El futuro del Donbás en el centro de las negociaciones: ¿por qué está bajo la mirada de Putin?
La reciente cumbre de Alaska entre el presidente de EE UU Donald Trump y su homólogo ruso, Vladímir Putin, vuelve a situar al Donbás en el centro del debate internacional. El presidente ruso planteó como condición esencial para avanzar hacia un acuerdo de paz que Ucrania retirara sus tropas de Donetsk y Lugansk, las dos provincias que conforman esta región industrial. La exigencia ha sido recibida con receptividad por Washington, pero con un rechazo inmediato en Kiev, donde Volodímir Zelenski advirtió que estos territorios estratégicos podrían ser utilizados como un "trampolín" ideal para nuevas ofensivas rusas en el futuro.
Para Moscú, el Donbás tiene un peso simbólico y estratégico de trayectoria. Desde 2014, cuando Rusia armó y financió a grupos separatistas, la región se ha convertido en la pieza más disputada del tablero. La invasión de 2022 consolidó el control ruso sobre casi el 88% del territorio, incluida casi toda la provincia de Lugansk y tres cuartas partes de Donetsk. El Kremlin pretende completar ese dominio con una cesión formal por la vía diplomática, sin disparar un solo tiro adicional.
Más allá de su valor histórico, Donbás es el corazón industrial de Ucrania. En sus suelos abundan los yacimientos de carbón, metales no ferrosos, titanio, zinc y las codiciadas tierras raras, cada vez más demandadas en el mercado global y por el Gobierno de Trump. Incluso la parte aún bajo control ucraniano contiene reservas de uranio. Este factor económico convierte la disputa territorial en algo más que un simple diferendo geopolítico; se trata de recursos que definen la capacidad energética e industrial futura de la región.
Desde el punto de vista militar, el terreno del Donbás constituye una barrera natural frente al avance ruso. Además, Ciudades como Kramatorsk, Sláviansk o Pokrovsk han sido fortificadas durante más de una década. “En los últimos 11 años, Ucrania ha estado invirtiendo tiempo, dinero y esfuerzo para reforzar la fortaleza del cinturón (defensivo) y establecer una significativa infraestructura industrial y militar en el interior y alrededor de estas ciudades”, recordó el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), en un informe. “El fracaso de Rusia a la hora de apoderarse de Sláviansk en 2022 y las luchas en curso para rodear el cinturón de fortalezas subrayan el éxito de los esfuerzos a largo plazo de Ucrania para reforzar las ciudades del cinturón de fortalezas”, agrega.
Si Kiev aceptara la retirada, la línea de separación con Rusia se desplazaría unos 70 kilómetros hacia el oeste, obligando a Ucrania a improvisar nuevas fortificaciones en llanuras mucho más difíciles de defender. Esa eventualidad abriría a Moscú un corredor hacia Dnipropetrovsk y Járkov, lo que aumentaría el riesgo de nuevas ofensivas. De ahí que Zelenski advierta que entregar Donbás no significaría la paz, sino un respiro temporal antes de un nuevo ataque.
El propio presidente ucraniano lo ha expresado con claridad: “Todos queremos terminar esta guerra de forma rápida y confiable. Y la paz debe ser duradera. No como hace años, cuando Ucrania fue obligada a ceder Crimea y parte de nuestro Este —parte del Donbás— y Putin simplemente lo usó como base para un nuevo ataque”. Para Zelenski, cualquier concesión territorial sería utilizada por Moscú como plataformas para futuras ofensivas.
En el plano interno, la cuestión también es delicada. Las encuestas del Instituto Internacional de Sociología de Kiev señalan que el 75% de los ucranianos se opone a ceder territorio a Rusia. Además, la Constitución establece que la soberanía del país “se extiende a todo su territorio” y que las fronteras son “indivisibles e inviolables”. El ministro de Justicia, German Galushchenko, explicó al diario El País que modificar este principio requeriría un complejo proceso parlamentario y un dictamen del Tribunal Constitucional, algo virtualmente imposible bajo la actual ley marcial.
Este es un problema para la estrategia de Trump, que busca presionar por un acuerdo de paz rápido a expensas de un alto el fuego previo. La Casa Blanca ha aceptado las condiciones rusas de negociar sin un cese a las hostilidades. Sin embargo, la Constitución ucraniana no puede modificarse mientras esté en vigor la ley marcial, la cual seguirá vigente hasta que finalice la guerra. Por lo tanto, Zelenski no tendría la autoridad para aceptar dicha cesión.
Ante las reticencias de kiev, Trump ha sostenido que Zelenski podría “terminar la guerra casi de inmediato” si aceptara negociar territorios, descartando además la posibilidad de que Ucrania se una a la OTAN o recupere Crimea. El líder republicano ha transmitido esa posición a los socios europeos, lo que ha provocado tensiones entre quienes priorizan el fin de la guerra y quienes temen que se repita el precedente de Crimea en 2014 y se abra la puerta a nuevas agresiones.
Para Putin, en cambio, la reclamación del Donbás forma parte de un relato histórico más amplio. El Kremlin presenta la región como un territorio ligado culturalmente a Rusia y como símbolo de la herencia soviética. Además de su riqueza industrial, el acceso al mar de Azov convierte al área en un espacio de valor estratégico. Controlar Donbás reforzaría un corredor directo hacia Crimea, consolidando la presencia rusa en el sur de Ucrania y ganar nuevos ingresos económicos para Moscú.
Ante este panorama, la respuesta de Zelenski ha sido firme. Más allá de los gestos diplomáticos, Kiev insiste en que el futuro de Donbás no se decide en la mesa de negociación, sino en el terreno (las líneas del frente) y dentro del marco legal ucraniano. “La nación no puede aceptar lo que la Constitución prohíbe”, subrayó el presidente, consciente de que ceder la región equivaldría a abrir la puerta a una vulnerabilidad aún mayor en los próximos años. @mundiario


