La Casa del Dragón debe recuperar los buenos tiempos de la saga

Emma D'Arcy y Matt Smith en La Casa del Dragón de HBO. / IMDB
Emma D'Arcy y Matt Smith en La Casa del Dragón de HBO. / IMDB
El principio de Juego de Tronos es la calidad a la que aspira La Casa del Dragón, si quiere reparar el recuerdo de las temporadas 7 y 8.
La Casa del Dragón debe recuperar los buenos tiempos de la saga

El primer capítulo de La Casa del Dragón llega a España el próximo lunes 22 de agosto, vía HBO Max. Es posiblemente la serie más esperada del año, por delante de la tercera temporada de The Boys, la cuarta de Stranger Things, la primera de Sandman o la última de Better Call Saul. Quizá Los Anillos de Poder, que llegará en septiembre, es la que más rivaliza con ella. Ambas series son del mismo género y siguen una estela de éxito, por tratarse de historias secundarias de una saga que en su día hizo furor. El tiempo dirá si todo se quedó en la expectativa y en el fenómeno fan, o si de verdad estas historias aportaron algo al universo al que pertenecen.

Hay razones para creer que La Casa del Dragón puede estar a la altura de los mejores momentos de Juego de Tronos, principalmente por basarse en Fuego y Sangre, un libro que ya está terminado. Pero también hay razones para ir con una expectativa más moderada, asumiendo que las cuatro primeras temporadas de aquella serie son difíciles de superar. Es probable que los capítulos de 2022 se parezcan a la segunda mitad de Juego de Tronos más que a la primera y eso sería un error.

 

Razones para dudar y razones para confiar

Hablar sobre el empeoramiento de la serie original es un lugar común entre los fans de la saga, si bien hay discrepancias a la hora de situar el punto de declive inicial. Unos dicen que solo es mala la octava temporada y otros ya hablan de un descenso de calidad a partir de la quinta. Más o menos entre esos dos puntos se sitúa el abanico de opiniones de quiénes han visto la serie al completo o casi al completo.

Luego es evidente que hay quienes se escapan de esos márgenes. Al final, puede que sean muchos quienes defienden la serie hasta el último capítulo, pero el descontento con la octava temporada fue una realidad. A quienes nos gusta hablar de ello nos cuesta encontrar gente satisfecha con los últimos episodios. En Twitter, por ejemplo, no se hablaba de otra cosa el 19 de mayo de 2019, cuando se estrenó el capítulo final.

La forma en que los guionistas se cargaron a Cersei y Jamie Lannister; el arco de transformación de Daenerys y su muerte; la coronación de Bran; la sobreactuación de algunos personajes; la espectacularidad y lentitud exagerada con la que ocurrían los acontecimientos… son aspectos que llamaron la atención. Empezó siendo una obra llena de pactos, traiciones, ceremonias y juicios llenos de tensión y suspense, para acabar en una historia genérica, moralista e infantil. La muerte de los personajes, que al principio tenía un carácter estratégico e impredecible, terminó por convertirse en un espectáculo pirotécnico.

Sin embargo, la octava es la más vista de todas. Como suele ocurrir en las series, el final tiene más audiencia que el principio, cosa que algunos seguimos sin entender. Y he ahí, en los datos de audiencia, donde más peligra La Casa del Dragón. Es probable que la espectacularidad vuelva a sobreponerse a lo demás porque cuanto más presente estaba en Juego de Tronos, más audiencia llegaba. En una Casa Targaryen con 17 dragones y unos efectos especiales que han mejorado (algo que se presupone y se sospecha, vistos los trailers), los alientos de fuego pueden eclipsar a los diálogos.

Además, hay pistas sobre algún elemento que, de entrada, da cierta pereza. De las pocas costumbres malas que tenían las primeras temporadas de Juego de Tronos, parece que algunas regresan. Matt Smith, que interpreta a Daemon Targaryen, ya ha mencionado que las escenas de sexo son, a su parecer, demasiadas. Con esto es evidente que vuelve la obsesión de HBO por dejar claro que su serie no es para niños. En Juego de Tronos parecía que no bastaba con una decapitación antes del minuto diez del primer capítulo. No, era necesario llenar la serie de senos e incluso meter algún que otro dedo en ciertos esfínteres, de los que suelen salir más cosas de las que entran. A ver si con eso los niños dejaban de verla. Se comenta que de esta obsesión se quejaron todas las mujeres excepto las actrices porno. Emilia Clarke, por ejemplo, ya no quiere mostrar su cuerpo desnudo en pantalla.

Y si no han renunciado al exceso de sexo, es previsible que tampoco lo hagan con el gore. Regresarán escenas del tipo “vertido de oro fundido sobre la cabeza de un tío” o “explotar un cráneo introduciendo sendos pulgares en las órbitas”. Aunque bien es cierto que el esa violencia al menos busca representar la crueldad de algunos personajes, mientras que la cantidad de desnudos llegaba a un punto en que no aportaba nada.

La ilusión por volver a los orígenes

Uno se hace a la idea de lo buenas que eran las primeras temporadas si ni con esas escenas prescindibles bastaba para arruinar la serie. Simplemente cada personaje decía la mejor frase en el momento más indicado y todos los engranajes parecían funcionar a la perfección. Tyrion todavía era importante, Cersei hacía algo más que beber vino y cruzar los brazos y Joffrey era el verdadero motor de la serie, el personaje que multiplica la tensión allá donde va.

El desenlace de la serie fue polémico e incluso triste para muchos. El propio George R. R. Martin, sin decirlo directamente, transmite descontento en sus declaraciones. En el fondo, toda recomendación de bajar la expectativa se vuelve inútil, porque aquel final hace que el regreso de la saga sea todavía más ilusionante, incluso más necesario. Solo toca esperar a que el equipo detrás de la producción entienda qué hizo grande a aquellas temporadas. Vamos, que el 22 de agosto, los usuarios de HBO Max tienen una cita de obligado cumplimiento. @mundiario

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