La advertencia de La Haya a Israel: el hambre no puede ser un arma

El Tribunal Internacional de Justicia ha exigido a Israel facilitar la entrada de ayuda humanitaria en Gaza y garantizar la supervivencia de más de dos millones de personas. La advertencia llega en medio del bloqueo y de acusaciones infundadas contra la UNRWA por vínculos con Hamás.
Un grupo de personas suplica por comida en Gaza. / Unicef
Un grupo de personas suplica por comida en Gaza. / Unicef

La Corte Internacional de Justicia ha recordado a Israel algo tan básico como innegociable: las necesidades humanas no se suspenden por la guerra. En su reciente opinión, el tribunal de La Haya ha advertido al Gobierno de Benjamín Netanyahu de que no puede usar el hambre como método de combate ni obstaculizar la ayuda humanitaria en Gaza. Aunque el fallo no es jurídicamente vinculante, tiene una enorme autoridad moral, porque coloca la dignidad humana en el centro del derecho internacional.

Israel, sin embargo, ha rechazado el pronunciamiento y lo ha calificado de “medida política disfrazada de derecho”. No es la primera vez que responde con esa fórmula ante los organismos internacionales. Pero conviene recordar que no se trata de un capricho jurídico, sino de un principio universal: quien ocupa un territorio tiene la responsabilidad de garantizar la supervivencia de su población. En Gaza, esa supervivencia depende literalmente de cada camión de harina que logra cruzar un control militar.

El peso del derecho frente a la lógica del asedio

Según datos de Naciones Unidas, entran en Gaza menos de 200 camiones diarios de ayuda humanitaria, cuando se necesitarían al menos 600. La propia UNRWA, la agencia de la ONU para los refugiados palestinos, habla de una “gota en el océano”. Israel sigue impidiendo su trabajo, alegando que algunos de sus empleados colaboran con Hamás, aunque el tribunal ha señalado que no existen pruebas que lo sustenten.

El derecho internacional no se limita a los papeles; está diseñado para evitar que el caos se normalice. Cuando una potencia ocupante restringe alimentos, agua o medicamentos, la guerra deja de ser un conflicto entre ejércitos y se convierte en una lucha contra la vida civil. No hay defensa posible ante un estómago vacío. El hambre, a diferencia de los misiles, no hace ruido, pero mata con la misma eficacia.

Gaza y la conciencia del mundo

La decisión de la Corte llega en un momento en que la comunidad internacional parece debatirse entre la condena simbólica y la inacción práctica. Los altos el fuego, impulsados por terceros países, alivian temporalmente la situación, pero no cambian la raíz del problema: la negación sistemática de derechos básicos a una población entera.

Israel sostiene que las medidas de seguridad justifican sus restricciones, pero la seguridad no puede construirse sobre la privación de lo esencial. Ninguna nación se fortalece debilitando la humanidad de otros. El hambre como estrategia no solo viola las leyes internacionales, también erosiona el alma colectiva de quienes la permiten.

El tribunal de La Haya no solo ha emitido una opinión, ha encendido una luz moral. Ahora la pregunta es si el mundo será capaz de mantenerla encendida o preferirá mirar hacia otro lado mientras Gaza se apaga lentamente. @mundiario

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