J.D. Vance vuelve a la carga contra Europa: “no puede ser un vasallo militar eterno de EE UU”
Las palabras del vicepresidente estadounidense, J.D. Vance, durante una reciente entrevista con UnHerd, no solo resonaron como una crítica directa al statu quo de la seguridad europea, sino como una advertencia con ecos históricos. Al invocar la figura de Charles de Gaulle, símbolo de la independencia estratégica francesa, Vance volvió a agitar el fantasma de una Europa subordinada, dependiente y pasiva frente a los retos de defensa.
Según Vance, tanto la UE como Washington se ven perjudicados por una relación de seguridad desequilibrada. “No es del interés de Europa —ni del de EE UU— que Europa siga siendo un vasallo militar permanente de Estados Unidos”, afirmó con contundencia. Esta frase marca un nuevo capítulo en el giro que la administración Trump —y ahora Vance como su vicepresidente— quiere imprimir a la política exterior norteamericana.
El vicepresidente fue más allá de la crítica coyuntural. Al referirse a episodios históricos como la crisis de Suez de 1956 —cuando EE UU forzó al Reino Unido y Francia a abandonar su intento de controlar el canal tras la nacionalización por parte de Egipto—, Vance defendió que, incluso entonces, los europeos tenían razones legítimas para defender sus intereses sin injerencias. Ese gesto de Washington, para él, simboliza el paternalismo estratégico que ha regido la relación transatlántica durante décadas.
También rescató la guerra de Irak para poner en evidencia la falta de autonomía europea. Aunque muchos países del continente se opusieron a la invasión, Vance sostuvo que su escasa capacidad de presión dejó el tablero en manos de Washington. “Si Europa hubiese sido más independiente y valiente, tal vez podría haber frenado aquella catástrofe”, declaró, en alusión a un conflicto que terminó desgastando profundamente la imagen de EE UU en el mundo.
El diagnóstico de Vance: una Europa débil en defensa
Vance no se anduvo con rodeos: “la infraestructura de seguridad europea lleva toda mi vida siendo subvencionada por Estados Unidos”. Esta afirmación se alinea con la visión del presidente Trump, que lleva años presionando para que los miembros de la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) aumenten drásticamente su gasto militar. La nueva exigencia: destinar un 5 % del PIB a defensa —más del doble del objetivo actual de la alianza.
El vicepresidente arremetió especialmente contra los países que, a su juicio, han descuidado sus capacidades militares, salvando solo al Reino Unido, Francia y Polonia. A su entender, el resto de Europa se ha acomodado en una arquitectura de defensa dependiente del músculo estadounidense, mientras mantiene prioridades presupuestarias que dejan a un lado la seguridad nacional.
Críticas veladas a Zelenski y tensiones con Ucrania
En medio de sus reflexiones geoestratégicas, Vance también reservó munición para el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski. En una entrevista reciente en el histórico programa estadounidense de la CBS 60 Minutes, Zelenski lo acusó de “justificar” la invasión rusa y de caer en la trampa de la desinformación del Kremlin. Vance respondió con dureza. “Es absurdo que Zelenski diga que el Gobierno (estadounidense), que está actualmente manteniendo su Gobierno al completo y sus esfuerzos bélicos, que estamos de alguna manera del lado de Rusia”.
Este cruce de declaraciones reflota el malestar creciente entre Washington y Kiev, cristalizado en la visita a la Casa Blanca en la que Zelenski tuvo una conversación televisada y a cara de perro con Trump y su número dos, tras la cual se cortó la ayuda militar y de inteligencia estadounidense a los ucranianos.
Más allá de la retórica agresiva, las palabras de Vance tienen un fondo que muchos en Europa ya no pueden ignorar. La seguridad del continente no puede depender indefinidamente de la voluntad de una potencia que comienza a mirar más al Indo-Pacífico que al Atlántico Norte.
La llamada a una “autonomía estratégica”, popularizada por Emmanuel Macron y antes aupada a su manera por De Gaulle, cobra nueva fuerza ante unos Estados Unidos que ya no garantiza su compromiso automático con la defensa europea. La cuestión es si los líderes europeos están dispuestos a convertir esa aspiración en realidad o si seguirán confiando en un paraguas que, según Vance, cada vez está más desgastado. @mundiario





