Alemania ante un dilema moral: primera crítica pública a Israel sin ruptura en el apoyo militar

La histórica relación forjada del arrepentimiento por el Holocausto entra en una nueva frase: Berlín alza la voz contra la ofensiva en Gaza, aunque se resiste a traducir sus palabras en medidas concretas como el embargo de armas.

Friedrich Merz, líder de la CDU en Alemania. / RR.SS
Friedrich Merz, líder de la CDU en Alemania. / RR.SS

En un giro diplomático inédito, Alemania ha elevado por primera vez el tono de sus críticas hacia la ofensiva militar israelí en la Franja de Gaza. El canciller Friedrich Merz calificó la actuación del ejército israelí como una violación del derecho internacional humanitario y denunció públicamente el sufrimiento de la población civil palestina. Sin embargo, Berlín ha evitado dar el paso que algunos de sus socios europeos —y miembros de su propio Gobierno de coalición— ya reclaman: suspender la exportación de armamento a Israel.

Las declaraciones de Merz suponen un hito en la política exterior alemana. “Francamente, ya no entiendo cuál es el objetivo del ejército israelí en Gaza”, afirmó el canciller durante un acto en Berlín, donde denunció que “hacer sufrir a la población civil no puede justificarse por la lucha contra el terrorismo de Hamás”. Se trata del lenguaje más directo utilizado por un líder alemán contra el Gobierno de Benjamín Netanyahu desde el estallido del conflicto tras los ataques terroristas del 7 de octubre de 2023.

A pesar de la dureza de sus palabras, Merz dejó claro que Alemania “está obligado, como ningún otro en el mundo, a contenerse a la hora de dar consejos a Israel” debido a su pasado histórico nazi del Tercer Reich. La noción de Staatsräson —el principio por el cual la seguridad de Israel es razón de Estado para Alemania— continúa condicionando la política germana, incluso cuando las acciones israelíes despiertan una creciente incomodidad dentro y fuera del país.

En paralelo, el ministro de Asuntos Exteriores, Johann Wadephul, rechazó explícitamente la propuesta de su homólogo español, José Manuel Albares, de aplicar un embargo de armas a Israel. Wadephul insistió en que Alemania “siempre estará al lado de Israel para defender su derecho a existir” y justificó el suministro militar por las múltiples amenazas que enfrenta el Estado hebreo, incluyendo a Hamás, Hezbolá, los hutíes y el régimen iraní.

Los socialdemócratas abogan por el embargo

Los datos del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (Sipri) revelan la magnitud de esa relación: entre 2019 y 2023, Alemania fue el segundo mayor proveedor de armas a Israel, con un 30 % del total recibido. Solo en 2023, Berlín aprobó exportaciones por valor de 326,5 millones de euros. Aunque en 2024 estas autorizaciones han caído a la mitad, no ha habido una suspensión formal, y la cooperación militar continúa.

Dentro del propio Gobierno alemán, la presión para romper esa línea comienza a escalar. Diputados del Partido Socialdemócrata (SPD), socio menor en la coalición de Merz, han exigido el fin inmediato de las exportaciones militares. “Las armas alemanas no pueden ser utilizadas para agravar catástrofes humanitarias ni para vulnerar el derecho internacional”, declaró Adis Ahmetovic, portavoz de Exteriores del SPD. Otros miembros del partido advierten incluso de posibles responsabilidades legales para Alemania ante tribunales internacionales por su papel en la provisión de armas.

Las tensiones internas no se limitan a los socialdemócratas. El comisionado gubernamental para combatir el antisemitismo, Felix Klein, abrió un debate incómodo al afirmar que apoyar a Israel “no puede significar justificar cualquier acción”. Klein subrayó que “provocar hambre deliberadamente o empeorar la situación humanitaria no tiene nada que ver con proteger el derecho de Israel a existir”.

El dilema de Berlín

La ambivalencia de Berlín contrasta con el posicionamiento más firme de otros aliados europeos. Francia, Canadá y el Reino Unido publicaron una declaración conjunta en la que calificaron de “intolerable” la situación humanitaria en Gaza y pidieron el cese inmediato de la ofensiva israelí. Netanyahu respondió con dureza, acusando a los líderes occidentales de debilitar la defensa de Israel y alentar nuevos ataques.

La posición alemana, atrapada entre la memoria del Holocausto y los principios del derecho internacional, refleja el profundo dilema ético de una potencia que intenta equilibrar su responsabilidad histórica con su compromiso actual con los derechos humanos. El cambio de tono de Merz sugiere una inflexión, pero mientras no haya medidas concretas —como la suspensión de ventas militares o una revisión efectiva del acuerdo de asociación entre la UE e Israel—, las críticas corren el riesgo de quedarse en gestos simbólicos.

Alemania se encuentra en una encrucijada. El endurecimiento del discurso oficial refleja una creciente incomodidad con el rumbo del Gobierno de Netanyahu, pero el miedo a una ruptura diplomática y el peso de una culpa histórica siguen limitando el margen de acción. Si Berlín quiere influir de forma real en el conflicto, deberá pasar de las palabras a los hechos. La comunidad internacional —y una ciudadanía cada vez más crítica— esperan algo más que declaraciones. @mundiario

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