Francia en la encrucijada: los sindicatos presionan a un primer ministro que aún no forma gobierno

Lecornu, recién nombrado por Macron, afronta sus primeras semanas en el cargo en un clima de tensión social y con la presión de unas movilizaciones que buscan condicionar el rumbo de su mandato.
Sébastien Lecornu, primer ministro de Francia. / @SebLecornu.
Sébastien Lecornu, primer ministro de Francia. / @SebLecornu.

El recién nombrado primer ministro de Francia, Sébastien Lecornu, afronta sus primeras semanas en el cargo en un clima de tensión social y con la presión de unas movilizaciones que buscan marcar el rumbo de su mandato.

Tras dos semanas en el cargo y sin haber conformado todavía su Gobierno, Lecornu se prepara para una tercera jornada de protestas convocada por los sindicatos, que ya han dejado claro que no están dispuestos a dar una tregua. El epicentro del conflicto: el presupuesto heredado de su predecesor, François Bayrou, que contemplaba fuertes recortes y congelación del gasto público en un gran viraje a la austeridad para salvar a Francia de la grave crisis financiera que atraviesa.

Coincidiendo con el inicio de la actividad parlamentaria la próxima semana, ocho sindicatos franceses volverán a movilizarse. La convocatoria llega después de una reunión de más de dos horas entre la intersindical y Lecornu, que, según los líderes sindicales, no ofreció compromisos claros. Para Marylise Léon, secretaria general de la Confederación Francesa Democrática del Trabajo (CFDT), la cita representaba “una oportunidad perdida” al no obtener respuestas concretas a las demandas sociales.

Sophie Binet, secretaria general de la Confederación General del Trabajo (CGT), fue aún más contundente: “no ha habido ni ruptura con lo anterior ni compromisos concretos”. Sus palabras apuntan directamente a la continuidad de las políticas de Bayrou, que provocaron la caída de su Gobierno al perder una cuestión de confianza.

Presupuestos en disputa

El plan de Bayrou incluía recortes de casi 44.000 millones de euros y la congelación del gasto en 2026, con el objetivo de reducir la deuda pública (113 % del PIB) y un déficit que ronda el 5,4 %. Sin embargo, estas medidas han encendido la protesta social y desencadenado la crisis política. Los sindicatos exigen la retirada total de este proyecto, junto a la derogación de la reforma de las pensiones de 2023, que elevó la edad de jubilación a 64 años y fue aprobada por decreto tras intensas movilizaciones.

Entre las líneas rojas de las organizaciones se encuentran también la supresión de 3.000 puestos en la función pública y la defensa de los servicios públicos esenciales, como Sanidad y Educación.

La debilidad institucional es evidente. El nombramiento de Lecornu se produjo tras la dimisión forzada de Bayrou, tras perder la confianza de la Asamblea Nacional el 8 de septiembre. Apenas un día después, el presidente Emmanuel Macron se apresuró a designar a su sucesor, justo antes de la primera gran protesta nacional. Desde entonces, las calles han sido el escenario de un pulso constante entre sindicatos y Gobierno, con más de un millón de personas movilizadas en la última jornada de protesta.

La falta de definiciones de Lecornu, tanto sobre su gabinete como sobre el rumbo económico, incrementa la sensación de incertidumbre. Por ahora, solo ha descartado una de las medidas más impopulares de Bayrou: la supresión de dos días festivos.

Lecornu ante un dilema político y social

Mientras los sindicatos rechazan los recortes, la izquierda francesa y parte de la sociedad civil empujan una alternativa: la llamada “tasa Zucman”, un impuesto del 2% a patrimonios superiores a los 100 millones de euros, inspirado en la propuesta del economista Gabriel Zucman. Esta medida, que cuenta con respaldo en la calle bajo el lema “Taxons les riches”, podría convertirse en una válvula de escape para el Ejecutivo si busca recuperar legitimidad sin abandonar el ajuste fiscal.

La patronal, sin embargo, ya ha expresado su preocupación e instó a que el nuevo presupuesto no perjudique la competitividad de las empresas, advirtiendo de la necesidad de dar “perspectivas” a la economía francesa.

El desafío que enfrenta Lecornu es doble: formar un Gobierno con autoridad política y, al mismo tiempo, demostrar capacidad de diálogo con una sociedad civil que tiende, por tradición, a movilizarse con fuerza. Si mantiene la herencia de Bayrou, corre el riesgo de que la calle condicione por completo el arranque de su mandato.

La semana que viene se convierte así en un momento decisivo. Las movilizaciones sindicales medirán el pulso de un país cansado de ajustes y de reformas impuestas. @mundiario

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