China defiende la soberanía de Dinamarca sobre Groenlandia: diplomacia para cortejar a Europa

Pekín lanza un guiño estratégico a Copenhague en medio de las tensiones con EE UU, al respaldar la soberanía danesa sobre la isla ártica. Un gesto que espera respaldos recíprocos con Taiwán.
Delegación danesa encabezada por el ministro de Exteriores Lars Løkke Rasmussen durante un encuentro en Pekín con su homólogo chino Wang Yi. /Ministerio de Asuntos Exteriores de Dinamarca
Delegación danesa encabezada por el ministro de Exteriores Lars Løkke Rasmussen durante un encuentro en Pekín con su homólogo chino Wang Yi. /Ministerio de Asuntos Exteriores de Dinamarca

Con un movimiento diplomático cuidadosamente calculado, China ha manifestado públicamente su respaldo a la “integridad territorial” de Dinamarca en relación con Groenlandia, el vasto territorio autónomo que ha estado en el centro de recientes presiones por parte del presidente estadounidense Donald Trump. Este respaldo no solo representa un gesto de apoyo a Copenhague, sino también una maniobra con la que Pekín busca fortalecer su influencia en Europa y obtener, además, respaldo en asuntos clave para su política exterior, como Taiwán.

Durante un encuentro en Pekín con su homólogo danés Lars Løkke Rasmussen, el ministro de Asuntos Exteriores de China, Wang Yi, declaró que su país “respeta plenamente la soberanía y la integridad territorial de Dinamarca en la cuestión de Groenlandia”. Estas palabras llegan en un momento en el que Trump ha reiterado su interés en anexionar la isla, alegando motivos de seguridad nacional y geoestrategia, lo que ha sido rechazado tajantemente tanto por las autoridades groenlandesas como danesas.

China no ofrece este tipo de respaldos gratuitamente. El mensaje de Wang Yi incluyó un matiz significativo: “Esperamos que Dinamarca continúe apoyando la posición legítima de China sobre cuestiones relativas a su soberanía e integridad territorial”. En otras palabras, el respaldo a Dinamarca implica, de forma tácita, una expectativa de reciprocidad, especialmente en lo relativo a la cuestión de Taiwán.

Dinamarca, como la mayoría de los países del mundo, no reconoce oficialmente a Taiwán como Estado independiente, aunque mantiene vínculos informales con la isla. Sin embargo, la reciente visita a Copenhague de la expresidenta taiwanesa Tsai Ing-wen, donde se reunió con parlamentarios daneses y participó en un foro democrático, causó incomodidad en Pekín. La declaración conjunta tras la reunión entre Wang y Rasmussen señala que Dinamarca se reafirma en su adhesión a la política de “una sola China”, lo que puede interpretarse como un gesto de conciliación ante la presión diplomática china.

Cooperación económica y ambiental como vía de acercamiento

Además del respaldo mutuo en cuestiones de soberanía, ambos países han reiterado su intención de profundizar su cooperación práctica, especialmente en los ámbitos de la economía verde, la innovación tecnológica y el libre comercio. Dinamarca posee una reconocida experiencia en energías renovables, particularmente en energía eólica, un área que resulta clave para China en su estrategia de transición ecológica.

El canciller Wang subrayó que China está dispuesta a trabajar con Dinamarca en la promoción del desarrollo verde, mantener una apertura comercial bilateral y fomentar la inversión mutua. Estas áreas de cooperación coinciden con los intereses estratégicos daneses y europeos, en un contexto en que la Unión Europea intenta mantener una relación equilibrada con China, al tiempo que afronta presiones comerciales y políticas tanto desde Washington como desde Pekín.

El respaldo chino a la integridad territorial de Dinamarca sobre Groenlandia puede interpretarse como una respuesta indirecta al expansionismo retórico de Trump, cuya Administración ha suavizado su postura hacia la UE, una cooperación que incomoda a Pekín. La insistencia en el caso de Groenlandia busca aumentar la actividad diplomática de China en un asunto que ha llevado a Copenhague a buscar alianzas más allá de sus socios tradicionales, como la Unión Europea y la OTAN. En este contexto, el gesto chino representa un contrapeso diplomático valioso, aunque no exento de ambigüedad.

Para Pekín, el acercamiento a Dinamarca cumple varios objetivos: debilitar el frente occidental ante China; fomentar relaciones económicas en sectores clave para su desarrollo; y proyectar una imagen de actor responsable en la defensa del multilateralismo y el orden internacional, en contraste con los posicionamientos unilaterales de Washington.

Un delicado equilibrio

Dinamarca, por su parte, parece dispuesta a aprovechar esta apertura china con cautela. El Gobierno danés ha reiterado su apoyo al libre comercio y su oposición al “desacoplamiento” económico entre Europa y China, una idea que gana terreno entre ciertos sectores europeos ante el creciente desequilibrio comercial. Al mismo tiempo, Copenhague no parece dispuesta a renunciar completamente a sus valores democráticos ni a sus lazos con Estados Unidos y la OTAN, por lo que deberá gestionar cuidadosamente su margen de maniobra.

El respaldo de China a Dinamarca en la cuestión de Groenlandia es un ejemplo más de cómo Pekín emplea la diplomacia bilateral como herramienta para ampliar su influencia y conseguir apoyos clave en el escenario internacional. Aunque el gesto pueda parecer simbólico, su trasfondo revela una estrategia calculada: China no busca legitimidad para sus propias reivindicaciones.

En un contexto de crecientes tensiones geopolíticas, este tipo de alianzas puntuales pueden marcar diferencias en los foros multilaterales y en la configuración de un nuevo equilibrio global. Para Dinamarca, el reto es claro: aceptar los gestos sin comprometer sus principios ni su posición dentro del bloque occidental. @mundiario

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