Groenlandia rechaza la ola de visitas de altos cargos de EE UU y recela de las ambiciones de Trump
La tensión entre Estados Unidos y Groenlandia ha alcanzado un nuevo punto álgido tras el anuncio de la visita de Usha Vance, esposa del vicepresidente J. D. Vance, a la isla ártica. Su participación en la Avannaata Qimussersu, la carrera nacional de trineos tirados por perros, ha sido interpretada por el Gobierno groenlandés como un movimiento político encubierto por parte de la Administración de Donald Trump, quien ha reiterado su deseo de controlar la isla.
El primer ministro saliente de Groenlandia, Múte B. Egede, calificó la visita de “muy agresiva” y acusó a Washington de aumentar la presión sobre el territorio autónomo, que pertenece a Dinamarca. “Hasta hace poco, podíamos confiar en los estadounidenses, que eran nuestros amigos y aliados. Pero ese tiempo ya pasó”, declaró Egede al diario local Sermitsiaq.
La Casa Blanca anunció el viaje a través de un comunicado oficial, en el que afirmó que Usha Vance viajará acompañada de su hijo y una delegación de altos funcionarios estadounidenses. El documento señala que la visita tiene el objetivo de "explorar lugares históricos, aprender sobre el patrimonio groenlandés y celebrar la cultura local".
Sin embargo, la presencia en la delegación del secretario de Energía, Chris Wright, y del asesor de Seguridad Nacional, Michael Waltz, ha despertado aún más suspicacias. Egede consideró la inclusión de Waltz como una clara demostración de fuerza: “¿Cuál es el propósito de la presencia del consejero de Seguridad Nacional en Groenlandia? No hay otra razón que intimidarnos”, sentenció.
El descontento del Gobierno groenlandés se debe a las constantes declaraciones de Trump sobre su intención de adquirir o anexionar la isla. En su reciente discurso ante el Congreso, el presidente estadounidense reafirmó su postura con una declaración que encendió las alarmas:
“Groenlandia es una necesidad absoluta para la seguridad nacional de EE UU y creo que la vamos a conseguir. De una forma u otra, la vamos a conseguir”, afirmó Trump el 6 de marzo.
Trump ya había manifestado su deseo de comprar Groenlandia en 2019, cuando era presidente en su primer mandato, lo que provocó una fuerte reacción en Dinamarca, que rechazó categóricamente cualquier posibilidad de venta. Sin embargo, ahora, con un segundo mandato, el magnate inmobiliario parece decidido a ejercer una presión aún mayor sobre el territorio.
Rechazo dentro y fuera de Groenlandia
El posible futuro primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, líder del partido Demokraatit (Los Demócratas), también criticó la visita de la delegación estadounidense. “El hecho de que los estadounidenses sepan perfectamente que estamos en medio de negociaciones para formar Gobierno demuestra una nueva falta de respeto hacia el pueblo groenlandés”, afirmó.
En las recientes elecciones legislativas, los partidos independentistas obtuvieron una gran victoria, lo que indica un creciente sentimiento de autodeterminación en Groenlandia. La segunda fuerza política más votada, Naleraq, ha defendido que la isla debe iniciar su proceso de independencia lo antes posible para evitar ser absorbida por Estados Unidos.
El renovado interés de Trump en Groenlandia ha generado preocupación en Copenhague, ya que Dinamarca sigue teniendo la soberanía sobre el territorio. Aunque Groenlandia tiene un alto grado de autonomía, cualquier cambio en su estatus político afectaría directamente a los intereses daneses y a la estabilidad de la región ártica.
Las declaraciones de Trump han sido interpretadas por analistas como un intento de fortalecer la posición militar y geoestratégica de EE UU en el Ártico, una zona clave en la rivalidad con Rusia y China. La isla, rica en recursos naturales y con una ubicación estratégica, es considerada por Washington como un activo esencial para su seguridad nacional.
La visita de Usha Vance no es el primer acercamiento reciente de la administración Trump a Groenlandia. En enero, Donald Trump Jr., hijo del presidente, viajó a la isla en el avión privado del magnate republicano, lo que despertó especulaciones sobre una posible estrategia a largo plazo para establecer la influencia estadounidense en la región.
Aunque en ese momento Trump no ocupaba la presidencia y su hijo no tenía ningún cargo oficial, el viaje fue visto como una señal de interés continuo por parte de la familia Trump en Groenlandia. @mundiario


