Benín, entre la incertidumbre y la tensión tras un fallido golpe militar
Benín despertó el domingo con una noticia que alteró la estabilidad que el país africano había mantenido durante más de tres décadas: un grupo de militares apareció en la televisión pública anunciando la destitución del presidente Patrice Talon y la instauración de un “Comité Militar para la Refundación de la República”. Este mensaje, leído con solemnidad frente a las cámaras, afirmaba la suspensión de la Constitución y el cierre de todas las fronteras, una señal inequívoca de la intención de tomar el control del Estado.
El anuncio estuvo liderado por el teniente coronel Tigri Pascal, quien se autoproclamó presidente del comité militar. Los insurgentes justificaron su acción mencionando el deterioro de la seguridad nacional, especialmente en el norte del país, y la supuesta negligencia del Gobierno hacia los soldados fallecidos en operaciones de resistencia contra el Estado Islámico.
Entre el caos y la zozobra, apenas horas después, el ministro del Interior y Seguridad Pública, Alassane Seidou, compareció en la televisión pública para afirmar lo contrario y asegurar que el intento había sido “neutralizado”. Según el Gobierno, se trataba de un “pequeño grupo” de militares amotinados, supuestamente incapaces de extender su control más allá del estudio de televisión que habían ocupado temporalmente.
Las autoridades instaron a la ciudadanía a retomar sus actividades cotidianas, subrayando que el Estado y sus instituciones seguían funcionando. El ministro de Exteriores, Olushegun Adjadi Bakari, reforzó esta versión, asegurando que las fuerzas leales al presidente habían recuperado el “control absoluto”.
No obstante, la ausencia de una comunicación directa del presidente Talon, combinada con disparos reportados alrededor de su residencia en Cotonú, alimentó dudas sobre la magnitud real de los hechos. Al menos trece militares pertenecientes al grupo han sido detenidos, informó a EFE una fuente del Ejército. Sin embargo, el teniente coronel Pascal Tigri, quien lideró la operación armada en la cadena de televisión, y otro integrante del grupo lograron escapar.
Confusión sobre el paradero del presidente y la magnitud del enfrentamiento
Una fuente anónima cercana al Ejército, citada por agencias internacionales, afirmó que Talon se encontraba “a salvo”, aunque no detalló su localización ni el alcance de los enfrentamientos. La interrupción temporal de la señal de radio y televisión públicas, posteriormente restablecida, contribuyó a la sensación de incertidumbre ante un enfrentamiento que se extendió a ciegas por la ciudad que alberga la sede del Gobierno.
Las embajadas de Francia y Estados Unidos han mantenido las alertas a sus ciudadanos en las que advertían sobre disparos en zonas cercanas al complejo presidencial y recomendaron evitar el desplazamiento. Este tipo de avisos diplomáticos suele ser un indicio de que la estabilidad, aunque formalmente restaurada, no está completamente garantizada.
El episodio estalló en un momento especialmente delicado. Benín se encamina hacia unas elecciones presidenciales en abril de 2026 en las que Patrice Talon, tras dos mandatos, no podrá presentarse. Su partido ha designado como sucesor a Romuald Wadagni, actual ministro de Economía y Finanzas, un gesto que sus críticos interpretan como un intento de continuidad bajo otro nombre.
En paralelo, los opositores emblemáticos continúan encarcelados desde 2021, lo que ha deteriorado la imagen democrática del país. La reciente reforma constitucional —que extendió los mandatos presidenciales de cinco a siete años— ha avivado la percepción de que el oficialismo busca blindar su control institucional.
Además, la exclusión del principal candidato opositor, Renaud Agbodjo, por falta de “patrocinadores suficientes”, ha alimentado aún más el descontento entre los ciudadanos y algunos sectores militares.
El desafío de la seguridad: una excusa o una alarma real
Los militares sublevados justificaron su acción denunciando la crisis de seguridad en el norte de Benín, donde grupos yihadistas vinculados a Al Qaeda y al Estado Islámico han multiplicado sus ataques. En abril, un atentado dejó 54 soldados muertos, el peor golpe sufrido por el país en años.
La escalada de amenazas en esa región ha reconfigurado la política nacional, introduciendo un factor que antes estaba prácticamente ausente de la agenda de Benín. En este contexto, el discurso militar del “abandono de los caídos” podría conectar con sectores del Ejército frustrados por la falta de recursos o reconocimiento.
Sin embargo, el Gobierno sostiene que estos argumentos no pasan de ser un pretexto para desestabilizar el proceso de sucesión presidencial.
Por otro lado, la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO/ECOWAS) condenó de forma inmediata el intento de golpe, reafirmando su compromiso con la defensa de la Constitución beninesa. La región, sacudida por múltiples golpes militares en los últimos años —Burkina Faso, Níger, Malí, Guinea y Guinea-Bissau—, se encuentra en un estado de alta vigilancia ante cualquier amago de ruptura institucional.
La posibilidad de que Benín, tradicionalmente uno de los países más estables de África Occidental, se sumara a esta tendencia generó preocupación internacional.
Soldiers in Benin appeared on state TV claiming to have toppled President Patrice Talon, but government officials say they stopped the coup attempt and remain in control. pic.twitter.com/pXYSyCmMFU
— Al Jazeera English (@AJEnglish) December 7, 2025
Y, aunque el Gobierno asegura haber retomado el control total, la falta de detalles oficiales, la ausencia de imágenes verificadas del presidente Talon y la información fragmentada generan un escenario cargado de interrogantes. Benín se enfrenta ahora al desafío de recomponer la confianza interna y externa en sus instituciones, responder a las tensiones previas a las elecciones y clarificar qué sectores del Ejército estuvieron implicados en la intentona.
El episodio del domingo, aunque aparentemente controlado, deja al descubierto un terreno político fragilizado por disputas internas, tensiones sucesorias y un contexto de inseguridad que sigue creciendo. Más allá de si el golpe estuvo condenado al fracaso desde el principio, su mera ocurrencia muestra que, bajo la superficie de estabilidad que ha caracterizado a Benín desde 1991, existen fisuras que podrían ampliarse a medida que se acerque los comicios presidenciales de 2026. @mundiario


