Rodríguez vs. Cabello: dos proyectos irreconciliables disputan la transición venezolana
La transición venezolana que se abrió tras la captura de Nicolás Maduro ha expuesto, con una claridad inédita, las tensiones internas que desde hace años dividen al chavismo. Ahora que el vacío de liderazgo se ha hecho evidente, las facciones que convivían bajo un equilibrio forzado compiten abiertamente por el control político, institucional y territorial del país.
El ascenso de los Rodríguez: poder civil, narrativa pactista y legitimidad exterior
La designación de Delcy Rodríguez como presidenta encargada y de su hermano Jorge Rodríguez al frente de la Asamblea Nacional constituye la cristalización de una apuesta política que Washington considera viable para gestionar la transición. No se trata solo de una fotografía de poder, sino de un mensaje diplomático: la Casa Blanca reconoce en ellos interlocutores funcionales capaces de garantizar estabilidad, al menos temporal.
Las imágenes distribuidas desde Miraflores insisten en esta idea: Delcy presidiendo el Consejo de Ministros, rodeada de los hombres fuertes del régimen. A su derecha, el ministro de Defensa Vladimir Padrino López; a su izquierda, Diosdado Cabello con una gorra que reza “Dudar es traición”. Un texto que funciona a la vez como advertencia interna y como declaración política.
La narrativa oficial presentada por los Rodríguez consiste en un equilibrio delicado: mantener el aparato chavista operativo, garantizar el orden público, y a la vez abrir un canal de cooperación con Estados Unidos para evitar una implosión institucional o un vacío de poder que desate luchas abiertas.
Cabello muestra músculo militar y callejero: patrullas, motorizados y mensajes de fuerza
Mientras en la Asamblea Nacional los hermanos Rodríguez juraban sus cargos, en las calles de Caracas la realidad se mostraba distinta. Cabello encabezaba recorridos nocturnos rodeado de uniformados armados, prometiendo defender la patria “del imperio” y descalificando cualquier diálogo con Estados Unidos como un acto de rendición.
La presencia masiva de colectivos y grupos motorizados en barrios como Petare o Catia confirma que Cabello conserva un poder territorial real. Videos difundidos en redes muestran a hombres encapuchados con pistolas, fusiles y escopetas realizando controles improvisados, imponiendo horarios de cierre y asumiendo funciones de orden público.
Ese despliegue se sostiene en un artículo incluido de último minuto en el decreto de conmoción que faculta la “búsqueda y captura inmediata” de cualquier persona vinculada al ataque estadounidense. Una herramienta jurídica que Cabello ha interpretado como vía libre para reforzar su control territorial y disuadir cualquier intento de desarticular su estructura.
Rumores de golpe y un clima de desconfianza estructural
El clima de tensión se amplificó el mismo día de la proclamación de Rodríguez, cuando se registraron disparos contra drones no identificados cerca del palacio presidencial. Las imágenes generaron rumores inmediatos sobre un supuesto intento de golpe promovido por el ala militarista. Aunque no se confirmó ninguna acción interna, el episodio encendió las alarmas sobre la fragilidad del equilibrio actual.
El precedente histórico pesa: al igual que Hugo Chávez eligió a Nicolás Maduro y no a Cabello como sucesor, ahora Estados Unidos apuesta por Delcy Rodríguez y no por el líder militarista. Esta exclusión reiterada alimenta resentimientos acumulados que vuelven visible la fractura.
La reacción internacional también ha evidenciado la división interna del chavismo. Mientras los canales diplomáticos esperaban instrucciones, solo una figura se desmarcó del silencio: Glenna del Valle Cabello, cónsul en Bilbao y hermana del dirigente militarista. Su duro discurso acusando a Trump de “asesino” y defendiendo la soberanía venezolana contrastó con la moderación estratégica de Miraflores.
A ello se suma la intervención de Stephen Miller, uno de los máximos responsables de la política de seguridad en Washington, quien elogió públicamente la “cooperación plena” del gobierno provisional. Sus palabras funcionaron como combustible político para Cabello, que respondió tachando a Miller y a Marco Rubio de “piratas del siglo XXI” y acusándolos de querer saquear los recursos del país.
El anuncio del cierre de un centro de torturas añade presión al bloque militar
La tensión creció aún más cuando Donald Trump reveló que Delcy Rodríguez había ordenado cerrar un centro de torturas en Caracas. Aunque no mencionó directamente el Helicoide, la implicación era clara: el mensaje apuntaba a estructuras controladas históricamente por el entorno de Cabello.
El gesto simboliza la narrativa pactista con Washington y, al mismo tiempo, debilita al sector militarista dentro del aparato chavista. @mundiario


