EE UU en Argentina: la nueva frontera del pulso geopolítico con China en el Sur Global

Los planes para establecer una base naval en Ushuaia, la ciudad más austral del mundo, buscan consolidar un punto estratégico para la proyección del poder estadounidense en la Antártida y el Atlántico.
El Comando Sur visita Ushuaia, ciudad argentina cercana a la Antártida. /@Southcom
El Comando Sur visita Ushuaia, ciudad argentina cercana a la Antártida. /@Southcom

Estados Unidos ha intensificado su presencia en América Latina como parte de una estrategia más amplia para contrarrestar la creciente influencia de China. Un punto clave de esta disputa global es el extremo austral de Argentina, con la ciudad de Ushuaia —puerta de entrada a la Antártida— en el centro del tablero. Los movimientos del antiguo Gobierno del expresidente estadounidense Joe Biden y de la actual Administración de Donald Trump subrayan cómo la inclinación geopolítica hacia esta región se ha intensificado, con un enfoque en la seguridad estratégica, las rutas marítimas y la proyección antártica.

Durante la reciente visita del jefe del Comando Sur estadounidense, el almirante Alvin Holsey, no solo se reunió con las principales autoridades argentinas, sino que también recorrió el terreno donde se prevé levantar una base naval integrada y un centro logístico antártico de gran envergadura. El proyecto, impulsado por el Gobierno del mandatario argentino Javier Milei y con fuerte respaldo de Washington, se plantea como una inversión estratégica, aunque aún no se han difundido cifras oficiales. Versiones extraoficiales mencionan una inversión de aproximadamente 360 millones de dólares.

El interés estadounidense en Ushuaia no es nuevo, pero ha cobrado fuerza con la alineación ideológica del nuevo Ejecutivo argentino y en un contexto de creciente competencia global con China. De hecho, el Gobierno anterior de Alberto Fernández había buscado financiamiento chino para la base, pero la iniciativa no prosperó. El cambio de administración abrió la puerta a un respaldo más activo por parte de EE UU, primero con la visita de la general Laura Richardson en 2024 y ahora con la de Holsey.

Washington ve en Ushuaia una plataforma estratégica para múltiples objetivos. En primer lugar, se trata del punto habitado más cercano a la Antártida —a apenas 1.000 km— y, por tanto, ideal para proyectar influencia sobre ese continente rico en recursos naturales y sujeto a disputas diplomáticas. La futura base funcionaría como centro logístico para actividades científicas y operaciones de mantenimiento, pero también como punto clave en la vigilancia de rutas marítimas que ganan relevancia con el deshielo del polo sur.

En segundo lugar, la base permitiría a Estados Unidos reforzar su presencia en el Atlántico Sur y el pasaje bioceánico, una ruta alternativa al canal de Panamá. Esto adquiere relevancia ante los esfuerzos paralelos de EE UU para controlar el tránsito en esa vía interoceánica y evitar que caiga bajo la influencia de China, que ha multiplicado sus inversiones en infraestructura en América Latina en los últimos años.

Una disputa extendida al hemisferio sur

El caso de Ushuaia refleja una tendencia global: el Ártico y la Antártida, antes considerados periferias estratégicas, están cada vez más al centro de las tensiones entre potencias. Estados Unidos, Rusia y China han acelerado su presencia en estas regiones, motivados por intereses económicos (como la explotación de recursos naturales) y estratégicos (control de rutas de navegación y posicionamiento militar).

La visita del Comando Sur a Argentina fue presentada oficialmente como una oportunidad para supervisar el rol argentino en la protección de rutas marítimas clave. Sin embargo, también se enmarca dentro de una estrategia estadounidense más amplia de contención de China en la región, especialmente en zonas de alto valor estratégico. El Gobierno de Donald Trump, que busca reforzar el papel global de EE UU desde una perspectiva más transaccional, ha renovado su interés en proyectos como el de Ushuaia para asegurar su primacía regional.

Desde el punto de vista argentino, el respaldo estadounidense puede traducirse en inversión, transferencia tecnológica y mayor proyección internacional. Para un país con recursos limitados debido al default ambiental ( ha consumido más de lo que puede regenerar) y un alto nivel de endeudamiento, el financiamiento externo para infraestructura crítica es una necesidad. La apuesta de Milei es posicionar a Argentina como un socio confiable de EE UU y capitalizar el interés geopolítico de Washington.

Desde la perspectiva de EE UU, asegurar una alianza firme con Argentina en el extremo sur del continente implica consolidar una ventaja estratégica sobre China, que ha buscado expandir su influencia a través de inversiones y acuerdos en infraestructura en América Latina. Una base en Ushuaia con participación estadounidense también permitiría vigilar mejor el tránsito marítimo en el Atlántico Sur, proyectar presencia en la Antártida y reforzar la narrativa de defensa de un “orden basado en reglas” en zonas en disputa. @mundiario

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