De mal en peor: Fernando Alonso atrapado en el desastre de Aston Martin
A falta de un milagro en forma de botín masivo en las tres carreras finales, Fernando Alonso cerrará 2025 con el peor coche que ha pilotado desde que regresó a la Fórmula 1. El AMR25 ha condenado a Aston Martin al séptimo puesto en Constructores, atrapado en una batalla menor contra Racing Bulls, Haas y Sauber. Nada que ver con los dos quintos puestos logrados en 2023 y 2024, ni con aquellos Alpine sólidos —aunque frágiles— que llevó al límite en 2021 y 2022.
El contraste con temporadas anteriores es brutal. El AMR23 llegó a ser un misil que permitió a Fernando subir ocho veces al podio y acabar cuarto del Mundial. El AMR24 arrancó bien pero se diluyó en carrera. Y el AMR25… simplemente no ha tenido puntos fuertes, salvo en circuitos lentos y de carga alta. En lo demás, sufre. Fernando ha sido quinto en Hungría, su mejor resultado, y ha puntuado en nueve carreras, demasiadas veces sacando oro de un coche que no lo merecía. En el Mundial es 12º, su peor clasificación desde aquel infierno con McLaren Honda.
El asturiano ha sido claro al explicar el origen del desastre: el 2025 ha nacido “en tierra de nadie”. Con la fábrica volcada en el ambicioso proyecto de 2026, este año ha quedado desatendido. La base del coche era débil desde finales de 2024 y, sin recursos para desarrollarlo, Aston Martin jamás encontró el camino. A ello se suma la salida de ingenieros clave como Fallows y Blandin. Ahora, toda la fe del futuro recae en Newey y Cardile.
Sin competitividad a la vista de cara a Qatar y Abu Dabi
Este ciclo reglamentario, que prometía acción y lucha rueda a rueda, deja un sabor amargo para Alonso. “No echaré de menos esta generación de coches”, sentencia. Considera que son pesados, poco divertidos y que el efecto suelo no ha permitido seguir a otros como se prometió. Aunque reconoce que el próximo año serán más lentos, lo tiene claro: este ciclo no cumplió sus expectativas.
Fernando Alonso concluye una temporada marcada por la frustración, consciente de que el presente no le ha ofrecido las herramientas necesarias para competir al nivel que merece. El asturiano, sin embargo, no pierde la perspectiva y mantiene intacta la ambición que lo ha acompañado durante toda su carrera.
El horizonte de 2026 aparece como un faro de esperanza. Ese año representa la oportunidad de iniciar un nuevo ciclo con un proyecto que, al menos sobre el papel, promete situarlo nuevamente en la lucha por victorias y podios. Alonso sabe que el tiempo juega en su contra, pero también que su talento sigue siendo un activo invaluable. @mundiario


