Debacle laborista en Gorton y Denton: el ecopopulismo pone a Starmer contra las cuerdas a su izquierda
El Partido Laborista del Reino Unido ha sufrido un severo revés electoral en la elección parcial de Gorton y Denton. La victoria del Partido Verde y el segundo puesto de la ultraderecha de Reform UK dejan al primer ministro Keir Starmer en una posición comprometida, presionado por su izquierda y cuestionado sobre su liderazgo a pocas semanas de nuevas citas electorales clave.
La circunscripción de Gorton y Denton, en el área metropolitana de Mánchester, llevaba más de 15 años en manos laboristas. En las últimas generales, el partido había superado el 50 % de los votos. Ahora, en una elección parcial marcada por la baja participación —37.000 votantes—, el vuelco ha sido abrupto.
El Partido Verde, liderado por Zack Polanski, logró el 41% de los sufragios. Reform UK, la formación ultraderechista impulsada por Nigel Farage, alcanzó el 29 %. El Partido Laborista quedó relegado al tercer puesto con el 26 %. Los conservadores apenas rozaron el 2 %.
La magnitud de la caída, más de 25 puntos porcentuales respecto a 2024, convierte el resultado en algo más que un simple “castigo intermedio” al Gobierno. Uno de los pilares del liderazgo de Starmer ha sido la idea del “voto útil” progresista: concentrar el apoyo en el laborismo para frenar a la derecha radical. En Gorton y Denton esa lógica se ha quebrado.
Starmer, bajo presión interna
Una parte del electorado de izquierdas optó por el discurso combativo de los verdes, que combinan agenda climática con un tono más confrontativo en temas como desigualdad, fiscalidad o política exterior. Otra parte migró hacia la formación populista de Nigel Farage, reflejo de un malestar transversal con la clase política tradicional que también afecta a los conservadores.
El resultado apunta a una fragmentación por la izquierda, con el ascenso verde; y por la derecha, con la consolidación de Reform UK como alternativa estructural al Partido Conservador. El tradicional bipartidismo británico aparece cada vez más erosionado.
El propio Starmer admitió que el resultado era “decepcionante”, aunque recordó que los gobiernos suelen sufrir reveses en elecciones parciales. Prometió seguir “luchando”, sin dar señales de repliegue.
Sin embargo, las críticas dentro del laborismo no tardaron en aflorar. Sharon Graham, secretaria general del sindicato Unite, reclamó un giro más nítido hacia las demandas sociales y acusó al partido de desconectarse de su base obrera. Desde hace meses, el ala izquierda cuestiona la estrategia centrista de Starmer.
Reform UK y el efecto Farage
También planea la sombra de Andy Burnham, alcalde de Mánchester y figura con amplio respaldo entre las bases. Starmer bloqueó su posible candidatura en esta elección parcial alegando que supondría anticipar elecciones en un ayuntamiento importante, pero el resultado ha reavivado el debate sobre si Burnham habría podido evitar la derrota y si podría convertirse en alternativa futura.
Si para el laborismo el golpe viene por la izquierda, para los conservadores la amenaza procede de la derecha. Reform UK consolida su posición como segunda fuerza en un feudo tradicionalmente obrero del norte de Inglaterra.
La formación de Farage capitaliza el descontento con los partidos tradicionales y mantiene una narrativa nacionalista y antiestablishment. Las encuestas ya anticipan que podría desplazar definitivamente a los tories como principal referencia del electorado conservador. El escenario es inédito, laboristas y conservadores, las dos columnas del sistema político británico durante más de un siglo, aparecen presionados simultáneamente por fuerzas populistas en ambos extremos.
¿Cambio de ciclo en la izquierda británica?
El Partido Verde cuenta ahora con cinco diputados en Westminster, una cifra modesta frente a los 404 laboristas. Pero el sistema mayoritario británico —que premia al más votado en cada circunscripción— puede amplificar rápidamente cambios de tendencia si estos se consolidan territorialmente.
Polanski ya ha declarado que su objetivo es “reemplazar” al laborismo como principal fuerza de izquierdas. Aunque ese escenario aún parece lejano a escala nacional, el simple hecho de que sea concebible marca un cambio profundo en cómo se ha ido desarrollando la política británica.
Starmer superó recientemente una rebelión interna que amenazó su liderazgo, una vez más, después del escándalo del exembajador Peter Mandelson vinculado al pederasta Jeffrey Epstein. Esta derrota añade presión y reduce su margen de maniobra. Su supervivencia política podría depender menos de la oposición y más de su capacidad para recomponer la unidad interna y ofrecer un proyecto reconocible a un electorado progresista que hoy se siente dividido. @mundiario





