Golpe de Estado en Guinea-Bisáu: la cúpula militar toma el poder en pleno recuento electoral
Guinea-Bisáu, uno de los países más políticamente volátiles de África Occidental, entró este miércoles en una nueva fase de inestabilidad tras la irrupción de un grupo de militares autodenominados Alta Comandancia Militar para la Restauración del Orden. El movimiento castrense anunció la destitución inmediata del presidente Umaro Sissoco Embaló, la suspensión de todas las instituciones del Estado y el cierre total de las fronteras.
El golpe se produjo en pleno escrutinio de los votos de las elecciones presidenciales y legislativas celebradas el domingo, cuyos resultados provisionales se esperaban para este jueves. La tensión había aumentado después de que tanto Embaló como su principal rival, Fernando Dias, se autoproclamaran vencedores, alimentando un clima de desconfianza que desembocó en esta nueva asonada militar.
Antes del anuncio oficial del golpe, Embaló denunció haber sido retenido en su despacho por un grupo de militares. Según declaró a medios como JeuneAfrique y France 24, el jefe del Ejército de Tierra sería el principal responsable de la revuelta. Junto a él habrían sido detenidos el jefe de las Fuerzas Armadas, su segundo al mando y el ministro del Interior.
Testimonios locales y de agencias internacionales indican que se escucharon disparos en torno al palacio presidencial y la sede de la comisión electoral en Bisáu, epicentros del recuento de votos. Por ahora, se desconoce el paradero exacto del presidente depuesto.
La crisis electoral, detonante del golpe
El ambiente postelectoral ya estaba marcado por la polarización. Los partidarios de Embaló aseguraban que había ganado con un 65 % de los votos, mientras que Dias afirmaba haber obtenido el 51 %. Estas proclamaciones prematuras alimentaron las sospechas de manipulación electoral en un país donde el Ejército tiene un largo historial de intervenciones políticas.
La misión de observación de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Cedeao) había señalado que la jornada electoral transcurrió con “relativa calma” y sin irregularidades significativas. Sin embargo, la exclusión del líder opositor Domingos Simoes Pereira de la carrera presidencial ya había creado un clima de profunda tensión.
Desde su independencia de Portugal en 1974, Guinea-Bisáu ha atravesado una guerra civil, cinco golpes de Estado consumados y numerosos intentos fallidos. Embaló, que llegó al poder en 2020 tras una disputa electoral que paralizó el país durante dos meses, ya había gobernado apoyado por parte del Ejército.
El mandato de Embaló ha estado marcado por conflictos institucionales, incluyendo la suspensión del Parlamento tras la derrota de su partido en las últimas legislativas. La creciente militarización de la vida política explica en parte la fragilidad del actual proceso. Además, el país ha sido señalado internacionalmente como un punto clave del tráfico de drogas entre América Latina y Europa, un contexto que históricamente ha alimentado tensiones entre cúpulas militares y políticas.
Un futuro inmediato incierto
La Alta Comandancia Militar ha pedido “calma” a la población y asegura que actuó para evitar un supuesto plan de desestabilización ligado a la manipulación de los resultados electorales. Sin embargo, la suspensión de los comicios y de las actividades de los medios de comunicación profundiza la opacidad del proceso y agrava la crisis de legitimidad.
La comunidad internacional, que ya en ocasiones anteriores reconoció gobiernos surgidos de situaciones irregulares, se enfrenta al reto de responder ante este nuevo episodio. Mientras tanto, Guinea-Bisáu vuelve a situarse en el centro de la preocupación regional por la estabilidad democrática en África Occidental, una región que en los últimos años ha vivido una sucesión de golpes de Estado.
En un país donde las urnas rara vez marcan el destino político sin la sombra de los cuarteles, el futuro inmediato permanece en manos de una cúpula militar que ha tomado el poder “hasta nueva orden”. @mundiario





