España niega cualquier implicación militar con EE UU en la ofensiva contra Irán

El Gobierno de Pedro Sánchez rechaza de forma rotunda las declaraciones de la Casa Blanca que apuntaban a una cooperación militar española con Estados Unidos.
José Manuel Albares, ministro de Exteriores. / @jmalbares.
José Manuel Albares, ministro de Exteriores. / @jmalbares.

El Ejecutivo español ha salido al paso de las afirmaciones realizadas desde Washington para desmentir de manera categórica que España vaya a colaborar militarmente con Estados Unidos en el actual conflicto con Irán. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, calificó de “tajantemente falsas” las palabras de la portavoz de la Casa Blanca, que había asegurado que Madrid se mostraba dispuesto a cooperar en las últimas horas.

La rectificación pública se produce en un momento de máxima tensión diplomática, después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, amenazara con adoptar represalias diplomáticas y comerciales contra España por la negativa del Gobierno a permitir el uso de las bases de Rota y Morón fuera del marco bilateral vigente.

Albares insistió en que la posición española “no ha cambiado ni una coma” y que cualquier utilización de instalaciones militares en territorio nacional debe ajustarse estrictamente a los acuerdos firmados y al paraguas del derecho internacional. “España es un país soberano”, subrayó el ministro, dejando claro que ninguna operación militar puede realizarse al margen de las Naciones Unidas ni de los compromisos formalmente establecidos.

Horas antes, el presidente Pedro Sánchez había sintetizado la postura del Ejecutivo en una fórmula inequívoca: “No a la guerra”. Con esa declaración, el jefe del Gobierno buscó fijar un mensaje político nítido en medio de un escenario internacional volátil y de creciente presión por parte de Washington.

La crisis diplomática coincide con una escalada bélica en Oriente Próximo. La OTAN confirmó que sistemas desplegados en territorio turco interceptaron un misil lanzado desde Irán que sobrevoló Irak y Siria antes de ser neutralizado sin causar daños. La Alianza Atlántica condenó el ataque, mientras Israel, con apoyo estadounidense, intensifica sus bombardeos sobre objetivos iraníes en Teherán y otras ciudades estratégicas.

El balance humano del conflicto supera ya el millar de fallecidos, en un contexto de intercambio de ataques que incluye lanzamientos de misiles contra posiciones estadounidenses en países del Golfo como Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí o Qatar. La región atraviesa uno de los momentos más inestables de los últimos años, con consecuencias que comienzan a sentirse en los mercados energéticos y en la economía global.

Desde Bruselas, la Comisión Europea ha trasladado su respaldo a España y ha advertido de que la Unión está preparada para proteger sus intereses ante cualquier medida coercitiva externa. Para el Ejecutivo español, cualquier presión dirigida contra Madrid afecta al conjunto del bloque comunitario.

Albares reconoció que el conflicto se encuentra en una fase imprevisible y alertó del riesgo de una espiral de violencia difícil de contener. “No sabemos cuándo alguien considerará cumplidos sus objetivos, pero sí sabemos que la estabilidad regional está en juego”, señaló, apelando a la necesidad de frenar la escalada.

En medio del cruce de declaraciones y amenazas, el Gobierno español busca proyectar una doble imagen: firmeza ante Washington y compromiso con la legalidad internacional. La clave, insisten en Moncloa, es evitar que la crisis en Oriente Próximo arrastre a España a una implicación militar no deseada y mantener la coherencia con su posición histórica de rechazo a la guerra. @mundiario

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