Una nueva era en Bolivia: ¿qué desafíos enfrenta el mandato de Rodrigo Paz?

El nuevo presidente boliviano hereda un país sumido en la escasez de dólares, combustibles y confianza, tras dos décadas de gobiernos del MAS. El mayor reto: estabilizar la economía sin romper el delicado equilibrio político.
Rodrigo Paz, presidente de Bolivia en su investidura. / Presidencia de Paraguay
Rodrigo Paz, presidente de Bolivia en su investidura. / Presidencia de Paraguay

Rodrigo Paz Pereira asumió este sábado la Presidencia de Bolivia con el compromiso de “recuperar la patria” y con la difícil tarea de enfrentar una crisis económica que el propio mandatario calificó como la más grave en 40 años. En su primer discurso, el líder de centroderecha prometió iniciar una “nueva era” para el país andino, tras dos décadas de gobiernos dominados por el Movimiento al Socialismo (MAS), marcadas por el auge y posterior caída meteórica del modelo estatalista.

El acto de posesión, cargado de simbolismo, mostró la urgencia del momento: mientras Paz hablaba, la televisión dividía la pantalla para mostrar la entrada de camiones cisterna con gasolina y diésel, en un intento de mitigar el desabastecimiento que ha paralizado sectores enteros del país. La escena buscó transmitir una imagen de acción inmediata frente a una crisis que afecta a todos los hogares bolivianos.

El nuevo presidente asume con un panorama complejo. Bolivia sufre una escasez de dólares que ha disparado el precio de bienes y servicios, mientras las reservas internacionales se encuentran en niveles mínimos. El déficit fiscal supera el 8 % del PIB, y las exportaciones de gas —fuente central de ingresos durante los años del “boom”— se han desplomado, reduciendo drásticamente el margen de maniobra del Estado.

La crisis energética, visible en las largas filas para conseguir combustible, es apenas un síntoma de un deterioro más profundo. Empresas e importadores enfrentan serias dificultades para acceder a divisas, y el país ha registrado su primera recesión desde 1986, con una contracción del 2,4 % en el primer semestre del año.

“Basta de ideologías que no te dan de comer”

En un discurso breve, enérgico y dirigido directamente a la población, Paz no dudó en responsabilizar a los expresidentes Evo Morales y Luis Arce por lo que llamó “la devastación de la economía nacional”. “¿Dónde está el mar de gas que prometieron? ¿Dónde está el litio?”, lanzó desde el estrado, evocando las promesas incumplidas de industrialización y prosperidad del MAS.

El nuevo mandatario acusó a los gobiernos anteriores de “malgastar 60.000 millones de dólares” provenientes de la nacionalización del gas y de haber “secuestrado la voluntad del pueblo con ideologías que no te dan de comer”. Su propuesta, resumida en la consigna de “capitalismo popular”, busca dinamizar la economía formal mediante créditos accesibles, reducción de aranceles e incentivos a la inversión privada, sin renunciar al gasto social.

Paz llega al poder tras forjar alianzas amplias en el Parlamento, lo que le permitió asegurar mayorías en ambas cámaras y dar una señal de estabilidad política. El nuevo presidente apuesta por un “gran pacto nacional” que le permita avanzar en las reformas económicas y en la reducción del tamaño del Estado, al que calificó de “obeso y trancado”.

El mandatario subrayó que su gobierno buscará reconciliación, pero no impunidad. “Van a responder a la patria”, dijo en alusión a los exmandatarios del MAS, aunque evitó mencionar posibles medidas judiciales.

Un escenario político redefinido

La asunción de Paz marca un punto de inflexión en la política boliviana. La ausencia de Evo Morales y Luis Arce en la ceremonia simbolizó el fin de un ciclo. En contraste, la liberación reciente de la expresidenta Jeanine Áñez —presa durante casi cinco años— y su presencia en la ceremonia reflejaron la intención del nuevo gobierno de cerrar heridas del pasado reciente.

El evento contó con una amplia representación internacional, desde mandatarios sudamericanos como Javier Milei y Gabriel Boric hasta el enviado de Estados Unidos, Christopher Landau, y delegaciones de la Unión Europea y China. La pluralidad de invitados sugiere que Paz busca reposicionar a Bolivia en el tablero diplomático regional, bajo el lema “Bolivia vuelve al mundo y el mundo vuelve a Bolivia”.

El margen de maniobra del nuevo gobierno será estrecho. Resolver la escasez de combustibles y dólares requerirá medidas urgentes que podrían poner a prueba su promesa de no acudir al Fondo Monetario Internacional. “No voy a pedir plata al FMI. En Bolivia, si no roban, alcanza”, reiteró Paz en su discurso, apelando a la austeridad administrativa y al combate a la corrupción como pilares de su gestión.

Mientras tanto, la población espera resultados concretos. La inflación, aunque moderada, presiona el coste de vida, y las reservas energéticas del país están en niveles críticos. La estabilidad política dependerá en buena medida de la rapidez con que el gobierno logre aliviar la escasez y recuperar la confianza de los mercados.

Rodrigo Paz inicia su mandato con el reto de demostrar que el cambio político puede traducirse en recuperación económica. Su apuesta por un modelo de mercado con rostro social pretende marcar distancia tanto del intervencionismo del MAS como del neoliberalismo clásico.

En un país marcado por la polarización y la fragilidad institucional, su promesa de reconciliación nacional y eficiencia económica será puesta a prueba desde el primer día. La “nueva Bolivia” que Paz promete empieza bajo la sombra de una crisis, pero también con la expectativa de un nuevo rumbo tras dos décadas de hegemonía política.@mundiario

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