Alemania se rearma: la promesa de Merz de lograr “el ejército más fuerte de Europa”

Friedrich Merz, líder de la CDU en Alemania. / RR.SS

Bajo la amenaza de Rusia y ante la incertidumbre sobre el compromiso de EE UU con la UE, Berlín apuesta por la fuerza como pilar disuasorio. Pero, ¿hasta qué punto este giro redefine el equilibrio europeo y los valores del viejo continente?

La declaración del nuevo canciller alemán, Friedrich Merz, de que Alemania contará con “el ejército más fuerte de Europa” no es solo una promesa ambiciosa: es un punto de inflexión histórico. A menos de una semana de su accidentada investidura, Merz ha dejado claro ante el Bundestag que su Gobierno priorizará el rearme y la reconstrucción del Bundeswehr. Y lo hará con el respaldo de una reforma constitucional que, por primera vez desde la II Guerra Mundial, libera al gasto militar de las ataduras presupuestarias que históricamente lo limitaron.

Con una inversión que podría superar los 500.000 millones de euros en los próximos años, Alemania da un paso decidido hacia el rearme convencional. Esto no incluye armas nucleares, pero sí implica convertir a sus fuerzas armadas en las más poderosas del continente en términos de capacidad operativa, logística y tecnológica. El mensaje es claro: Berlín busca disuadir a cualquier potencial agresor —en referencia directa a Moscú— y tomar un papel protagonista en la seguridad europea.

Durante décadas, Alemania mantuvo una política de defensa moderada, marcada por la culpa histórica del nazismo y un compromiso casi sacrosanto con el pacifismo constitucional. La idea de que Berlín liderara el rearme europeo habría sido impensable hace solo una década. Sin embargo, la invasión rusa de Ucrania en 2022 y la posibilidad cada vez más real de una retirada del respaldo militar estadounidense bajo un eventual nuevo mandato de Donald Trump han hecho saltar todas las alarmas.

El llamado Zeitenwende (giro de época) iniciado por Olaf Scholz tras la agresión rusa, ahora se profundiza con Merz, quien pretende consolidar a Alemania como el nuevo eje de la defensa europea. Este cambio no solo responde a una amenaza externa, sino también a una reflexión interna sobre el papel que debe jugar Alemania en un mundo cada vez más multipolar e inestable.

Un canciller bajo presión y una coalición frágil

La contundente propuesta militarista de Merz también busca reforzar su propia legitimidad. Llegó a la Cancillería por la vía de la segunda votación, tras un fallido primer intento en el Bundestag donde 18 diputados de su coalición le retiraron el apoyo. La fragilidad de su mandato es palpable, y su alianza con los socialdemócratas no ha sido bien recibida por todos los sectores conservadores.

La líder de la extrema derecha, Alice Weidel (AfD), le reprochó en su discurso inaugural ser un “canciller de segunda opción” y le acusó de debilidad por moderar su programa de gobierno por pactar con la izquierda. Merz, consciente de ese desafío, eligió como carta de presentación un discurso pragmático y contundente, enfocado en restaurar el poderío militar y económico de Alemania. El rearme, en ese sentido, funciona también como símbolo de fortaleza política.

Rearme, migración y bienestar: el nuevo trípode del Gobierno Merz

Pese a su dureza retórica en defensa, Merz ha moderado su discurso en otros frentes clave, como la política migratoria. Ha defendido la necesidad de reducir las solicitudes de asilo en frontera y reforzar el control, pero también ha afirmado —en una frase que lleva el sello socialdemócrata— que Alemania “fue, es y será un país de inmigración”. Este equilibrio discursivo refleja los compromisos incómodos de una coalición que intenta mantener el centro político en un país donde la extrema derecha gana terreno.

En el plano económico, Merz también ha virado: ha abandonado el dogma de la austeridad y ha abrazado un ambicioso plan de gasto público, no solo para el ejército, sino también para infraestructuras y bienestar social. El ideal de “bienestar para todos”, inspirado en Ludwig Erhard, vuelve a ocupar el centro del relato gubernamental, en un intento de reconectar con los alemanes tras años de estancamiento económico y descontento ciudadano.

¿Una Alemania armada es garantía de paz?

La pregunta que sobrevuela este giro alemán es tan simple como inquietante: ¿una Alemania rearmada garantiza estabilidad o siembra nuevas incertidumbres? Para algunos socios europeos, la reaparición de un liderazgo militar alemán genera alivio ante la parálisis de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la amenaza rusa. Para otros, despierta viejos temores y plantea interrogantes sobre la naturaleza del nuevo liderazgo germano.

Merz ha querido tranquilizar a todos. Ha insistido en que la construcción del nuevo poder militar será “convencional”, cooperativa y respetuosa del marco europeo. Pero las implicaciones geopolíticas son ineludibles. En una Europa huérfana de liderazgo claro y bajo la sombra de un posible aislamiento estadounidense, Alemania se posiciona como la nueva potencia central. No solo económica, sino también militar.

El anuncio de Merz no es solo una apuesta política: es un reflejo de los tiempos. En un mundo donde la guerra ha vuelto al corazón de Europa, donde los equilibrios internacionales se fragmentan y donde el poder duro ha recobrado protagonismo, Berlín opta por la fuerza como escudo.

Queda por ver si esa fuerza será suficiente para preservar la paz sin sacrificar los valores fundacionales de la Unión Europea. Porque construir el ejército más fuerte de Europa no es únicamente una cuestión de presupuestos y blindados, sino de responsabilidad histórica. Y esa, en Alemania, pesa más que en ningún otro lugar. @mundiario