Ence y la política gallega

En la ría de Pontevedra, una de las más ricas y más bellas del mundo, hay una papelera que le amarg
En la ría de Pontevedra, una de las más ricas y más bellas del mundo, hay una papelera que le amarga la existencia a los pontevedreses y que entraña inconvenientes para el medio ambiente. Se trata de un legado del franquismo, al que la democracia sólo supo ponerle parches, básicamente mediante medidas anticontaminantes y ciertos controles de calidad, a veces adornados de curiosas bombillas de colores. La empresa propietaria dejó de ser pública y una vez privatizada ha caído en manos de socios que le encomendaron la presidencia a José Luis Méndez, uno de los mejores financieros españoles a quien este proyecto no le está aportando nada positivo. Ni como profesional ni como gallego.

Ahora, la nueva Ence, que también tiene plantas en otras zonas de España, quiere crecer. Y cuando parecía que el debate iba a centrarse en el desmantelamiento de la planta de Lourizán, susceptible de trasladarse a otra comarca donde no cree problemas como en la ría de Pontevedra, lo que llega es un proyecto de ampliación industrial, que no hace más que aumentar el cabreo de mucha gente. Como toda obra, ésta también necesita una licencia municipal, que el Ayuntamiento de Pontevedra le ha denegado, de ahí que la empresa se diese la mano con la Xunta para que ésta, cargándose la autonomía local, hiciera una llamada declaración de supramunicipalidad. Pero planteado un recurso, el Ayuntamiento logró paralizar las obras.

AUSENCIA DE CONSENSO POLÍTICO.- Roto el diálogo institucional, y en ausencia de consenso político, a Ence le fueron entrando las prisas, consciente de que el BNG seguirá gobernando al menos otros tres años en Pontevedra y de que en la Xunta puede haber alternancia el año que viene, con lo cual volvería a tropezar con el Bloque, que en realidad no hace otra cosa que defender los deseos de miles de personas que van de manifestación en manifestación. Es más, el Ayuntamiento de Pontevedra confía en ganar el contencioso que mantiene con Ence, a propósito de la ampliación de actividades de la papelera de Lourizán, de forma que el Tribunal Superior de Justicia de Galicia deje sin efecto la declaración de supramunicipalidad del proyecto qie impulsa Ence con el respaldo de la Xunta.

Dicho en pocas palabras, el alcalde Lores, del BNG, cree que le ganará la partida a José Luis Méndez, de Caixa Galicia, y a su gran aliado político, Manuel Fraga (PP). Para ello cuenta con importantes apoyos sociales de Pontevedra, una ciudad que quiere tener opción a deshacerse algún día de una papelera convertida en histórica pesadilla cheirenta y en permanente amenaza para una ría que es uno de los mayores tesores del planeta.

El auto más reciente del Tribunal de Justicia de Galicia exime de licencia municipal a la depuradora de Ence como obra hidráulica, por lo que se han reanudado las obras, pero la planta de tisú, el relleno de las balsas de decantación para instalarla y la ampliación de la actual fábrica de pasta, siguen necesitando licencia municipal; al menos según el criterio del Ayuntamiento pontevedrés.

UN GRAVE PROBLEMA POLÍTICO.- No hace falta ser un gran estadista para entender que este asunto trasciende las fronteras de los tribunales de justicia. Estamos ante un gran problema social y, por tanto, político, con mayúsculas, que deben resolver quienes representan los intereses de la gente. Judicializar el caso Ence no sería, ni en el mejor de los casos, una buena solución.

La empresa es lógico que defienda sus intereses, pero no lo es menos que deba entender el rechazo que genera su existencia y ya no digamos su proyectada ampliación. Y estando presidida por un hombre de la talla de José Luis Méndez, la verdad es que sorprende que Ence tenga tan poca sensibilidad. A fin de cuentas, las mejores páginas de la historia económica y financiera de Galicia siguen llevando su firma. Un borrón, al final del cuaderno, sorprendería. ¿O no?

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