Pakistán declara una “guerra abierta” contra Afganistán: escalada militar en la Línea Durand

La ofensiva aérea lanzada sobre Kabul y otras provincias afganas marca un punto de inflexión en la crisis entre Islamabad y el régimen talibán. Ambos elevan el conflicto fronterizo a un nivel que amenaza con desestabilizar aún más Asia Central.
Shehbaz Sharif, primer ministro de Pakistán. / @GovtofPakistan
Shehbaz Sharif, primer ministro de Pakistán. / @GovtofPakistan

Cazas paquistaníes bombardearon posiciones en Kabul, Kandahar y Paktia, la madrugada del viernes, según denunciaron las autoridades talibanes. Horas después, el ministro de Defensa de Pakistán, Khawaja Asif, declaró públicamente que la “paciencia se ha agotado” y que su país entra en una “guerra abierta” con Afganistán. La afirmación supone la formalización política de una escalada que llevaba semanas gestándose en la frontera.

Islamabad sostiene que actuó en respuesta a un ataque previo lanzado desde territorio afgano contra posiciones en distritos fronterizos como Chitral o Kurram. El Ministerio de Información paquistaní calificó la acción afgana de “no provocada” y aseguró que sus fuerzas “castigaron” infraestructuras militares del régimen talibán.

Por su parte, el portavoz talibán, Zabihullah Mujahid, acusó al “cobarde ejército paquistaní” de atacar no solo objetivos militares sino también zonas civiles. Kabul afirma que la represalia ya está en marcha, con operaciones ofensivas a lo largo de seis provincias fronterizas.

Las cifras de bajas reflejan la guerra narrativa que acompaña al enfrentamiento armado. Pakistán asegura haber eliminado a 133 combatientes afganos y destruido decenas de posiciones. El Gobierno talibán reduce sus pérdidas a ocho soldados muertos y 11 heridos, y afirma haber causado decenas de bajas en el lado paquistaní y capturado puestos en la frontera.

El epicentro del conflicto vuelve a ser la Línea Durand, una frontera de más de 2.500 kilómetros trazada en 1893 por el Imperio británico que Afganistán nunca ha reconocido plenamente. La línea divide territorios históricamente habitados por comunidades pastunes y ha sido foco recurrente de tensiones bilaterales.

Cada incidente reabre una disputa histórica que trasciende lo militar. Es una cuestión de soberanía, identidad y control territorial. En este contexto, la escalada actual no puede entenderse como un episodio aislado, sino como parte de una rivalidad estructural.

El factor TTP y la acusación de “exportar terrorismo”

El detonante parece ser la actividad del Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP), grupo insurgente que combate al Estado paquistaní desde 2007 y mantiene vínculos ideológicos con los talibanes afganos. Islamabad acusa al TTP de operar desde refugios en Afganistán y de estar detrás de recientes atentados en suelo paquistaní.

El Gobierno talibán lo niega y rechaza que su territorio sirva de plataforma para ataques. Sin embargo, desde el regreso al poder de los talibanes en 2021, los enfrentamientos transfronterizos se han multiplicado.

El pasado fin de semana, Pakistán bombardeó presuntos campamentos del TTP y facciones afines al Estado Islámico en Afganistán. Kabul denunció que los ataques alcanzaron una madrasa y viviendas civiles, con al menos 18 muertos. La ofensiva afgana del jueves fue presentada como represalia directa.

Retórica endurecida y riesgo regional

El primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, afirmó que las Fuerzas Armadas “no permitirán ninguna amenaza a la seguridad del país” y prometió responder acada acto de agresión”. En paralelo, Asif acusó a los talibanes de convertir Afganistán en un refugio de “terroristas de todo el mundo”.

La retórica oficial refleja un endurecimiento sin precedentes desde el alto el fuego mediado el pasado otoño con apoyo de Qatar. Aquella tregua logró reducir temporalmente la violencia, pero nunca estableció mecanismos sólidos de verificación ni acuerdos claros sobre la presencia de grupos armados.

Hoy, esa contención parece rota. Los combates se han extendido a pasos estratégicos como Torkham y han afectado a campamentos de refugiados en Nangarhar, con heridos civiles, incluidos mujeres y niños.

Un conflicto con consecuencias más amplias

La declaración de “guerra abierta” tiene implicaciones que van más allá de la frontera. Pakistán enfrenta una oleada de atentados internos y presión política por la inseguridad. Afganistán, aislado diplomáticamente y con una economía frágil, difícilmente puede permitirse un conflicto prolongado con su vecino más influyente.

La escalada también inquieta a actores regionales y potencias internacionales que temen que el vacío dejado tras la retirada de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) derive en una desestabilización mayor de Asia Central. @mundiario

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