La crisis en Gaza y el papel de la ONU: entre acusaciones y necesidades básicas
La reciente declaración del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, señalando que la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA) es “una filial de Hamás”, abre un debate urgente sobre la ayuda humanitaria en Gaza. Esta acusación, sin pruebas presentadas y ya cuestionada por la Corte Internacional de Justicia, pone en riesgo la asistencia de alimentos, educación y atención médica a más de dos millones de personas atrapadas en el enclave.
Es fundamental entender que la UNRWA no es un actor político, sino una institución humanitaria. Acusarla de colaborar con un grupo armado equivale a confundir la sombra con la luz: mientras los palestinos necesitan sostén diario, la política internacional tiende a mezclar intereses geoestratégicos con necesidades básicas. La consecuencia inmediata es la precarización de la población más vulnerable y un obstáculo para cualquier plan de paz duradero.
La trampa de la percepción y la narrativa oficial
El gobierno israelí, con apoyo estadounidense, ha construido una narrativa que vincula a la UNRWA con Hamás. Pero este relato choca con los informes internacionales, que destacan que la agencia ha mantenido su labor de manera neutral durante décadas. La diplomacia de Washington, al intentar equilibrar su apoyo incondicional a Israel con la gestión de la tregua, termina por generar contradicciones: mientras elogian la tregua y los esfuerzos de mediación, simultáneamente desacreditan al principal actor humanitario sobre el terreno.
Es un ejemplo de cómo la política puede erosionar la confianza en instituciones vitales. La metáfora que mejor ilustra esta situación es la de un puente que se mantiene en pie pero al que continuamente se le quitan piezas: por más que se quiera cruzar, la travesía se vuelve insegura.
Necesidad de soluciones integrales y sostenibles
La población gazatí necesita garantías claras: educación, alimentos, atención médica y refugio no pueden depender de la percepción política de terceros. Negar la labor de la UNRWA no solo amenaza la supervivencia diaria de millones de personas, sino que debilita cualquier perspectiva de estabilidad futura. Una solución práctica sería fortalecer la supervisión internacional de la ayuda, asegurando transparencia y rendición de cuentas, sin paralizar la asistencia.
Además, los actores internacionales deberían priorizar la cooperación entre agencias humanitarias y la diplomacia multilateral, evitando convertir a las organizaciones en peones de disputas políticas. Solo así se puede garantizar que la ayuda llegue a quienes realmente la necesitan y que la tregua no se vea empañada por la desconfianza.
El conflicto en Gaza no se resolverá de la noche a la mañana, pero la claridad, la neutralidad y la protección de los derechos humanos deben ser innegociables. Ignorar estas prioridades equivale a construir castillos de arena frente a un mar agitado: tarde o temprano, todo se derrumba. @mundiario




