Albin Kurti vuelve a ganar en Kosovo: una victoria nacionalista que no despeja el bloqueo político

El primer ministro de izquierdas revalida su liderazgo con el 49% de los votos tras 10 meses de parálisis institucional, pero sin mayoría absoluta y con una oposición reacia a pactar, el triunfo de Autodeterminación podría desembocar en otros elecciones.
Albin Kurti, primer ministro de Kosovo y líder de Autodeterminación. / RR.SS
Albin Kurti, primer ministro de Kosovo y líder de Autodeterminación. / RR.SS

Kosovo ha vuelto a votar y el resultado es, en apariencia, contundente: Albin Kurti y su partido Vetëvendosje (Autodeterminación) se imponen con cerca del 49 % de los votos, mejorando incluso el resultado de las elecciones de febrero. Sin embargo, bajo esta victoria clara se esconde una paradoja política que define al país más joven de Europa: el primer ministro que no fue capaz de formar un Ejecutivo durante 10 meses vuelve a ganar, pero no necesariamente podrá gobernar.

El nuevo triunfo de Kurti confirma su fortaleza electoral y el respaldo de una parte significativa de la sociedad kosovar a su discurso nacionalista, reformista y de confrontación con las élites tradicionales. Al mismo tiempo, el resultado electoral deja en evidencia el profundo bloqueo institucional que atraviesa el país desde principios de año y que amenaza con prolongarse.

Con los datos oficiales de la Comisión Electoral Central y más del 93 % del escrutinio completado, Vetëvendosje se sitúa muy por delante de sus rivales: el centroderechista Partido Democrático de Kosovo (PDK) ronda el 21 %, la conservadora Liga Democrática de Kosovo (LDK) el 14 % y la nacionalista de derechas Alianza para el Futuro de Kosovo (AAK) apenas supera el 5 %. La oposición, fragmentada y debilitada, no logra capitalizar el desgaste del Ejecutivo interino.

Pese a ello, Kurti vuelve a quedarse por debajo de los 61 escaños necesarios para la mayoría absoluta en una Asamblea de 120 diputados. El sistema kosovar, que reserva 20 escaños a minorías étnicas —10 de ellos a la serbokosovar y el resto a los bosniacos, turcos, goranis, romaníes, ashkalíes y egipcios balcánicos—, convierte el reparto final en una ecuación compleja. Gobernar dependerá, una vez más, de pactos que hasta ahora se han demostrado inviables.

Fricciones con la UE y Estados Unidos

La repetición electoral es consecuencia directa del fracaso político posterior a las legislativas de febrero. Entonces, Vetëvendosje ganó sin mayoría y no logró atraer socios para un Gobierno en coalición ni siquiera para un Ejecutivo en minoría. El resto de partidos, enfrentados ideológicamente a Kurti y críticos con su estilo de gobernar, optaron por bloquear cualquier acuerdo.

La presidenta Vjosa Osmani concedió en dos ocasiones el mandato a Kurti, sin éxito. Finalmente, disolvió el Parlamento y convocó elecciones anticipadas con la esperanza de desbloquear la situación. El resultado refuerza a Kurti en votos, pero no resuelve el problema de fondo: la falta de consensos mínimos para formar un Gobierno estable.

El estancamiento político interno se ve agravado por el deterioro de las relaciones con los principales aliados internacionales de Kosovo. Bruselas y Washington reprochan a Kurti su política de mano dura frente a la minoría serbia y su negativa a implementar la prometida comunidad de municipios serbios con cierta autonomía, un compromiso clave en el diálogo con Belgrado.

Estas tensiones tuvieron consecuencias tangibles: en 2023, la Comisión Europea impuso sanciones diplomáticas y congeló fondos para Kosovo. Aunque recientemente la presidenta Ursula von der Leyen ha prometido reactivar la ayuda, el mensaje sigue siendo que, sin estabilidad institucional y sin avances en la normalización con Serbia, el camino europeo de Kosovo seguirá bloqueado.

Además, si el nuevo Parlamento vuelve a fracasar en la formación de un Ejecutivo, el país corre el riesgo de perder el acceso a los fondos del Plan de Crecimiento de la UE para los Balcanes Occidentales, dotado con 6.000 millones de euros y condicionado a reformas políticas y económicas.

¿Legitimidad reforzada o callejón sin salida?

Desde una perspectiva política, Kurti puede reivindicar que ha salido fortalecido de las urnas: más votos, mayor distancia respecto a sus rivales y un respaldo ciudadano que resiste pese al bloqueo institucional. Para sus simpatizantes, el resultado es una validación de su discurso soberanista y de su desafío a las presiones externas.

Pero para la oposición, en cambio, el problema no es electoral, sino de gobernabilidad. Señalan que una nueva victoria sin acuerdos posibles prolonga la parálisis y acerca a Kosovo a un escenario de inestabilidad crónica, con el riesgo incluso de nuevas elecciones anticipadas en pocos meses.

Kosovo ha celebrado sus séptimas elecciones legislativas desde la declaración de independencia unilateral de 2008, aún no reconocida por Serbia ni por cinco Estados de la UE (España, Grecia, Rumanía, Eslovaquia y Chipre). La participación, en torno al 45 %, refleja tanto compromiso cívico como cansancio ciudadano tras cuatro procesos electorales en un solo año. @mundiario

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