Irán amplía el tablero de la guerra: del Golfo Pérsico al Cáucaso en su pulso con EE UU e Israel
La guerra iniciada tras los bombardeos de EE UU y Israel contra instalaciones militares y nucleares de Irán ha pasado a convertirse en una confrontación que cubre con su sombra todos los extremos de Oriente Próximo. En menos de una semana, el conflicto se ha extendido por varios países vecinos y ha comprometido la estabilidad estratégica de la región, clave para la mayor producción de petróleo y gas del mundo.
El último episodio se produjo en Najicheván, enclave de Azerbaiyán separado del resto del país por Armenia. Allí, un ataque con drones impactó en un aeropuerto y en una zona residencial cercana a una escuela, lo que llevó al presidente Ilham Aliyev a ordenar a sus fuerzas armadas prepararse para el “máximo nivel de combate”. Bakú calificó el incidente de “acto terrorista”, aunque Teherán negó cualquier responsabilidad y acusó a Israel de intentar provocar una escalada regional mediante operaciones de falsa bandera.
Pero el episodio deja en evidencia que el conflicto ya no se limita al Golfo Pérsico, sino que amenaza con arrastrar a actores periféricos que hasta ahora habían permanecido al margen. Además, la tensión entre Irán y Azerbaiyán no es nueva. En los últimos años, Teherán ha observado con creciente preocupación la estrecha cooperación entre Bakú y Tel Aviv, particularmente en el ámbito militar y tecnológico.
El recelo iraní también se ha intensificado por el proyecto del corredor terrestre conocido como “Zangezur”, promovido en el marco de la iniciativa bautizada como “Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad Internacional” para zanjar la guerra con Ereván por la zona del Nagorno Karabaj, un enclave cuya mayoría armenia emprendió el éxodo en 2023 tras la conquista de Bakú en una incursión que, además, puso fin a la autoproclamada República de Artsaj. Este corredor conectaría el enclave de Najicheván con el territorio continental de Azerbaiyán a través de Armenia, alterando los equilibrios estratégicos del Cáucaso.
El Golfo Pérsico y la guerra por el petróleo
Mientras el frente caucásico emerge como nuevo foco de tensión, el Golfo Pérsico continúa siendo el escenario central de la confrontación.
La Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica reivindicó un ataque contra un petrolero estadounidense en el norte del Golfo Pérsico, en una operación que marca una escalada significativa en la guerra marítima. Según la versión iraní, el buque fue alcanzado por un misil y quedó envuelto en llamas.
Este episodio se suma a una cadena de incidentes navales registrados en el Estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del planeta, por donde transita cerca del 20 % del petróleo mundial.
En apenas unos días:
- Varios petroleros han sido atacados o dañados;
- Centenares de barcos han quedado retenidos frente a las costas del Golfo;
- El tráfico marítimo se ha reducido drásticamente.
Ante el riesgo de colapso comercial, el presidente Donald Trump anunció el despliegue de la armada estadounidense para escoltar a buques comerciales a través del estrecho.
El patrón de represalias iraníes revela una estrategia de presión indirecta contra los aliados regionales de Washington. En los últimos días se han registrado ataques o incidentes relacionados con drones y misiles en:
- Emiratos Árabes Unidos, donde fragmentos de un dron interceptado cayeron en Abu Dabi.
- Qatar, que evacuó a civiles cerca de la embajada estadounidense en Doha.
- Arabia Saudí, donde se repelieron drones en la región fronteriza de Al Yauf.
- Omán y Jordania, que también interceptaron aeronaves no tripuladas.
Incluso Turquía informó de la interceptación de un misil, mientras que Chipre y Azerbaiyán han sido señalados como posibles nuevos escenarios de escalada. La lógica de Teherán pasa por ampliar el campo de batalla para dispersar las capacidades militares de Estados Unidos y sus aliados.
Irak y la dimensión kurda
Otro frente emergente es el norte de Irak, donde fuerzas iraníes bombardearon posiciones de grupos kurdos opositores a la República Islámica.
Teherán acusa a organizaciones como Komala y el Partido Democrático Kurdo (PDK) de colaborar con potencias extranjeras. Estas milicias, por su parte, mantienen contactos con Washington y han coordinado esfuerzos dentro de una nueva coalición kurda.
La dimensión kurda también complica el tablero de guerra, y no necesariamente sobre un territorio en concreto. Los kurdos son la mayor nación sin Estado del mundo, con unos 30 millones de personas repartidas entre Turquía, Irán, Irak y Siria. Cualquier intento de instrumentalizar sus movimientos armados puede desencadenar nuevas tensiones regionales.
El Levante mediterráneo: la sombra de Hezbolá
La guerra también se refleja en el Levante mediterráneo, donde el aliado más importante de Irán, Hezbolá, ha intensificado su enfrentamiento con Israel. Tras ataques de la milicia chií, el ejército israelí ha respondido con bombardeos en Beirut y otras zonas del Líbano, extendiendo el conflicto hacia uno de los escenarios más volátiles de Oriente Próximo.
Desde una perspectiva estratégica, Irán enfrenta un dilema existencial. Tras los ataques contra instalaciones nucleares y militares —incluyendo plantas en Natanz—, el régimen busca sobrevivir a la presión militar sin enfrentarse directamente a la superioridad tecnológica de EE UU.
La respuesta ha sido asimétrica:
- Ataques indirectos contra infraestructuras energéticas.
- Presión sobre rutas marítimas clave.
- Activación de aliados regionales.
- Expansión geográfica del conflicto.
El objetivo es elevar el coste político, militar y económico de la guerra para Washington y sus socios.
Un conflicto cada vez más regional
Los datos disponibles reflejan la magnitud de la escalada: más de 1.300 muertos en al menos nueve países desde el inicio de la guerra, con la mayoría de víctimas en Irán y Líbano.
Pero más allá de las cifras, lo que preocupa a los analistas es la progresiva internacionalización del conflicto. Lo que comenzó como un enfrentamiento directo entre tres actores —Estados Unidos, Israel e Irán— se ha transformado en una crisis regional con múltiples escenarios simultáneos.
El Cáucaso, el Golfo Pérsico, el Levante y el Kurdistán iraquí forman ahora parte de un mismo tablero estratégico. Y cuanto más se amplía ese tablero, más difícil resulta contener la guerra dentro de límites previsibles.
En ese contexto, la pregunta clave ya no es si el conflicto se extenderá, sino hasta dónde llegará. @mundiario