Ojalá sólo sea Repsol

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Ojalá sólo sea Repsol
Uno de los tópicos menos rigurosos de esta crisis consiste en señalar que no hay liquidez en la economía, como si todo el dinero se hubiera esfumado de un día para otro en el planeta. Por alguna extraña razón se intenta esconder algo que puede ver un ciego: las arcas de los países productores de materias primas están tan rebosantes que amenazan con desbordarse. Es verdad que hay una importante caída de la valoración de muchas empresas, pero también lo es que ese problema no afecta a todo el mundo por igual. Dicho de otro modo, árabes, rusos, chinos, indios y, en menor medida, japoneses atesoran actualmente una elevada liquidez que pueden utilizar para comprar, a precios de ganga, bancos y multinacionales occidentales. La única manera de frenarlos es mediante la regulación, es decir, impidiéndoselo con normas legales.

Quienes estamos abonados a esta tesis desde hace un año no habíamos señalado el nombre de ninguna empresa como objeto de deseo, pero sí habíamos escrito que sobraban novios y novias con buenas dotes para ser pareja de cualquier banco o empresa de países como España. Por tanto, ojalá que sólo sea Repsol la que puede caer en manos rusas y que no estemos asistiendo al comienzo de un desembarco al que pronto podrían sumarse los árabes, con la particularidad de que, en su caso, más que empresas son Estados los que están detrás de los potenciales compradores. Por decirlo suavemente, se trata de agentes económicos cuyo sistema de mercado no puede homologarse con el de aquí.

España corre, pues, el riesgo de haber privatizado grandes empresas públicas que pueden volver a manos públicas, pero de otros países. Y para atajar esa situación tiene pocos recursos a su alcance, más allá de recurrir a los impedimentos legales y políticos. Pero no nos rasguemos en exceso las vestiduras: lo que nos pasa ahora a nosotros ya lo sufrieron los latinoamericanos en los últimos años, en un proceso que le permitió precisamente a grupos españoles hacerse con importantes bancos de México, Brasil, Venezuela o Argentina y con las grandes distribuidoras de agua, luz y telefonía en muchos países de habla hispana. Más derecho tendrían aún los argentinos al lamento, tras perder el control de una emblemática YPF que puede terminar siendo rusa, servida en bandeja por Repsol en la mesa de Lukoil. En realidad no es nada nuevo que la petrolera española podría acabar en manos extranjeras, ya que su modesta capitalización bursátil siempre fue asequible para las gigantescas cifras de su sector y, por si ello fuese poco, en su accionariado faltaba solidez y coherencia; máxime tras la entrada de Sacyr.

Ojalá sólo sea Repsol