Colombia se adentra en una espiral diplomática: Petro tensa al máximo la cooperación con EE UU

El nuevo episodio de crisis con Trump marca un punto de inflexión en la política exterior colombiana, que apuesta por consolidar su liderazgo progresista a costa de una relación bilateral clave para la economía y seguridad.

Gustavo Petro, presidente de Colombia, y John McNamara, encargado de negocios de EE UU. / @infopresidencia
Gustavo Petro, presidente de Colombia y John McNamara, encargado de negocios de EE UU. / @infopresidencia

La diplomacia entre Colombia y EE UU atraviesa su momento más tenso en décadas. El Gobierno de Gustavo Petro decidió este lunes llamar a consultas a su embajador en Washington, Daniel García-Peña, tras una escalada de declaraciones entre el presidente colombiano y el mandatario estadounidense, Donald Trump, que ha desatado un auténtico terremoto político en la región. La Cancillería confirmó la medida mientras Petro recibía en Bogotá al encargado de negocios estadounidense, John McNamara, en un intento por contener la crisis que amenaza con deteriorar una relación estratégica construida durante más de medio siglo.

El detonante inmediato fue el anuncio de Trump de suspender las ayudas económicas y militares destinadas a la lucha antidrogas, así como la imposición de nuevos aranceles a las importaciones colombianas. Las declaraciones del republicano, que calificó a Petro de “líder del narcotráfico” y “lunático”, se produjeron después de que el presidente colombiano acusara a EE UU de violar la soberanía nacional al bombardear un submarino en el Caribe, donde viajaban dos tripulantes latinoamericanos, uno de ellos colombiano. Petro denunció el ataque como un “asesinato” y una “acción ilegal”, mientras exigía explicaciones a Washington.

Las represalias anunciadas por la Casa Blanca podrían tener efectos inmediatos sobre la economía colombiana. EE UU continúa siendo el principal socio comercial del país, con un flujo de exportaciones clave en el marco del Tratado de Libre Comercio (TLC). Con la imposición unilateral de un arancel del 10 %, el acuerdo queda prácticamente suspendido, según admitió el propio Petro, quien calificó la decisión de Trump como una violación de los compromisos internacionales.

El golpe financiero se suma a la suspensión de fondos de cooperación —tanto policiales como humanitarios— que habían sostenido durante décadas la lucha conjunta contra el narcotráfico. En 2024, más del 70 % de la ayuda humanitaria que recibió Colombia procedía de EE UU, según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA). La interrupción de esos flujos, advierten economistas, afectará especialmente a los programas de sustitución de cultivos ilícitos y al desarrollo rural en regiones vulnerables.

Petro, entre la soberanía y la confrontación

El presidente colombiano ha optado por responder con firmeza. En un mensaje en redes sociales, aseguró que la respuesta del Gobierno será “inteligente y soberana”, y que implicará a todo su gabinete en la definición de las medidas. “El TLC está suspendido de facto por decisión unilateral del Gobierno estadounidense”, escribió, insistiendo en su tesis de que Washington ha roto los lazos de cooperación.

La vicepresidenta Francia Márquez, por su parte, llamó al diálogo y apeló a la necesidad de preservar “la vida y la dignidad de los pueblos”, mientras advertía de que las sanciones anunciadas por Trump golpearán principalmente a los sectores más pobres de la sociedad colombiana. Sin embargo, dentro y fuera del país, analistas y figuras políticas advierten de que la confrontación con la administración republicana podría tener un alto costo geopolítico.

El discurso de Petro, cada vez más marcado por referencias bolivarianas y antiimperialistas, intenta reforzar su imagen entre sectores progresistas internacionales, pero a la vez lo distancia de Washington.

De socio estratégico a rival incómodo

Durante dos décadas, Colombia fue el principal aliado de Washington en América Latina, especialmente en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo. Esa alianza permitió a Bogotá recibir miles de millones de dólares en cooperación militar y técnica. Pero la llegada de Petro al poder, con su discurso antineoliberal y su cercanía a gobiernos de izquierda de la región, ha reconfigurado la relación bilateral.

Los recientes desencuentros —desde la descertificación de Colombia en materia antidrogas hasta la revocación del visado del propio Petro por “acciones imprudentes e incendiarias”— muestran que la paciencia de Washington se agota. Y con la Casa Blanca bajo la conducción de un Trump cada vez más impredecible, el margen de maniobra para la diplomacia colombiana parece estrecharse.

La llamada a consultas del embajador García-Peña simboliza un punto de inflexión: Colombia entra en una etapa de redefinición de su política exterior. Mientras Petro intenta proyectarse como líder progresista global, el país enfrenta el riesgo de un aislamiento que podría comprometer su estabilidad económica y su rol histórico como puente entre América Latina y EE UU. @mundiario

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