El Kremlin y sus agentes encubiertos: una red secreta de espías ilegales en Occidente
La pareja, que pasó una década tejiendo una vida ficticia en América Latina y Europa, apenas podía expresarse en su idioma materno cuando agradecieron públicamente a Rusia por su rescate de una prisión en Eslovenia. Tras su detención en diciembre de 2022, las autoridades eslovenas descubrieron un complejo sistema de comunicación encriptada y grandes sumas de dinero en su vivienda, evidencias de su labor clandestina para el Servicio de Espionaje Exterior ruso (SVR). Sus hijos, que desconocían por completo su verdadera nacionalidad, fueron criados en español, desconectados de sus raíces rusas, una muestra de la profundidad de su encubrimiento.
El caso de los Dultsev es solo uno entre muchos que evidencian cómo Rusia ha reactivado su red de espionaje ilegal tras la invasión de Ucrania en 2022, especialmente después de que cientos de diplomáticos rusos fueran expulsados de Occidente, desmantelando gran parte de la infraestructura de espionaje legal del Kremlin. En respuesta, Moscú ha intensificado el uso de agentes ilegales, individuos que operan bajo identidades falsas, a menudo adquiridas en países de América Latina mediante métodos fraudulentos, como la usurpación de identidades de bebés fallecidos o el soborno a funcionarios.
Estos espías, conocidos como "ilegales", son entrenados durante años para adoptar completamente sus nuevas identidades, llegando a prohibírseles incluso pensar en ruso. Algunos de los más notorios, como Rudolf Abel en la década de 1950, han inspirado películas y series de televisión, pero la realidad de estos operativos es mucho más oscura y compleja. Los "ilegales" no solo recopilan información sensible, sino que también actúan como intermediarios para otros agentes rusos y mercenarios, facilitando operaciones delicadas en Europa, donde el despliegue de agentes del GRU, la inteligencia militar rusa, se ha vuelto cada vez más difícil.
América Latina ha sido un terreno fértil para la creación de nuevas identidades para estos agentes. Países como Argentina, Brasil y Perú han servido como puntos de partida para numerosos "ilegales" que luego se infiltran en Europa. La historia de los Dultsev es un ejemplo claro: después de obtener la ciudadanía argentina en 2014, se establecieron en Eslovenia en 2017, donde llevaron una vida aparentemente normal hasta su arresto.
El arresto de estos espías suele ser resultado de complejas operaciones de inteligencia de Occidente, que a menudo prefieren seguirles la pista antes de capturarlos, en un intento de obtener más información o de destapar a otros miembros de la red. Sin embargo, una vez que son intercambiados, como ocurrió con los Dultsev, su utilidad para Moscú no termina necesariamente. Algunos, como ocurrió con otros espías rusos canjeados en el pasado, son recompensados con altos cargos en empresas estatales, puestos políticos o roles en medios de comunicación.
El presidente ruso, Vladímir Putin, que en su día fue agente del KGB, ha mostrado un respeto particular por estos "ilegales". A su regreso a Moscú, son recibidos con honores, independientemente de si su misión fue un éxito o un fracaso. Aunque la misión de espionaje haya terminado para muchos de ellos, la lealtad al Kremlin les asegura un lugar en la sociedad rusa, donde se les considera patriotas y héroes.
Este relato de espionaje encubierto pone de manifiesto la continua batalla entre Rusia y Occidente, una guerra silenciosa donde los agentes ilegales juegan un papel crucial. En un mundo donde las redes sociales y la tecnología han hecho que la creación de identidades falsas sea más difícil que nunca, el Kremlin sigue invirtiendo en estos operativos, demostrando que, a pesar de los retos, la presencia sobre el terreno de estos agentes sigue siendo un elemento clave en su estrategia global. @mundiario


