Colombia 2026: la izquierda se reorganiza y la derecha busca consenso para desbancar a Petro
La campaña presidencial en Colombia, aunque todavía distante en el calendario, comienza a perfilarse con nitidez. A menos de un año de las elecciones presidenciales de 2026, el tablero político muestra movimientos significativos en ambos extremos del espectro ideológico: mientras la izquierda organiza sus primarias con la irrupción de Iván Cepeda como nueva figura central, la derecha busca articular una coalición amplia capaz de disputarle el poder al proyecto progresista del presidente Gustavo Petro, la coalición del Pacto Histórico. El centro, hasta el momento, luce desorientado.
La consulta interna de octubre en el sector progresista será decisiva para definir el rumbo de la izquierda colombiana. El anuncio del senador Iván Cepeda como precandidato revitalizó el debate, situándolo como un contrapeso de peso frente a dos figuras ya posicionadas: el exsenador Gustavo Bolívar, con gran respaldo en las bases, y el exalcalde de Medellín Daniel Quintero, cuya estrategia mediática y polémica situación judicial lo mantienen en el centro de la discusión.
La izquierda repite así la estrategia que en 2022 catapultó a Petro, quien consolidó su liderazgo a través de una consulta que no solo le otorgó legitimidad, sino también un importante caudal electoral. El reto para Cepeda, Bolívar y Quintero es lograr que la competencia interna no fragmente el voto progresista, sino que refuerce la cohesión de cara a la primera vuelta de mayo de 2026.
En el otro extremo, el Centro Democrático definió que su candidato será escogido entre cinco aspirantes mediante una encuesta programada entre diciembre y enero. La derecha enfrenta un desafío crucial: superar las divisiones internas y canalizar el descontento de un electorado que exige un contrapeso claro al Gobierno de Petro, especialmente tras el asesinato del precandidato puntero, el exsenador Miguel Uribe Turbay.
El dilema de la derecha: fragmentación o coalición
La urgencia de unificar fuerzas se evidenció en la cena convocada por César Gaviria, expresidente liberal, en la que participaron líderes del Nuevo Liberalismo, Cambio Radical, La U y el Partido Conservador. Aunque todavía en fase exploratoria, estas conversaciones apuntan a una consulta conjunta en marzo de 2026, durante las legislativas, para definir un candidato único.
El antecedente inmediato genera tanto expectativas como temores. En 2022, la consulta de centro sumó apenas 2,1 millones de votos frente a los 5,6 millones de Petro y aliados, y los cuatro millones de la derecha. Ese fracaso electoral pesa como advertencia: un mal resultado en una consulta puede desinflar incluso al aspirante mejor posicionado.
La posibilidad de un gran bloque opositor enfrenta múltiples obstáculos. La presencia del uribismo, representado en la reunión por su director nacional, Gabriel Vallejo Chufji, tensiona las conversaciones con sectores más moderados.
En paralelo, otra corriente de aspirantes independientes y regionales —desde el exgobernador de Antioquia Aníbal Gaviria hasta el exalcalde de Bogotá Enrique Peñalosa y el exconcejal capitalino Juan Daniel Oviedo— explora mecanismos de unidad basados en encuestas. Sin embargo, la ausencia de figuras como la exalcaldesa bogotana Claudia López o el también exregidor de Medellín Sergio Fajardo limita la proyección de un centro más amplio, empujando la iniciativa hacia el centroderecha.
El filtro de las firmas y la batalla de legitimidades
En este escenario de fragmentación, el papel de los candidatos por firmas será clave. Más de 60 aspirantes se han inscrito, pero solo quienes logren recoger las 600.000 firmas requeridas podrán continuar en la carrera. El proceso servirá como filtro natural que reducirá el amplio abanico actual de opciones presidenciales.
El riesgo para la oposición es evidente: si los múltiples caminos hacia la unidad no cristalizan en un candidato competitivo, el oficialismo podría llegar fortalecido a una segunda vuelta con una izquierda cohesionada frente a una derecha dividida.
La clave, como siempre en Colombia, será la capacidad de las fuerzas políticas para traducir negociaciones en votos. Y, de momento, tanto el progresismo como la oposición parecen más enfocados en resolver sus propios dilemas internos que en desplegar una estrategia nacional de mayor alcance. @mundiario






