Menos peligro para las cajas
En el mercado de refrescos y otros productos de consumo, la crisis es tan fuerte que algunas marcas intentan mantenerse a salvo a costa de castigar a otras, para lo cual no regatean esfuerzos a la hora de incentivar al consumidor con bonificaciones y regalos. A este paso, terminarán pagándonos por tomar la Coca-Cola. Algo de eso también ocurre entre cajas y bancos, con la diferencia de que sus guerras se libran en los grandes despachos de la política y en ciertos medios de comunicación.
La banca, a veces con apoyos oficiales y mediáticos, procura extender la idea de que las cajas de ahorros tienen problemas de solvencia debido a que están mal gestionadas por personas que, lejos de ser profesionales de las finanzas, son meros advenedizos de la política que actúan al servicio de los partidos que los nombran. La intervención de la Caja Castilla La Mancha y los problemas que acechan a Caixa Catalunya les han venido como anillo al dedo a quienes quieren cargarse las cajas en España, que es la mejor manera de defender el monopolio de la banca privada.
Pasada, sin embargo, la primera batalla de esta guerra, puede suceder que las cajas salgan fortalecidas, como consecuencia de la necesidad de recuperar la profesionaliedad manteniendo su espíritu. Al no haber conseguido la banca su propósito de llevárselas por delante, las cajas tienen ahora una magnífica oportunidad para dejar de hacer tonterías y politiqueos baratos, de manera que si hacen bien sus deberes financieros y se fusionan convenientemente pueden dar un gran salto adelante. Las cajas tienen, en ese sentido, un arma muy poderosa: a diferencia de los bancos privados, no tienen obligación de repartir dividendos, porque no tienen accionistas. Por tanto, bastaría con que un año se ahorrasen el dinero de las exposiciones y conferencias para que se musculasen convenientemente frente a una banca que si deja de repartir dividendo se hundiría en la Bolsa. Aún más.
Un ejemplo más concreto todavía. Quienes, como la banca J.P. Morgan, pretenden hacernos ver en un gráfico que las cajas gallegas están igual de mal que el Banco Pastor, en función de su solvencia y morosidad, no hacen más que manipular el fondo de la cuestión. Caixa Galicia y Caixanova pueden mejorar mañana mismo su foto alterando su dotación para la obra social, en la medida en que ésta está regulada por ley en función del coeficiente de solvencia. Es decir, lo que tienen que gastar Méndez y Gayoso en exposiciones y cosas por el estilo se determina por su nivel de solvencia, de manera que las cajas lo pintan un poco a la baja para que no tengan que invertir en obra social más de la cuenta. En un banco las cosas no funcionan así, una porque tienen accionistas que quieren cobrar el cupón y otra porque su legislación es de ámbito general y no autonómica. Conclusión: el problema no está en las cajas como tales, sino en algunos gestores de cajas y en sus malas estrategias.