El Reino Unido y Europa: el difícil reinicio bajo presión francesa y con Farage al acecho

Mientras el Gobierno de Keir Starmer busca reconstruir los lazos con la Unión Europea tras el Brexit, Francia impone condiciones para la reconciliación, y Reform UK agita el fantasma de la adhesión.
Emmanuel Macron, presidente de Francia y Keir Starmer, primer ministro del Reino Unido. / Elíseo
Emmanuel Macron, presidente de Francia y Keir Starmer, primer ministro del Reino Unido. / Elíseo

El Reino Unido ha comenzado a trazar un nuevo rumbo en sus relaciones con Europa. Tras años de distanciamiento y conflicto pos-Brexit, el Gobierno laborista de Keir Starmer ha dado pasos claros hacia una mayor cooperación con la Unión Europea. Sin embargo, el reinicio no está siendo ni fácil ni fluido. Francia, liderada por Emmanuel Macron, está aprovechando el momento para jugar fuerte e imponer condiciones al acercamiento, mientras que la presión interna desde el ala euroescéptica, personificada en Nigel Farage, amenaza con dinamitar cualquier intento de reconciliación.

Aunque París y Londres cooperan estrechamente en la guerra de Ucrania, en los pasillos diplomáticos la relación es mucho más áspera. Francia se ha posicionado como el "poli malo" de Europa, tal como lo hizo durante las negociaciones del Brexit entre 2016 y 2020. Ahora, ante el intento británico de restablecer vínculos, Macron exige concesiones en defensa.

Por un lado, París quiere limitar el acceso británico al fondo europeo de rearme, un paquete de 150.000 millones de euros para impulsar la industria militar del continente. Temen que las empresas británicas representen una competencia directa para su propio sector. Por otro lado, Francia exige garantías para mantener el acceso de sus flotas pesqueras a aguas británicas más allá de 2026, cuando expiran las cuotas establecidas tras el Brexit.

Desde París se argumenta que no se puede negociar un tratado de defensa un año y al siguiente entrar en guerra diplomática por cuotas de caballa. El mensaje es claro: no habrá acercamiento militar sin resolver primero las cuentas pendientes en el mar.

Starmer entre Europa y Farage

La ambición de Keir Starmer es clara: volver a posicionar al Reino Unido como un socio influyente y confiable en Europa, sin reabrir el debate sobre la membresía en la UE. Su propuesta es pragmática: avanzar en acuerdos de cooperación en defensa, seguridad y otros sectores estratégicos, sin tocar la cuestión de la integración económica plena.

Sin embargo, su margen de maniobra se estrecha. Los recientes avances electorales del partido populista Reform UK, liderado por Nigel Farage, han revivido el discurso anti-Bruselas. Farage, una de las figuras más influyentes en la campaña del Brexit, ha acusado al gobierno de querer revertir la voluntad del pueblo y “reentregar el país” a Europa. Para Starmer, cualquier paso hacia la UE es inmediatamente utilizado por sus oponentes como una señal de claudicación.

Además, Francia se enfrenta a su propio dilema. Por un lado, necesita al Reino Unido como socio estratégico, especialmente en un contexto de creciente inseguridad global, incertidumbre sobre el compromiso de Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, con la OTAN, y el estancamiento de los esfuerzos diplomáticos para lograr un alto el fuego en Ucrania. Londres sigue siendo una potencia nuclear, con un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU y capacidad de liderazgo militar.

Por otro lado, Macron quiere aprovechar el momento para proteger los intereses industriales y pesqueros franceses. Esa tensión entre pragmatismo geopolítico y proteccionismo sectorial está provocando fricciones internas dentro de la propia UE. Algunos países del este de Europa, más enfocados en contrarrestar la amenaza rusa, critican la actitud francesa como excesivamente rígida. Incluso dentro de los círculos comunitarios se reconoce que París empieza a quedar aislado en su posición inflexible, según reporta POLITICO.

Una posible salida sería permitir la participación británica en el fondo de defensa como miembro contribuyente, una fórmula que permitiría mantener la soberanía europea del programa sin excluir a un aliado clave.

¿Un nuevo modelo de relación?

Lo que está en juego no es una simple mejora en las relaciones diplomáticas, sino la construcción de un nuevo modelo de vinculación entre el Reino Unido y la UE. Un modelo en el que, pese a estar fuera del bloque, Londres pueda actuar como socio de confianza en asuntos clave como la seguridad, el medio ambiente o la tecnología.

Pero esta reconfiguración debe superar heridas profundas. Para muchos en París, el Brexit dejó una cicatriz que aún supura. La confianza en el Reino Unido como socio ha quedado dañada, y el temor a que Londres quiera los beneficios de la integración sin asumir sus responsabilidades sigue latente. En cambio, desde Londres, se percibe a Bruselas, y en particular a Francia, como obstinada y reacia a avanzar.

El intento de Keir Starmer por acercarse nuevamente a Europa es tanto un gesto político como una necesidad estratégica. Sin embargo, choca con la memoria histórica del Brexit, con las exigencias francesas y con la presión populista interna.

Francia, por su parte, busca usar esta oportunidad para corregir los desequilibrios que considera que dejó el acuerdo de retirada. Pero si París estira demasiado la cuerda, puede arriesgarse a sabotear un reinicio que, a largo plazo, beneficiaría tanto a Londres como a Bruselas. @mundiario

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