Escalada en Oriente Próximo: 85 niñas muertas en Irán y crece el temor a una guerra sin freno
La guerra, cuando se desata, suele empezar con discursos grandilocuentes sobre seguridad o defensa, pero termina dejando cicatrices en cuerpos y sociedades. El ataque contra una escuela de niñas en el sur de Irán, con al menos 85 fallecidas según las autoridades locales, es un recordatorio brutal de que las víctimas civiles pagan el precio más alto. La mayoría eran menores, estudiantes que no tenían relación alguna con decisiones políticas ni con la lógica militar. Su muerte convierte la discusión sobre la estrategia bélica en un debate moral y humano que no puede eludirse.
Los bombardeos atribuidos a Estados Unidos e Israel se inscriben en una ofensiva más amplia que, según fuentes israelíes, habría causado la muerte del ministro de Defensa iraní y de un comandante de la Guardia Revolucionaria. El objetivo declarado es debilitar estructuras consideradas hostiles, e incluso algunos líderes como Benjamin Netanyahu han hablado de cambiar la naturaleza del régimen iraní. Sin embargo, la historia demuestra que los cambios impuestos por la fuerza rara vez traen estabilidad duradera. Al contrario, suelen generar resentimiento y nuevas oleadas de violencia. La metáfora es clara: intentar apagar un incendio con gasolina solo amplía las llamas.
La respuesta iraní, con ataques a bases en la región y el bloqueo del Estrecho de Ormuz, añade incertidumbre a una economía global que depende del flujo de petróleo por esa ruta. La tensión se convierte así en un problema planetario, no solo regional. Cuando las cadenas de suministro se resienten, los precios suben y las sociedades más vulnerables sufren las consecuencias. Por eso la diplomacia no es un lujo, sino una necesidad.
Decenas de niñas muertas en una escuela del sur de Irán tras el ataque de EEUU e Israel pic.twitter.com/jzzYK5Q5Qg
— EL MUNDO (@elmundoes) February 28, 2026
Diplomacia frente a la espiral de violencia
El Consejo de Seguridad de la ONU se reúne de urgencia para analizar la situación. Es un paso imprescindible, aunque la eficacia del organismo ha sido cuestionada en numerosas ocasiones por vetos y divisiones. La llamada al cese inmediato de hostilidades del secretario general António Guterres refleja la conciencia de que la escalada puede salirse de control. La experiencia de conflictos pasados enseña que los diálogos, por imperfectos que sean, ofrecen salidas que la guerra no proporciona.
Desde España, el Gobierno ha condenado los ataques y defendido el derecho internacional. Esa posición encaja con una visión que prioriza la protección de civiles y la resolución de disputas mediante acuerdos. No se trata de tomar partido por uno u otro bando, sino de recordar que las normas comunes existen para evitar el caos. Cuando se violan, todos pierden.
El embajador iraní en Madrid, Reza Zabib, ha advertido de que la ofensiva socava la estabilidad regional. Su mensaje, más allá de la retórica diplomática, contiene una verdad evidente: las acciones militares generan reacciones, y esas reacciones pueden alimentar un ciclo interminable. La historia reciente de Oriente Próximo está plagada de ejemplos.
Mirar más allá de la confrontación
El dolor de las familias que han perdido a sus hijas en la escuela de Minab debería interpelarnos. No es una cifra, sino 85 historias truncadas. En sociedades democráticas y abiertas, la empatía es el punto de partida para cualquier reflexión política. Eso no significa ignorar amenazas ni renunciar a la seguridad, sino comprender que la seguridad duradera solo se construye con instituciones fuertes y acuerdos.
El conflicto entre Israel e Irán tiene raíces profundas, vinculadas a disputas geopolíticas, religiosas y de poder. Resolverlo exige paciencia y voluntad. Las soluciones rápidas suelen ser ilusorias. Como en una metáfora agrícola, plantar semillas lleva tiempo antes de ver frutos. La paz es uno de esos cultivos lentos.
La escalada actual demuestra que la guerra no ofrece respuestas definitivas. Las muertes de civiles, el riesgo para la estabilidad global y la incertidumbre económica son argumentos poderosos a favor de la diplomacia. Defender un enfoque que priorice el diálogo y el derecho internacional no es ingenuidad, sino realismo. Porque al final, la verdadera victoria es aquella que evita nuevas víctimas y abre la puerta a un futuro menos marcado por la violencia. @mundiario




