Presión sobre Jamenei: Israel intensifica el cerco contra el Gobierno iraní y su programa nuclear
La actual ofensiva de Israel contra Irán representa uno de los mayores despliegues militares israelíes fuera de sus fronteras en décadas. En el centro de esta campaña se encuentra un objetivo estratégico claro: desmantelar el programa nuclear iraní y, en paralelo, debilitar la estructura de poder liderada por el ayatolá Alí Jameneí. A lo largo de seis días, la Fuerza Aérea israelí afirma haber lanzado cientos de ataques aéreos sobre activos considerados clave, mientras la retórica política y las filtraciones mediáticas han intensificado la presión sobre Teherán y su líder supremo.
Según datos proporcionados por el portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), general Effie Defrin, el operativo ha alcanzado más de 1.100 activos iraníes, entre ellos instalaciones de misiles balísticos, sistemas de defensa aérea, depósitos de armas, centros de mando militar y, especialmente, infraestructuras vinculadas al programa nuclear.
Entre los blancos más destacados figuran la instalación de enriquecimiento de uranio en Natanz —considerada el corazón y rostro del programa nuclear iraní— y el centro de conversión de uranio de Isfahán. Ambos han sido señalados como “gravemente dañados”. Además, el taller TESA en Karaj, especializada en la producción de componentes para centrifugadoras, ha sido destruida en gran parte, al igual que el Centro de Investigación Nuclear de Teherán. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) ha confirmado los daños, indicando que las instalaciones afectadas estaban bajo su supervisión como parte del acuerdo nuclear de 2015 (JCPOA).
El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, declaró que también se ha destruido la sede de la policía interna iraní en Teherán, describiéndola como un “símbolo del aparato represivo del régimen”. La operación, según las autoridades israelíes, no busca directamente un cambio de régimen, aunque diversos portavoces han afirmado que un debilitamiento del sistema clerical iraní sería “bienvenido”.
La presión sobre Jameneí y la narrativa del cerco
Más allá de los ataques físicos, Israel ha desplegado una estrategia de presión psicológica y simbólica sobre Alí Jamenei. En declaraciones recientes, altos cargos israelíes han hablado abiertamente de la vulnerabilidad del líder supremo, sugiriendo que disponen de información detallada sobre sus movimientos. Desde Estados Unidos, el presidente Donald Trump llegó a declarar que “por ahora” no buscarán matarlo, pero instó a que “se rinda”, introduciendo un matiz personalista en el discurso de confrontación.
El ayatolá, por su parte, ha respondido con una advertencia tajante transmitida por televisión: “Cualquier intervención militar estadounidense sin duda traerá daños irreparables”. También aseguró que Irán “no se rendirá” y calificó de “estériles” las amenazas extranjeras. Las autoridades iraníes insisten en que su programa nuclear tiene fines pacíficos y rechazan cualquier acusación de desarrollar armas atómicas.
Aunque Estados Unidos no ha participado directamente en los bombardeos sobre territorio iraní, su involucramiento ha sido indirecto pero significativo. En los últimos días, las fuerzas estadounidenses han interceptado varios misiles y drones iraníes dirigidos hacia Israel. Sin embargo, la Casa Blanca aún no ha confirmado si apoyará ataques contra instalaciones como la de Fordo, una planta nuclear altamente protegida, situada literalmente bajo una montaña y considerada un objetivo crítico por Israel.
El asesor de seguridad nacional israelí, Tzachi Hanegbi, ha declarado a Keshet 12 que la ofensiva “no concluirá sin un ataque a Fordo”. Sin embargo, también subrayó que Israel no ha solicitado formalmente a Washington que se una a los bombardeos: “no pedimos ni pediremos. Es una decisión que compete solo a ellos”. La implicación estadounidense, por tanto, se mantiene en una ambigüedad estratégica.
Fordo representa un reto logístico y tecnológico considerable. La instalación está situada a casi 90 metros bajo tierra, en un complejo montañoso, y se cree que solo Estados Unidos posee las bombas penetrantes necesarias para dañarla seriamente desde el aire. La negativa de la Administración Trump a especificar su postura refuerza la incertidumbre sobre hasta dónde podría escalar esta confrontación.
Resultados parciales y efecto disuasorio
El ejército israelí también afirma que las diferentes olas de ataques han logrado reducir la capacidad ofensiva de Irán. En particular, destacan una disminución en el número de misiles lanzados por Teherán hacia Israel tras los primeros días del conflicto. Las autoridades israelíes atribuyen esta merma a la destrucción de plataformas de lanzamiento y depósitos de misiles. Aun así, Irán ha logrado lanzar más de 400 misiles y unos 1.000 drones, provocando al menos 24 muertos y más de 500 heridos en territorio israelí.
El impacto disuasorio de la ofensiva es objeto de debate. Por un lado, Israel ha demostrado su capacidad para alcanzar blancos críticos en el corazón del aparato nuclear iraní. Por otro, la resiliencia de la República Islámica y su capacidad de respuesta mantienen latente el riesgo de una escalada regional más amplia.
Por ahora, la operación israelí ha causado daños significativos al programa nuclear iraní, pero sin lograr su desmantelamiento completo. Fordo sigue en pie, y la reacción iraní parece indicar que el conflicto está lejos de resolverse sin una desescalada . La dimensión política del ataque —concentrada en debilitar el prestigio del líder supremo y socavar la cohesión del régimen— también se enmarca dentro de los objetivos de Benjamín Netanyahu, que si bien no ha declarado que Israel persigue un cambio de régimen en Irán, tanto él como funcionarios israelíes dejan entrever que "sería una noticia muy grata".
En una entrevista con Fox News el domingo, Netanyahu dijo que el Gobierno en Teherán era "muy débil", y añadió que, dada la oportunidad, "el 80% de la gente (iraní) echaría a estos matones teológicos". @mundiario


