El Pentágono bajo fuego mediático: rechazo masivo a las nuevas normas que restringen a la prensa

Decenas de periodistas acreditados abandonaron sus oficinas después de que el Departamento de Guerra de EE UU exigiera firmar una nueva norma que limita la publicación de información no autorizada.
El secretario de Defensa de EE UU, Pete Hegseth, y el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine. / Departamento de Defensa de EE UU
El secretario de Defensa de EE UU, Pete Hegseth, y el jefe del Estado Mayor Conjunto, el general Dan Caine. / Departamento de Defensa de EE UU

La imagen de decenas de periodistas recogiendo sus pertenencias y saliendo del Pentágono simboliza un quiebre entre la prensa y el poder militar en Estados Unidos. A las cuatro de la tarde del miércoles, el plazo impuesto por el Departamento de Defensa llegó a su fin, y alrededor de medio centenar de reporteros abandonaron el edificio tras entregar sus credenciales. Las cajas, los escritorios vacíos y los pasillos desiertos marcaron el cierre abrupto de una era de acceso directo al núcleo del aparato militar estadounidense.

El detonante fue la nueva política comunicacional promovida por Pete Hegseth, actual secretario de Defensa —rebautizado oficialmente como “secretario de Guerra”—, que impone condiciones estrictas para mantener la acreditación de prensa. Entre ellas, la obligación de publicar únicamente información aprobada por el propio Departamento y la amenaza de expulsión para quien divulgue datos, clasificados o no, sin autorización.

Lo que distingue esta crisis es la amplitud del rechazo. Medios tradicionalmente críticos con la gestión del presidente Donald Trump, como The New York Times o The Washington Post, se unieron a cadenas de orientación conservadora, incluyendo Fox News o Newsmax, para denunciar el riesgo que supone la medida para la libertad de prensa. En un comunicado conjunto, las principales organizaciones periodísticas calificaron la norma de “sin precedentes” y alertaron de que “limita la capacidad de los periodistas para mantener informado al país”.

Entre ellos se destaca Fox News, el canal donde Hegseth trabajó antes de integrarse al gabinete, y que se sumó al frente opositor junto con ABC News, CBS News, NBC, Reuters, Associated Press y Politico. El único medio que decidió firmar el documento fue One America News, conocido por su línea editorial abiertamente favorable a Trump.

La Asociación de Prensa del Pentágono, que agrupa a los reporteros especializados, también se pronunció en contra, advirtiendo que la nueva política “amordaza a los empleados del Pentágono y amenaza con represalias a los periodistas que busquen información fuera de los canales oficiales”.

Control informativo bajo el argumento de la seguridad

El documento elaborado por el Departamento de Defensa —ahora denominado “Departamento de Guerra”— contiene 21 páginas de normas que restringen el flujo informativo. Entre otras medidas, permite considerar a los periodistas como “riesgo para la seguridad” si publican información no aprobada y limita físicamente el acceso a áreas sensibles del edificio.

Hegseth defendió la iniciativa como una política de “sentido común”, argumentando que el Pentágono debe regirse por las mismas normas que el resto de las instalaciones militares. “El acceso al Pentágono es un privilegio, no un derecho”, publicó en la red social X, justificando así la decisión de exigir la firma del documento como condición para mantener la acreditación.

Sin embargo, los abogados de varios medios señalan que la política podría abrir la puerta a demandas o sanciones contra periodistas por realizar tareas habituales, lo que supondría una violación indirecta de la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense.

El respaldo de Trump y la lógica de la “prensa problemática”

El presidente Donald Trump, al ser consultado sobre la polémica, respaldó a su secretario de Guerra y criticó duramente a los medios. “La prensa es muy deshonesta y representa un problema para la paz mundial”, afirmó desde la Casa Blanca. Las declaraciones refuerzan la línea política de su Administración, que desde su retorno al poder ha mostrado un enfrentamiento constante con los principales medios y una tendencia a restringir el acceso a la información gubernamental.

La estrategia de Trump y Hegseth combina dos narrativas: la seguridad nacional y el control de la comunicación institucional. Bajo la premisa de evitar filtraciones o “desinformación”, el gobierno busca centralizar el flujo informativo en un solo punto de origen, eliminando la posibilidad de que los periodistas contrasten fuentes o publiquen versiones no oficiales.

Aunque la magnitud práctica de las nuevas normas aún no está clara, el gesto de los periodistas al abandonar el Pentágono marca un precedente. Los medios han prometido continuar su cobertura de las fuerzas armadas desde fuera de las instalaciones, utilizando fuentes alternativas y canales indirectos de información.

El conflicto pone de relieve una tensión fundamental: el equilibrio entre la seguridad institucional y el derecho del público a ser informado. En el centro del debate, la pregunta sigue abierta: ¿hasta qué punto puede el gobierno regular el acceso a la información sin vulnerar la esencia misma del periodismo libre que caracteriza a la democracia estadounidense?@mundiario

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