El Reino Unido se rearma: del apoyo a Ucrania a la preparación para una posible guerra con Rusia

La guerra en suelo ucraniano ha reconfigurado el mapa de la seguridad europea, y Londres, uno de los principales aliados de Kiev, se prepara para fortalecer su defensa ante posibles ataques híbridos o directos.

Keir Starmer, primer ministro del Reino Unido a bordo de un submarino nuclear de la Royal Navy. / RR.SS.
Keir Starmer, primer ministro del Reino Unido a bordo de un submarino nuclear de la Royal Navy. / RR.SS.

Durante décadas, el Reino Unido confió en el paraguas disuasorio de la OTAN y en una modernización militar paulatina para mantener su seguridad. Sin embargo, la invasión rusa a Ucrania en 2022 ha puesto fin a esa estrategia gradual. Hoy, Londres ya no descarta un enfrentamiento militar directo con Moscú. El Gobierno británico está revisando sus planes de defensa civil, rearmando sus fuerzas armadas y preparando una estrategia de supervivencia ante un eventual ataque contra su propio territorio.

Según reveló recientemente el diario The Telegraph, Downing Street ha ordenado a la Dirección de Resiliencia de la Oficina del Gabinete redactar un nuevo plan de contingencia para escenarios de guerra moderna, el primero desde 2005. A diferencia de versiones anteriores, este contemplará amenazas actuales como ciberataques, sabotajes a infraestructuras críticas y el uso de misiles hipersónicos, capaces de eludir los sistemas defensivos actuales.

Uno de los puntos clave del nuevo enfoque es la necesidad urgente de desarrollar un escudo antimisiles nacional. Inspirado en el modelo israelí de la "Cúpula de Hierro", este sistema buscaría proteger al Reino Unido de ataques con misiles de precisión, cada vez más comunes en los conflictos modernos. El detonante fue una advertencia de un alto mando de la Royal Air Force también revelada por The Telegraph: si Rusia hubiera lanzado sobre Londres el mismo ataque inicial que desplegó sobre Ucrania, gran parte de la infraestructura nacional habría sido destruida en cuestión de horas.

Tanto Rusia como China e Irán han desarrollado misiles hipersónicos que viajan a velocidades de hasta Mach 10 (diez veces la velocidad del sonido), lo que dificulta su detección e intercepción. En ese contexto, las actuales defensas británicas resultan insuficientes. No se trata solo de proteger la capital o las bases militares, sino también de blindar terminales de gas, cables submarinos, centrales nucleares y redes de transporte: puntos vulnerables cuya pérdida desataría una crisis de seguridad nacional sin precedentes.

Rearme acelerado: una carrera contra el tiempo

Antes de la guerra en Ucrania, el Reino Unido planeaba modernizar sus fuerzas armadas con vistas a la década de 2030. Ahora, esos plazos han quedado descartados. El nuevo jefe del Estado Mayor, el general Roly Walker, ha fijado objetivos mucho más agresivos: duplicar la capacidad de combate en tres años y triplicarla para 2030. Este giro responde a una creciente preocupación de que el período 2027-2028 podría convertirse en una “singularidad geopolítica”, en la que coincidan el rearme ruso, una posible ofensiva china sobre Taiwán y la expansión nuclear de Irán.

Este cambio no es simbólico. El presupuesto de defensa crecerá hasta el 2,5 % del PIB a partir de 2027, aunque aún no está definido cómo se distribuirá ese gasto. El foco estará probablemente en capacidades ofensivas y defensivas, refuerzo de tropas y protección civil. Lo que antes se pensaba como un conflicto lejano ahora se percibe como una posibilidad real y cercana.

Después de todo, la designación oficial de Rusia como amenaza directa a la seguridad nacional británica ha legitimado la aceleración del rearme. Desde el inicio del conflicto en Ucrania, Moscú ha intensificado sus amenazas contra Londres debido a su firme apoyo a Kiev, y sus buques han patrullado repetidamente las costas británicas.

A nivel interno, los servicios de inteligencia como el MI5 han alertado de un aumento del 48 % en amenazas estatales solo en el último año, principalmente en forma de ciberataques. Estos no solo apuntan a espionaje, sino también a provocar disrupciones masivas en la red eléctrica, el tráfico aéreo y los servicios gubernamentales.

Prepararse para lo impensable

El nuevo plan de contingencia incluirá la construcción de búnkeres para el gobierno, escenarios de evacuación para la familia real, almacenamiento de recursos estratégicos y una estrategia para mantener operativos los servicios esenciales en caso de un ataque. Aunque estas medidas recuerdan los planes de la Guerra Fría, su enfoque es radicalmente distinto: ya no se teme solo la guerra nuclear, sino ataques quirúrgicos que paralicen al país sin necesidad de una invasión.

La guerra en Ucrania no solo ha transformado el equilibrio de poder en Europa del Este; también ha forzado a las potencias occidentales a repensar su vulnerabilidad. Para el Reino Unido, el conflicto ha sido una señal de alarma. Ya no se trata de participar en guerras lejanas, sino de proteger su propio suelo frente a una amenaza que ya no es abstracta. @mundiario

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