Petro contra Trump: la retórica hostil que arrastra a Colombia a una crisis diplomática con EE UU

El Departamento de Estado revocó el visado al mandatario colombiano después de que pidiera a los soldados estadounidenses que desobedecieran a Trump, a la que se sumaron varios ministros en solidaridad.
Armando Benedetti, ministro del Interior y Gustavo Petro, presidente de Colombia. / @infopresidencia
Armando Benedetti, ministro del Interior y Gustavo Petro, presidente de Colombia. / @infopresidencia

La política exterior de Colombia atraviesa un momento crítico tras la escalada de tensiones entre el presidente Gustavo Petro y la administración de Donald Trump. La decisión de EE UU de revocar la visa del mandatario colombiano, alegando “acciones imprudentes e incendiarias” en una protesta propalestina en Nueva York, ha desatado una tormenta política que amenaza con erosionar décadas de relaciones bilaterales.

El detonante fue la participación de Petro en una manifestación en Manhattan, donde exhortó a soldados estadounidenses a desobedecer órdenes de Trump por su postura en la guerra en Gaza. El Departamento de Estado respondió con la cancelación de su visado, medida que el propio Petro calificó como “una estupidez” y una violación del derecho internacional. En paralelo, acusó a Trump de ser “cómplice de genocidio” y aseguró que el republicano “no merece más que la cárcel”.

Lejos de moderar el tono, el presidente colombiano ha convertido el episodio en un enfrentamiento personal con Trump, dejando en segundo plano la institucionalidad diplomática y arrastrando al conjunto del Gobierno a su retórica confrontativa.

En un gesto inédito, varios ministros colombianos, incluida la canciller Rosa Villavicencio, anunciaron la renuncia a sus visas en solidaridad con Petro. La encargada de la diplomacia colombiana habló de “dignidad” y aseguró que “Colombia se respeta”, alineando la política exterior del país con la narrativa presidencial. Otros miembros del gabinete, como el titular de Hacienda, Germán Ávila, y el ministro del Interior, Armando Benedetti, se sumaron al gesto.

Lo que en apariencia es una muestra de lealtad, para los analistas refleja la pérdida de autonomía diplomática y la renuncia a tender puentes en un momento de crisis.

Washington responde: distanciamiento y crítica directa

La Casa Blanca no dejó que el nuevo ataque verbal de Petro pasara desapercibido. Una vocera cuestionó ante la cadena CNN que “el presidente Trump acaba de presentar un plan histórico para la paz entre Israel y Gaza con un enorme apoyo internacional. ¿Qué ha hecho el presidente Petro?”. La respondió refleja el distanciamiento de Washington y el descrédito creciente de la figura del mandatario colombiano en la arena internacional.

El contraste es evidente con episodios anteriores. Cuando Petro rechazó vuelos de deportación de migrantes esposados, la tensión se resolvió en menos de 24 horas tras la amenaza de aranceles de Trump. Hoy, en cambio, el escenario apunta a una crisis diplomática prolongada.

Aunque muchos coinciden en la legitimidad de denunciar violaciones de derechos humanos en Gaza o alertar sobre el cambio climático, el estilo confrontativo del presidente ha convertido esas causas globales en una batalla personal con EE UU.

“En su fin loable de llamar la atención global sobre el genocidio en Gaza, el presidente Petro concentró los reflectores en él, en su actuar irresponsable y en su pelea casi personal con el Gobierno estadounidense”, señala el editorial de El Espectador. “¿Y los intereses de los colombianos? ¿Y los lazos económicos y culturales entre los dos países? ¿Y la posibilidad de persuadir a más aliados, incluso dentro del Gobierno de Estados Unidos, para la causa palestina? Todo eso se pierde cuando el discurso público se asemeja a las lógicas de X”.

El riesgo de aislar a Colombia

El respaldo de los ministros y la unidad forzada del gabinete refuerzan la imagen de un presidente rodeado de leales que no ofrecen contrapesos. La consecuencia inmediata es un aislamiento creciente de Colombia en el escenario internacional, justo cuando la cooperación con EE U sigue siendo clave en temas como el narcotráfico, la migración y la inversión extranjera.

La estrategia de confrontación con Trump puede otorgarle a Petro réditos políticos internos entre sectores de izquierdas que lo ven como un líder contestatario frente a Washington. Sin embargo, el costo diplomático es muy alto: pérdida de confianza de aliados, debilitamiento de la cooperación internacional y, en última instancia, una fractura en las relaciones históricamente estratégicas con EE UU.

El episodio demuestra cómo la política exterior colombiana ha quedado subordinada a la lógica personal de Gustavo Petro. En lugar de aprovechar su tribuna en Naciones Unidas para sumar apoyos internacionales a la causa palestina, el presidente optó por confrontar directamente a Trump, con consecuencias inmediatas y previsibles.

En un contexto global marcado por la violencia en Gaza y la polarización política, el reto para Colombia no es solo defender sus principios, sino hacerlo sin sacrificar las relaciones estratégicas que sostienen su estabilidad económica y de seguridad. De persistir en la actual ruta, Petro arriesga convertir una legítima denuncia internacional en un aislamiento diplomático que afecte a todos los colombianos. @mundiario

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