” su estrategia porque no está dispuesto a enredarse en negociaciones interminables.
Rubio, visiblemente incómodo ante la creciente presión de los aliados europeos para imponer un plazo al Kremlin, insistió en que Washington no esperará indefinidamente una respuesta de Vladímir Putin. “No vamos a quedarnos de brazos cruzados seis meses más”, subrayó tras la última sesión de la reunión de la OTAN.
El trasfondo es preocupante. Fuentes de la Alianza reconocen que no hay ninguna señal clara de que Moscú se esté preparando para cumplir con el alto el fuego. La percepción generalizada entre las capitales europeas es que el Kremlin estaría utilizando la ambigüedad para ganar tiempo, mejorar su posición militar sobre el terreno y exigir mayores concesiones en futuras rondas de negociación.
La respuesta desde Kiev no se hizo esperar. El ministro de Exteriores ucraniano, Andrii Sybiha, exigió desde Bruselas mayor firmeza frente a Rusia. “tenemos que urgir a Rusia hacia la paz, no podemos permitirle que pierda tiempo”, declaró. Esta posición fue respaldada por figuras clave como el ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, quien advirtió de que “no podemos estar eternamente esperando”. El británico David Lammy, por su parte, denunció que Putin “podría aceptar ahora un alto el fuego, pero sigue bombardeando Ucrania, a su población civil, su suministro eléctrico” mientras ignora la propuesta de paz.
La presión aumentó con el respaldo de Francia, Alemania, Canadá y los países bálticos, que forman parte de una “coalición de voluntarios” dispuesta a implementar el alto el fuego tan pronto como se firme. Todos exigieron una respuesta clara de Moscú. “Tiene que ser un sí o un no, y rápido”, exigió el francés Jean-Noël Barrot. “Basta de promesas huecas”, remató la ministra alemana Annalena Baerbock. La canadiense Mélanie Joly incluso pidió “consecuencias” si Rusia rechaza la propuesta.
Recelos de la nueva postura de EE UU
Pero la cumbre de Bruselas no solo dejó ver la frustración ante Rusia. También puso de manifiesto tensiones internas dentro de la OTAN. A pesar de los esfuerzos del nuevo secretario general, el neerlandés Mark Rutte, por proyectar unidad —“el vínculo transatlántico sigue siendo la piedra angular de la seguridad europea”, dijo—, varios aliados expresaron inquietud por los últimos movimientos de Trump: suspensión de la ayuda militar y de inteligencia a Ucrania, su acuerdo para quedarse con la mitad de los recursos minerales del país invadido, su guerra comercial con aranceles masivos contra Europa, y hasta amenazas geopolíticas como una hipotética invasión de Groenlandia.
Estas acciones han provocado malestar en países como Canadá y Bélgica. La ministra Joly afirmó que la relación con EE UU “nunca volverá a ser igual”, mientras el primer ministro belga, Bart De Wever, criticó la paradoja de exigir más gasto en defensa mientras se desata una guerra comercial. “Es complicado que nos pidan más justo cuando nos humillan”, se quejó.
En este clima de tensión geopolítica, incertidumbre económica y presión militar, la OTAN sigue navegando aguas turbulentas. “Vamos a invertir más. Mucho más”, prometió Rutte en su última comparecencia. Pero más allá de los discursos, el futuro inmediato de la Alianza dependerá, en gran medida, de lo que Rusia responda —o no— en las próximas semanas. @mundiario