Putin exige más territorio mientras se encomienda a las conversaciones de paz con EE UU
La visita a Moscú del enviado especial estadounidense Steve Witkoff coincide con una orden directa de Vladímir Putin al alto mando ruso: conquistar más territorio en la frontera con Ucrania y consolidar una “zona de seguridad”.
El contraste no es menor. Mientras Washington pretende avanzar hacia un acuerdo de paz, el Kremlin envía una señal inequívoca: los términos del fin de la guerra dependerán de la correlación de fuerzas sobre el terreno y no de las propuestas diplomáticas.Steve Witkoff, empresario inmobiliario sin carrera diplomática, ha sido convertido por el presidente Donald Trump en intermediario clave. Viaja a Moscú por sexta vez en el año acompañado por el yerno del mandatario, Jared Kushner.
En Kiev se le ve como una figura vulnerable a la influencia rusa. Según las investigaciones de Bloomberg, el propio Witkoff asesoró al Kremlin sobre cómo “halagar” a Trump durante las negociaciones para obtener su favor, lo que dio origen a una primera propuesta estadounidense de 28 puntos que implicaba, en la práctica, una capitulación al obligarles a limitar el tamaño de sus fuerzas armadas, renunciar a la membresía en la OTAN y ceder territorios actualmente bajo control ucraniano.
La percepción del Gobierno ucraniano es que Witkoff no defiende una “paz justa”, sino que actúa como facilitador de la narrativa rusa. A diferencia de Keith Kellogg —enviado estadounidense vetado por Moscú por su dureza—, Witkoff ha sido recibido reiteradamente por Putin y Kirill Dmítriev, el negociador económico ruso. De esas reuniones surgieron los borradores iniciales del plan de Trump.
Mostrar poder antes de negociar: la “conquista” de Pokrovsk
La víspera del encuentro ruso-estadounidense estuvo marcada por un acto simbólico: el Kremlin anunció la captura de Pokrovsk, ciudad estratégica de Donetsk cuya toma se intenta desde febrero de 2024. En un vídeo cuidadosamente editado, Putin aparece vestido con uniforme militar junto al jefe del Estado Mayor, Valeri Guerásimov, quien declara la “liberación” de Krasnoarmiisk (nombre soviético de Pokrovsk) y Vovchansk.
Para Moscú, la ciudad representa más que un asentamiento urbano. Pokrovsk es un punto clave por su proximidad a minerales de carbón coquizable, recurso industrial vital. Además, el control territorial abre un corredor hacia Kramatorsk y Sloviansk, los centros urbanos ucranianos más importantes de Donetsk aún bajo control de Kiev.
Sin embargo, la autoridad militar ucraniana rechaza tal narrativa. El 7º Cuerpo de Respuesta Rápida afirma que mantiene la zona norte de la ciudad y ataca a las posiciones rusas en el sur. Kiev califica el anuncio ruso como “otra operación de propaganda”.
Putin instruyó a Guerásimov a establecer una “zona de seguridad a lo largo de la frontera con Ucrania”. Más allá del lenguaje eufemístico, el proyecto implica una expansión territorial a lo largo de todo el frente, rompiendo la idea de que Moscú se limitaría a buscar reconocimiento internacional de sus ocupaciones en Donetsk, Lugansk y Crimea.
Este movimiento estratégico tiene una lógica militar clara: aumentar la profundidad defensiva en territorios ocupados, amenazar centros logísticos ucranianos en la retaguardia y crear hechos consumados antes de cualquier acuerdo diplomático.
La paradoja de la paz condicionada
Mientras Ucrania insiste en que aborda cada encuentro con “máxima seriedad”, el Kremlin demuestra que la negociación no implica frenar la ofensiva. Kiev sostiene que el único camino viable es un consenso que llegue acompañado de garantías de seguridad reales. Para Moscú, en cambio, la seguridad comienza por desarmar a Ucrania y reconocer las anexiones.
La ausencia del secretario de Estado Marco Rubio, quien sí participó en las rondas previas donde se enmendó el documento original, añade incertidumbre sobre el esfuerzo estadounidense para hacer que Moscú acepte un boceto inicial que no incluya todas sus demandas maximalistas.
Ante la fragilidad de Witkoff como negociador, el Kremlin parece haber detectado un punto de apoyo para moldear el proceso diplomático a su favor. De hecho, la visita del emisario ya se producía bajo expectativas mínimas. Las fuentes de las agencias internacionales adelantaban que en Washington se espera que Putin rechace o exija modificaciones al nuevo borrador, como ya ocurrió en versiones anteriores.
El avance ruso durante 2025 —el más rápido desde 2022— consolida un escenario complejo: Rusia controla más del 19% del territorio ucraniano, suficiente para mantener una negociación asimétrica. Sin embargo, el Kremlin, lejos de presentarse como un interlocutor dispuesto a compromisos, exhibe la captura de ciudades —real o proclamada— para reforzar la idea de que cualquier acuerdo de paz será, en última instancia, un armisticio en condiciones impuestas por Moscú. @mundiario


