Victoria’s Secret regresa con su clásico desfile: ¿hay alguna diferencia con los shows anteriores?

A pesar de los esfuerzos por enmendar su controvertido pasado, el desfile, protagonizado por celebridades como Cher y Kate Moss, sigue siendo una oda a la nostalgia más que una verdadera renovación de la marca.
Bella Hadid, Gigi Hadid, Adriana Lima, todas modelos en el desfile de Victoria's Secret. / @victoriassecret.
Bella Hadid, Gigi Hadid, Adriana Lima, todas modelos en el desfile de Victoria's Secret. / @victoriassecret.

Victoria’s Secret ha decidido intentarlo de nuevo. Este martes 15 de octubre, la reconocida marca de lencería hizo un segundo intento por recuperar su icónico desfile, tras haberlo cancelado en 2019 en medio de duras críticas. Aunque el año pasado la firma intentó resucitar su tradicional espectáculo con un programa en Amazon que fracasó en audiencias y críticas, esta vez han apostado por una fórmula que combina nostalgia, grandes nombres del pasado y una pizca de inclusividad, en un intento por distanciarse de su polémica trayectoria.

El evento, que reunió a algunas de las supermodelos más icónicas de la marca, como Gigi Hadid, Adriana Lima e Irina Shayk, volvió a llenar la pasarela de alas, lentejuelas y conjuntos estrambóticos. Sin embargo, el regreso no se ha limitado solo a rostros conocidos del mundo de la moda. La cantante Cher, a sus 78 años, fue la encargada de cerrar el espectáculo interpretando algunos de sus grandes éxitos, como Strong Enough y Believe, en lo que fue uno de los momentos más aplaudidos de la noche.

La estrategia de Victoria’s Secret parece clara: apelar a la nostalgia. Nombres legendarios como Alessandra Ambrosio, Behati Prinsloo, Candice Swanepoel o Barbara Palvin volvieron a desfilar, rememorando aquellos años dorados en los que la marca dominaba la escena de la lencería y las pasarelas. También se sumaron algunas figuras menos frecuentes en este tipo de desfiles, como la siempre elegante Carla Bruni y una enigmática Kate Moss, quien desfiló junto a su hija, Lila Grace Moss.

Sin embargo, aunque la nostalgia fue el plato fuerte de la noche, la firma también hizo un tímido esfuerzo por abrazar un concepto de inclusividad que, si bien ya no es novedoso en el mundo de la moda, sigue siendo un aspecto clave para la evolución de la marca. A diferencia de su imagen habitual, más orientada a la perfección y la hipersexualización, esta vez incluyeron modelos como Paloma Elsesser y Ashley Graham, de tallas más diversas, y Alex Consani, una modelo trans de 21 años. Aunque estos gestos fueron bien recibidos, lo cierto es que la inclusividad fue medida y limitada, centrándose más en la diversidad de edades y en el regreso de grandes nombres del pasado que en una representación integral de cuerpos distintos sobre la pasarela.

Más allá de los nombres y cuerpos, la verdadera razón del éxito de este evento ha sido, una vez más, el espectáculo. Aunque el Fantasy Bra valorado en millones de dólares no hizo su aparición este año, el desfile siguió cargado de brillo, plumas y una puesta en escena que cautivó a los espectadores. A lo largo de los 40 minutos que duró el show, las redes sociales jugaron un papel clave, ya que dos millones de personas lo siguieron en directo a través de YouTube, y otros 200.000 desde Instagram, lo que refleja el interés que aún genera este tipo de eventos, a pesar de las polémicas del pasado.

La marca parece haber superado —al menos momentáneamente— las críticas que la persiguieron en los últimos años, incluyendo las acusaciones de misoginia, hipersexualización y las conexiones de su antiguo fundador con el escándalo de Jeffrey Epstein. La presión pública, que llevó incluso a algunas de sus modelos más icónicas a dar la espalda a la firma, parece haberse diluido en medio de un espectáculo que prioriza el entretenimiento por encima de las reivindicaciones.

Uno de los momentos más comentados fue el regreso de Adriana Lima, quien en 2018 se despidió de la marca con duras palabras sobre los estándares de belleza impuestos por la industria. Lima había afirmado entonces que no volvería a desfilar "por una causa vacía", y criticó la presión a la que se someten las mujeres en un entorno superficial e insano tanto física como mentalmente. Sin embargo, su regreso en esta ocasión fue recibido con aplausos, y parece que las polémicas quedaron en el olvido en favor del espectáculo.

A pesar de los intentos por reformar su imagen, Victoria’s Secret sigue manteniendo muchos de los elementos que la convirtieron en un gigante de la lencería, pero que a la vez la hundieron en un mar de críticas. La mezcla de viejos hábitos y nuevas intenciones se mantiene en un equilibrio precario, y el verdadero reto para la marca será si logra sostener esta nueva fórmula de espectáculo, nostalgia e inclusividad.

Habrá que esperar hasta 2025 para ver si este nuevo intento de redención de Victoria’s Secret se consolida o si, como ha sucedido en el pasado, las sombras de su polémico legado vuelven a alcanzarla. Mientras tanto, parece que la marca está dispuesta a continuar con el espectáculo, aunque la duda persiste: ¿es suficiente con un buen show para enterrar las controversias de su pasado? @mundiario

 

 

 

 

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