El Partido Laborista gana en Noruega y abre una nueva etapa con un bloque rojo revitalizado
Noruega ha confirmado en las urnas un giro político que parecía improbable hace apenas unos meses. El Partido Laborista, liderado por el primer ministro Jonas Gahr Store, se ha impuesto en las elecciones parlamentarias con el 28,3 % de los votos y se consolida como la fuerza más votada. Con el respaldo del bloque rojo —una amalgama de socialdemócratas, ecologistas, socialistas y comunistas—, los laboristas dispondrán de una ajustada mayoría en el Storting, lo que les permitirá mantenerse en el poder y abrir una nueva etapa política en el país nórdico.
El resultado supone un alivio para Store, que gobierna desde 2021 tras ocho años de dominio conservador, y que en los últimos meses había visto cómo las encuestas situaban a su partido en tercera posición. La victoria tiene, además, un valor simbólico: devuelve centralidad a la socialdemocracia noruega en un momento en que Europa vive el auge de las fuerzas populistas de derecha.
El futuro político inmediato de Noruega dependerá de la capacidad del bloque rojo para mantener la cohesión. La Izquierda Socialista, los Verdes y el Partido Rojo han anunciado que exigirán medidas más ambiciosas en materia de redistribución fiscal y de transición energética. Entre sus demandas destacan impuestos más altos para las grandes fortunas, la ampliación de los servicios públicos y una mayor restricción en la explotación de hidrocarburos, un asunto especialmente sensible en un país que se ha convertido en el principal proveedor de gas de Europa tras la guerra en Ucrania.
El Partido del Centro, socio histórico de los laboristas, se presenta como el eslabón más frágil. Su caída electoral refleja el desgaste tras la ruptura parcial del Gobierno a comienzos de año, cuando se negó a aceptar varias directivas comunitarias en materia energética. Su euroescepticismo y su agenda agraria complicarán las negociaciones dentro del bloque.
La derecha: entre el auge populista y la debilidad conservadora
La victoria de los laboristas no se explica solo por factores internos. Analistas señalan que la incertidumbre internacional ha jugado a favor de la experiencia de Store y de su aliado Jens Stoltenberg, ex primer ministro y exsecretario general de la OTAN reconvertido en ministro de Economía, cuya vuelta a la política nacional en febrero reactivó a la socialdemocracia. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, con su guerra de aranceles y su cuestionamiento de las alianzas tradicionales, ha empujado a parte del electorado a optar por estabilidad.
El gran derrotado de la noche electoral ha sido el Partido Conservador, que cae al 14,7% y obtiene sus peores resultados desde 2005. Su líder, Erna Solberg, ya cuestionada en el seno de la formación, deberá afrontar una etapa en la oposición con un partido debilitado.
En paralelo, el ultraderechista Partido del Progreso ha cosechado el mejor resultado de su historia, alcanzando el 23,8 % y consolidándose como segunda fuerza. Su discurso centrado en la rebaja de impuestos y el rechazo a la inmigración ha calado en un sector creciente del electorado. Sin embargo, su avance no ha sido suficiente para arrebatar la mayoría al bloque de izquierdas, que con 88 escaños mantiene una ventaja mínima frente a los 81 del bloque conservador.
Los retos de la nueva legislatura
La agenda del nuevo Gobierno estará marcada por temas sensibles: controlar la inflación, afrontar el alto precio de la electricidad, reforzar la sanidad y definir el futuro de la industria petrolera y gasística. Los equilibrios internos del bloque rojo serán clave para determinar hasta dónde puede avanzar Store en políticas redistributivas y ambientales sin poner en riesgo la estabilidad de su coalición.
En este contexto, la política energética se presenta como un punto de fricción. Noruega, aunque no es miembro de la UE, sí está vinculada al mercado único y obligado a adaptar directivas comunitarias. Esto genera tensiones entre las fuerzas que piden un mayor alineamiento con Bruselas y aquellas que prefieren una vía más soberanista.
El triunfo del Partido Laborista revitaliza a la socialdemocracia noruega y confirma que, en medio de un panorama europeo dominado por la fragmentación, la izquierda puede articular mayorías de gobierno. Sin embargo, la victoria se asienta sobre una frágil coalición en la que cada socio tendrá capacidad de condicionar la agenda.
Noruega entra así en una nueva etapa donde la estabilidad política dependerá de la habilidad de Jonas Gahr Store para gestionar alianzas complejas, mantener el equilibrio entre crecimiento económico y sostenibilidad, y responder a los desafíos sociales de una ciudadanía cada vez más polarizada. @mundiario





