Netanyahu autoriza el tránsito de ayuda humanitaria en Gaza: una decisión estratégica bajo presión
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, autorizó el domingo la entrada limitada de alimentos en la Franja de Gaza, tras una prolongada interrupción del suministro de ayuda desde principios de marzo. El anuncio llega en un contexto delicado: mientras Israel lanza nuevas operaciones terrestres a gran escala en el norte y sur del enclave, su Gobierno se enfrenta a una creciente presión internacional para aliviar las condiciones humanitarias de más de dos millones de personas atrapadas en medio del conflicto.
La decisión fue tomada sin votación en el gabinete, en medio de fuertes desacuerdos entre los miembros del Gobierno, según reporta The Times of Israel. Algunos ministros, como el titular de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, se opusieron frontalmente, argumentando que permitir el ingreso de ayuda sin un nuevo mecanismo de control favorecería indirectamente a Hamás. No obstante, la medida fue recomendada por el Ejército israelí, que alertó sobre el riesgo de hambruna inminente, lo cual podría socavar la efectividad de la ofensiva militar en curso.
El comunicado oficial del Gobierno señaló que se permitirá la entrada de una “cantidad básica” de alimentos, con el objetivo de prevenir una crisis de hambre que, según advirtió el gabinete, podría “poner en peligro la operación militar destinada a derrotar a Hamás”. Sin embargo, no se especificó un cronograma claro ni la cantidad exacta de ayuda que ingresará. Tampoco se detalló cómo se garantizará que la ayuda no llegue a manos de grupos armados, una de las principales preocupaciones del Ejecutivo israelí.
Hasta ahora, la distribución se realizará mediante mecanismos previamente utilizados, en colaboración con agencias internacionales como el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la organización World Central Kitchen. En paralelo, se está preparando un nuevo sistema de distribución bajo control israelí y estadounidense, que operaría en el sur de Gaza con apoyo logístico de empresas privadas estadounidenses y seguridad provista por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI).
Presión internacional y contexto diplomático
La medida ocurre después de reiteradas advertencias de organismos humanitarios y expertos en seguridad alimentaria sobre el riesgo de hambruna en la Franja. El portavoz de la ONU, Eri Kaneko, confirmó que se han retomado los contactos con Israel para coordinar la entrega limitada de ayuda, aunque subrayó que las condiciones sobre el terreno siguen siendo extremadamente difíciles.
Además, la presión desde Estados Unidos —aliado clave de Israel— ha sido determinante. Tanto el presidente Donald Trump como su enviado especial para Oriente Próximo, Steve Witkoff, habían señalado públicamente su preocupación por la situación humanitaria y exigido una respuesta inmediata. “No queremos ver una crisis humanitaria, y no la permitiremos en la Administración del presidente Trump”, afirmó Witkoff el domingo.
Más allá del componente humanitario, la decisión también obedece a cálculos estratégicos. El mismo Netanyahu lo reconoció al indicar que una hambruna en Gaza comprometería la legitimidad internacional y la viabilidad operativa de la campaña militar. Según analistas militares israelíes, mantener un mínimo de estabilidad humanitaria permitiría sostener el ritmo de las operaciones, facilitar desplazamientos de civiles y evitar un colapso total que podría volverse contraproducente incluso para los objetivos de seguridad de Israel.
En paralelo, las negociaciones indirectas entre Israel y Hamás en Doha han fracasado nuevamente, sin avances concretos en torno a un alto el fuego o la liberación de rehenes. Israel ha planteado condiciones como la desmilitarización del enclave y el exilio de dirigentes de la milicia, propuestas que han sido rechazadas por el grupo palestino. Aun así, las autoridades israelíes han dejado entrever que podrían ajustar el ritmo de la ofensiva para facilitar un acuerdo, en caso de que surja una oportunidad diplomática viable.
La decisión de Netanyahu deja en evidencia una vez más las tensiones internas dentro del propio Gobierno israelí, donde persisten profundas diferencias sobre cómo manejar la relación entre operaciones militares y necesidades básicas de la población civil.
La ayuda humanitaria, aunque limitada y temporal, podría marcar el inicio de un reajuste más amplio en la estrategia israelí, especialmente si se consolida el nuevo sistema de distribución independiente de Hamás. Por ahora, no parece que este gesto implique un cambio de rumbo significativo en la guerra, pero sí introduce un nuevo matiz: la necesidad de gestionar el conflicto no solo desde el plano militar, sino también con una mínima consideración hacia la crisis humanitaria en desarrollo, que no era exigida desde la Casa Blanca hasta la gira de Trump por Oriente Próximo.@mundiario

