Macron busca desbloquear la crisis en Francia con un nuevo primer ministro tras la dimisión de Lecornu

Emmanuel Macron, presidente de Francia; Robert Golob, primer ministro de Eslovenia y Luís Montenegro, primer ministro de Portugal. / Consejo Europeo
El presidente francés prevé anunciar en las próximas horas a su nuevo jefe de Gobierno para superar la parálisis institucional y evitar unas elecciones anticipadas que podrían favorecer a la ultraderecha de Le Pen.

La política francesa vive una de sus semanas más confusas y tensas en años. Tras una serie de giros inesperados, el primer ministro dimisionario, Sébastien Lecornu, ha confirmado que el presidente Emmanuel Macron nombrará a un nuevo jefe de Gobierno en “las próximas 48 horas”, en un intento por recuperar el control de una escena política fracturada y evitar el riesgo de una disolución parlamentaria que podría entregar el poder a la extrema derecha de Marine Le Pen.

En una entrevista televisiva en France 2 que puso fin a días de rumores, Lecornu —que presentó su dimisión el lunes y continuó ejerciendo funciones interinas— aseguró que “una mayoría de la Asamblea Nacional rechaza la disolución” y que “hay un camino posible” para formar un Gobierno capaz de aprobar los presupuestos y estabilizar el país. Tras sus declaraciones, el Palacio del Elíseo confirmó que Macron se dispone a designar un nuevo primer ministro, posiblemente antes del fin de semana.

La decisión llega tras tres jornadas de incertidumbre política en las que Lecornu, fiel escudero de Macron y exministro de Fuerzas Armadas, intentó sin éxito formar una mayoría estable entre el bloque presidencial, la derecha tradicional y sectores de la izquierda moderada. El presidente le había concedido un margen de 48 horas para buscar un consenso que evitara tanto el colapso institucional como el adelanto electoral. Finalmente, el balance fue insuficiente.

La dimisión de Lecornu es el síntoma más reciente de la crisis de gobernabilidad que arrastra Macron desde hace más de un año. Con una Asamblea Nacional dividida en tres bloques —el macronismo, la izquierda aglutinada en el Nuevo Frente Popular (NFP) y la ultraderecha del Reagrupamiento Nacional (RN)—, el Ejecutivo ha sido incapaz de aprobar sus principales reformas, mientras la popularidad del presidente cae a mínimos históricos: apenas un 14 % de aprobación, según los últimos sondeos.

La reforma de las pensiones, aprobada por decreto y que elevó la edad de jubilación de 62 a 64 años, sigue siendo el gran punto de fractura. Su posible suspensión ha sido una de las condiciones planteadas por los socialistas para apoyar a un nuevo Gobierno, pero ese gesto implicaría un golpe político para Macron y un coste fiscal que podría superar los 3.000 millones de euros en 2027. La derecha, por su parte, se opone tajantemente a cualquier marcha atrás en esa medida, mientras los sindicatos presionan para reabrir el debate.

Lecornu, entre la lealtad y el desgaste

Durante su entrevista en, Lecornu se presentó como un “soldado monje”, dispuesto a cumplir cualquier misión, pero dio a entender que no aspira a continuar en Matignon. “He cumplido mi misión. He hecho todo lo posible”, afirmó, aunque sin descartar del todo su continuidad. Su gestión de 27 días, sin embargo, ha estado marcada por la falta de apoyos parlamentarios y el desgaste de un Ejecutivo en minoría desde las legislativas de 2024.

Algunos analistas ven en Lecornu la figura de un “fusible político”: un primer ministro sacrificado para ganar tiempo mientras Macron busca un perfil capaz de reconducir la legislatura. Entre los nombres que suenan figuran dirigentes del ala moderada socialista y centrista, así como miembros del entorno presidencial que podrían tender puentes hacia la izquierda.

La hipótesis de un primer ministro de centroizquierda gana fuerza entre los observadores políticos, especialmente porque en los tres intentos del último año, Macron se ha rehusado a cohabitar con un primer ministro de izquierdas y se ha decantado a formar un Gobierno de coalición con la derecha tradicional de Los Republicanos (LR) y buscar el favor de la líder de la ultraderecha, Marine Le Pen. Esa opción podría facilitar acuerdos con el Partido Socialista (PS) con sus antiguos socios del Nuevo Frente Popular, aunque conllevaría un riesgo: una mayor fractura interna en el macronismo, ya debilitado por la falta de cohesión ideológica.

En el otro extremo, la ultraderecha de Le Pen ya ha anunciado que votará en contra de cualquier Ejecutivo que no convoque elecciones. “Apoyaré mociones de censura contra todos los Gobiernos mientras no haya una disolución (de la Asamblea), porque eso impide al pueblo que se exprese”, declaró la líder del RN, que encabeza las encuestas con un 35 % de intención de voto. Su postura convierte cualquier intento de gobernar en un ejercicio de equilibrio casi imposible.

Macron, entre el pragmatismo y la erosión

Para Macron, el nuevo nombramiento es una prueba de supervivencia política. Su mandato atraviesa un periodo de desgaste sin precedentes, con una creciente desafección ciudadana, presiones de los mercados financieros y críticas incluso dentro de su propia coalición. La dimisión de Lecornu, después de apenas tres semanas en el cargo, ha sido el tercer revés gubernamental en menos de un año, tras las salidas de Michel Barnier (exrepublicano) y François Bayrou (líder del centrista MoDem).

El presidente busca ahora un perfil que pueda mantener a raya a la oposición, aprobar los presupuestos y contener la erosión institucional. Pero en una Francia polarizada, con un Parlamento bloqueado y una ciudadanía hastiada de maniobras palaciegas, la tarea se presenta titánica.

El anuncio del Elíseo cierra, al menos temporalmente, la posibilidad de elecciones anticipadas, pero no resuelve la crisis de fondo. Francia sigue atrapada entre la falta de mayoría y el temor a un triunfo de la extrema derecha en caso de volver a las urnas. El país observa con expectación los próximos movimientos del presidente, consciente de que su elección marcará el rumbo político del quinquenio. @mundiario