Río de Janeiro despierta entre cadáveres: más de un centenar de muertos tras una operación policial

El hallazgo de más de 50 cuerpos en las favelas de Penha, un día después de la gran operación policial contra el Comando Vermelho, eleva a cifras estremecedoras el balance de víctimas en Río de Janeiro.
Banda criminal entre policías. / RR SS.
Banda criminal entre policías. / RR SS.

Río de Janeiro vive horas de conmoción y miedo tras la que ya se conoce como la operación policial más letal en la historia de la ciudad. Las escenas de horror se repiten en las calles del complejo de favelas de Penha, donde los vecinos, con las manos vacías y el alma rota, han recuperado más de 50 cadáveres que yacían entre los callejones y los solares destruidos por los enfrentamientos. Los cuerpos, trasladados por los propios residentes hasta la plaza São Lucas, no figuran en el balance oficial ofrecido por el Gobierno regional, que hasta el momento cifra en 64 los muertos y en 81 los detenidos.

Las autoridades admiten que el recuento podría cambiar en las próximas horas. El coronel Marcelo de Menezes Nogueira, portavoz del Ejecutivo estatal, reconoció que los cadáveres hallados de madrugada “no estaban incluidos en las cifras oficiales”, un eufemismo que no logra disimular la magnitud de la tragedia.

La operación, que desplegó a más de 2.500 agentes fuertemente armados, tenía como objetivo frenar la expansión del Comando Vermelho, una de las bandas criminales más poderosas y violentas de Brasil. Nacido en una cárcel de Río en 1979, el grupo controla buena parte del narcotráfico y del comercio ilegal de armas en la región, y mantiene una guerra abierta con su gran rival, el Primer Comando de la Capital (PCC), con base en São Paulo.

Lo que pretendía ser una operación quirúrgica se transformó en una batalla urbana. Las fuerzas policiales fueron recibidas con fuego cerrado, emboscadas y ataques con granadas lanzadas desde drones. Durante horas, el ruido de los disparos y las explosiones resonó sobre los tejados de chapa de Penha, una de las zonas más empobrecidas y densamente pobladas de Río.

Entre los muertos se encuentran cuatro policías, pero la mayoría de las víctimas son civiles —algunos presuntos miembros del Comando Vermelho, otros simples vecinos atrapados en el fuego cruzado—. Las imágenes difundidas por redes sociales y medios locales muestran calles cubiertas de casquillos, fachadas agujereadas por las balas y una multitud de familiares buscando a los desaparecidos.

La Oficina de Derechos Humanos de la ONU expresó su “horror” ante la masacre y reclamó al Gobierno brasileño una investigación independiente y transparente. “Recordamos a las autoridades sus obligaciones internacionales y urgimos a que las muertes sean esclarecidas con prontitud y eficacia”, manifestó la institución dirigida por Volker Türk en su cuenta oficial de X.

El contexto añade un matiz inquietante. El operativo se desarrolló apenas unos días antes de que Río de Janeiro acoja varios eventos internacionales vinculados a la cumbre climática COP30, entre ellos la Cumbre Mundial de Alcaldes C40 y la ceremonia del Premio Earthshot, promovido por el príncipe Guillermo de Inglaterra. No es la primera vez que el Gobierno brasileño ejecuta grandes redadas antes de celebraciones globales: lo mismo ocurrió antes de los Juegos Olímpicos de 2016, la cumbre del G20 en 2024 y la reunión de los BRICS en julio.

Organizaciones civiles y expertos en seguridad denuncian que este patrón revela un uso político y mediático de la fuerza policial, orientado a proyectar una imagen de control y autoridad a costa de la población más vulnerable. “Cada gran evento internacional llega acompañado de una operación masiva y de muertos en las favelas. Es un ciclo que se repite”, señala un portavoz del Instituto de Estudios de la Seguridad Pública de Río.

Mientras tanto, los vecinos de Penha siguen recogiendo cuerpos y reconstruyendo los pocos restos de normalidad que quedan entre los escombros. Las autoridades locales temen que el número de víctimas siga aumentando conforme se despejen los callejones y se acceda a las zonas aún bloqueadas por los enfrentamientos.

Lo que debía ser una operación de alto impacto contra el crimen organizado ha terminado por abrir una herida profunda en la ciudad. Río, una vez más, vuelve a mirar de frente su contradicción eterna: la violencia que se ejerce en nombre del orden y la paz que parece imposible sin la violencia. @mundiario

Comentarios