Israel llega a una respuesta para Irán: promete no atacar sus infraestructuras nucleares y petroleras

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, aseguró a Washington que las represalias por el ataque iraní del 1 de octubre se centrarán exclusivamente en objetivos militares.
Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel. / X @netanyahu
Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel. / X @netanyahu

La promesa de Israel de no atacar infraestructuras nucleares ni el sector petrolero en Irán ha aliviado tanto a Estados Unidos como a los mercados internacionales, estabilizando el panorama tras semanas de incertidumbre. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, aseguró a Washington que las represalias por el ataque iraní del 1 de octubre se centrarán exclusivamente en objetivos militares, según el diario The Washington Post. Esta promesa asegura que las dos líneas rojas impuestas por Estados Unidos (evitar el sector nuclear y petrolero), no se cruzarán, al menos a corto plazo, mitigando así el temor de una escalada mayor en la región.

Israel opta así por una vía menos controversial, evitando un impacto económico y político que podría haber desencadenado una crisis global. Atacar las instalaciones nucleares de Irán habría sido un movimiento arriesgado, y un ataque al petróleo iraní podría haber castigado más a los consumidores internacionales que al propio régimen iraní. La decisión, que evita perjudicar el suministro global de petróleo, también busca reducir el impacto que un aumento en los precios del combustible podría tener en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, programadas para el 5 de noviembre.

La confirmación de este enfoque llegó en una conversación entre Netanyahu y el presidente estadounidense, Joe Biden, el pasado 8 de octubre, en la que también participó la vicepresidenta Kamala Harris. La oficina del primer ministro israelí no ha desmentido estas informaciones, aunque aclaró que Israel tomará decisiones en función de sus propios intereses nacionales, aun cuando escucha las preocupaciones de sus aliados.

La reacción de los mercados no se hizo esperar. El precio del petróleo Brent cayó más del 5%, situándose en torno a los 74 dólares por barril, un nivel cercano al registrado antes del ataque iraní a Israel. Esta caída supone un alivio para los consumidores, especialmente en Occidente y China, ambos dependientes del crudo del Golfo Pérsico. También es un respiro para los bancos centrales, que están tratando de controlar la inflación mediante la reducción de los tipos de interés.

El temor inicial era que un ataque israelí contra la infraestructura petrolera de Irán, el séptimo mayor productor mundial de crudo, pudiera eliminar miles de barriles del mercado, exacerbando la volatilidad del sector energético. No obstante, la decisión de Netanyahu ha calmado las aguas, y la posibilidad de que Irán cierre el Estrecho de Ormuz, un paso crítico para el transporte de crudo y gas natural, parece ahora remota.

El impacto positivo también se ha extendido al mercado del gas en Europa, donde los precios han retrocedido cerca del 4%, quedando por debajo de los 40 euros por megavatio hora. Esta estabilización reduce la presión sobre la región, que se enfrenta a desafíos en el suministro energético debido a su dependencia del gas natural iraní, el tercer productor mundial.

En paralelo a estas decisiones, Estados Unidos ha confirmado el envío de sistemas de defensa antiaérea a Israel, fortaleciendo las capacidades de defensa del país. Según el diario Financial Times, esta nueva batería antiaérea, del tipo THAAD, será operada por un contingente de aproximadamente 100 militares estadounidenses. Este sistema ya está desplegado en otras partes de Oriente Próximo y se ha diseñado para interceptar misiles de gran altitud, proporcionando una protección adicional en previsión de posibles represalias iraníes.

Estos refuerzos llegan en un momento clave, dado que el sistema de defensa antimisiles de Israel ha enfrentado cierta escasez de recursos tras los recientes ataques iraníes, incluidos los 300 misiles y drones lanzados el pasado 1 de octubre. Aunque Israel sufrió daños en algunas de sus bases aéreas, las autoridades han asegurado que no hubo víctimas ni daños críticos.

La proximidad de las elecciones presidenciales en Estados Unidos ha influido notablemente en la estrategia tanto de Israel como la del Gobierno de EE UU. La Administración Biden, preocupada por las consecuencias económicas de una escalada en los precios del petróleo, ve con alivio la promesa israelí de no atacar el sector energético iraní. Cualquier aumento significativo en los precios del combustible podría perjudicar a los demócratas, especialmente a la candidata Kamala Harris, quien enfrenta una contienda electoral muy ajustada contra Donald Trump.

El enfoque prudente de Israel no solo calma los mercados, sino que también reduce la presión sobre el electorado estadounidense, que se muestra sensible al posible aumento del costo de vida. Este movimiento estratégico también subraya la importancia de la estabilidad en la región del Golfo Pérsico, una zona clave para el suministro global de energía.

Si bien Israel ha confirmado que su represalia será “letal” y “sorpresiva”, según el ministro de Defensa Yoav Gallant, se espera que la operación sea medida, tal como ocurrió en la respuesta israelí de abril. Sin embargo, la magnitud del ataque de octubre, con casi 300 misiles lanzados por Irán, marca una nueva fase en el conflicto, lo que podría desencadenar respuestas más contundentes por parte de Israel. @mundiario

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