Juntas o separadas, tienen cliente fieles

Salvo que sea cierto ese dicho tan español según el cual Dios escribe recto con renglones torcidos, la fus
Juntas o separadas, tienen cliente fieles

Salvo que sea cierto ese dicho tan español según el cual Dios escribe recto con renglones torcidos, la fusión de las cajas gallegas no acaba de enderezarse.

Aparentemente, todo parece encauzado, ya que los grandes partidos políticos simulan haber limado sus aristas sobre la fusión, el Banco de España da luz verde, la Xunta preside el club de fans de la operación y las cajas, teóricamente, hablan de cómo alcanzar un mínimo equilibrio en la entidad resultante.

A un observador exterior, con estos datos en la mano, pudiera parecerle que la fusión gallega está al caer. Sin embargo, no es así, ni mucho menos. Y, una semana más, volvemos a batir el récord de espera ante una operación que muchos de sus protagonistas han ido dando por cantada antes de tiempo. Entre ellos, su principal impulsor, el presidente Feijóo, que la última vez apeló a un plazo de 48 horas que se ha agotado mientras él se aireaba un poco en México.

Un pronóstico a estas alturas, con todo debatido una y mil veces, debería ser lo más fácil del mundo. Sin embargo, no lo es. Al final, este complejo asunto parece que terminará reduciéndose a esas conversaciones tan típicas de nuestros paisanos en las que uno quiere comprar y el otro no quiere vender, salvo que el primero le ofrezca lo que el segundo jamás había imaginado. En este caso, para que todo sea más enrevesado, el que quiere comprar y el que quiere vender tienen los papeles cambiados, de manera que ambos se asoman al surrealismo. Con todo, hay esperanza. Un país que quiere ser moderno tiene que tener ilusión y confianza, por lo que en cualquier momento puede aparecer alguien que nos aflore un guión de suspense en el que todas las piezas encajan a la perfección. Y si no es así, también podría darse el caso de que tanto Caixa Galicia como Caixanova escriban su futuro caminando por separado, como han hecho siempre. Lo que parece más improbable es que todos se vayan de rositas, porque se han roto tantas copas en la fiesta que alguien tendrá que pagarlas.

Hay otra cosa más que ha democratizado mucho el título de experto en altas finanzas de Galicia. Casi todas las partes en conflicto se han contradecido tanto que se diga lo que se diga nadie se echa las manos a la cabeza, hablemos de miles de millones, de gobernanza, de sedes o del rosario de la aurora. Ya no nos queda ni el Banco de España para aferrarnos a la ortodoxia. Bueno, sí nos queda algo: los clientes. Después del zarandeo que les han metido unos y otros a las caixas resulta impresionante la fidelidad de la gente a Caixa Galicia y Caixanova, lo cual debería hacer reflexionar –al menos un poco– a todos aquellos que, al servicio de la banca privada, se quieren cargar las cajas de ahorros en Galicia y en España. Y dicho todo lo cual, seguramente llegará el día –ojalá que pronto– en el que José Luis Méndez y Julio Gayoso resuelvan este embrollo, en el sentido que sea. Si algo han demostrado hasta ahora es que cuando son otros los que toman las riendas del proceso, ya sean políticos, funcionarios, supervisores o incluso colaboradores, las cosas no avanzan. Lástima que, siendo los que realmente saben de esto, no lo hayan podido demostrar.

Juntas o separadas, tienen cliente fieles
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